El pasado 4 de diciembre, la empresa minera José Luis Calvo trasladó una retroexcavadora y un camión a una zona que en 2014 ya se le había negado por tratarse de un lugar que conserva un importante patrimonio natural y arqueológico: los sagrados Cerro Blanco y Cerro Negro, ubicados a 18 kilómetros de la localidad cordobesa de San Marcos Sierras.

Ese mismo día el predio fue clausurado por parte de la policía ambiental, y al día siguiente se corroboró en la secretaría de minería de la provincia de Córdoba que no tenían habilitación para trabajar allí, por lo cual también se clausuró la máquina y el camión.

Se trata de territorios ancestrales de la comunidad pueblo nación Comechingón, donde también corren cursos de agua: en el medio de los dos cerros corre el arroyo La Cañada, que suma al río Pinto, un afluente del río Quilpos. 

El emprendimiento minero se llama Cerro Negro, y pretende explotar dos cerros, un cerro blanco constituido 100 % de cuarzo, y un cerro negro constituido de wollastonita, un mineral que se utiliza en la metalurgia para elaborar las cintas de frenos de los autos. Este proyecto se logró frenar en 2014, ya que la empresa había violado innumerables permisos y había presentado falsos estudios de impacto ambiental.

Mariela Tulián, integrante de esta comunidad, indicó a los medios que actualmente se encuentran esperando que haya una respuesta definitiva y exigen a la secretaría de minería que retire del lugar esta maquinaria, así como también que se multe a la empresa José Luis Calvo.

Estos cerros están llenos de patrimonio arqueológico. Sobre el cerro negro hay tres aleros, el cerro blanco es un picadero, es una fabrica de puntas de flecha y puntas de lanza“, explicó Mariela, y agregó: “Sobre el cerro blanco hay un altar muy importante para nuestra cultura, y en la base del cerro hay otro altar. Sobre el cerro negro hay una condorera muy importante. El cóndor es un ave en peligro de extinción, un ave protegida a nivel nacional. Se protege el ave y también su hábitat.

Como lo indica la representante de la comunidad comechingona, esta zona “es la única reserva arqueológica de Latinoamérica, una reservación indígena“.

Las comunidades indígenas exigen que se reconozca la propiedad comunitaria indígena sobre sus territorios ancestrales, y que se cumpla con la garantía constitucional del consentimiento libre, previo e informado que corresponde ante cualquier emprendimiento de esta envergadura.