Por Marti?n Llambi/Fotos Andrés Requena

“Como a la noche corre viento, de chicos decíamos que había fantasmas”, se escucha en medio del ascenso. La escalera de madera cruje y el olor a encierro se mete en la traquea. Además, cada tanto aparece en los escalones algún pájaro o murciélago muerto. Se puede decir que subir a la torre de la iglesia de San Mayol da un poco de miedo. Pero por suerte es de día y, desde el campanario, la vista del pueblo es tranquilizadora.

San Mayol es un pueblo de sólo 7 manzanas (con casas) y 73 habitantes permanentes. Queda a unos 20 minutos de auto desde Tres Arroyos. Bienvenidos.

“Todos los caminos conducen a San Mayol, aunque al pueblo todo el mundo lo conoce por la iglesia”, comenta Carolina Goicoechea. Carolina nació y se crió en San Mayol, estudió turismo en Bahía Blanca y Tres Arroyos y está a punto de terminar la carrera con su tesis. La tesis trata sobre cómo podría resurgir la vida en el pueblo a través del turismo. Su hermano Alejandro sonríe a su lado cuando recuerdan las travesuras infantiles. Es evidente que San Mayol es un lugar donde los juegos nunca se terminan para un ñiño.

Es la primera vez que Carolina recibe gente como gui?a de turismo y esta? entusiasmada. Mientras andamos por caminos de tierra, escuchando pa?jaros, se conoce la historia del pueblo. Y la historia esta? relacionada a los Mayol, una familia aristocra?tica. En 1895, Don Felipe Mayol compro? 24 mil hecta?reas de campo en el partido de Tres Arroyos. Estos campos se fueron poblando con arrendatarios, en su mayori?a inmigrantes europeos. En 1906 se inauguró la Escuela número 10 Mariquita Sa?nchez de Thompson. Los estudiantes vivi?an en los campos de la zona.

Hoy a la escuela concurren 12 nin?os. Al jardi?n, otros 4. Tienen una huerta, una biblioteca, algunas computadoras. Los nin?os se divierten en un recreo. Guillermina Iriarte es la maestra y Mo?nica es la portera desde hace 25 an?os. Por supuesto que los Goicoechea fueron alumnos las 10.

A pocos metros esta? la placita, el primer espacio pu?blico del pueblo. Ana Mari?a Mu?n?iz (madre de los Goicoechea) consiguio? que en 1995 donaran el terreno para construirla. Los pobladores plantaron pinos y hoy esta?n altos, listos por si se los quiere trepar. Nicola?s cuenta que se prepara para ir a vivir un tiempo a Tandil, para hacer una tecnicatura agropecuaria. Pero quiere volver a vivir a San Mayol. “Uno hace rai?ces”, dice.

En 1907 se inauguro? la estacio?n del ferrocarril. San Mayol es parte del trazado de la li?nea ferroviaria que uni?a Loberi?a con Tres Arroyos. Como en tantos otros lugares, el ferrocarril genero? trabajo y movimiento, en especial en e?pocas de cosecha. En 1923 comenzo? a operar Tavelli Hermanos. Los Tavelli acopiaban cereales, teni?an almace?n, ferreteri?a, corralo?n, carniceri?a, peluqueri?a, bar, hasta un hotel. ¡Los Tavelli teni?an de todo! En aquella e?poca funcionaba otro hotel. Es que recibi?an trabajadores para las cosechas. Hoy la estacio?n y los edificios esta?n abandonados. Carolina cuenta que la estacio?n es un lugar perfecto para mirar las estrellas.

Los Mayol construyeron la famosa iglesia que abrio? sus puertas en 1933. Se dice que se llenaba con gente que veni?a de los campos. Hoy se dan misas los primeros sa?bados del mes. De los Mayol, el ma?s destacado es el exce?ntrico Julio Argentino Jorge Mayol, hijo de los fundadores, al que todos llamaban Julio a secas. El hombre se recibio? en Europa de ingeniero civil y a su vuelta a las pampas decidio? llevar a la pra?ctica todo lo que habi?a aprendido. Asi? comenzo? a construir casas en San Mayol al estilo europeo. Hoy están abandonadas, pero el hombre hizo muy bien su trabajo: las casas se mantienen en pie.

Los hermanos abren la puerta de un edificio, ubicado en una esquina. Carolina tuvo que investigar para poder reconstruir la historia de San Mayol porque no habi?a nada disponible. El suelo tiene escombros pero se alcanza a ver una barra y una pista de baile. Es un club y fue fundado en 1926. Subimos otra escalera de madera y en una habitacio?n un bu?ho blanco mira fijo, sin pestan?ear ni moverse. El altillo es de madera, como los de las peli?culas. Hoy funciona aquí un grupo que trabaja para reabrir el club y dar comienzo a la recuperacio?n. Carolina y Alejandro se pasean como si el lugar ya estuviera limpio y arreglado. Ojala? que en la pro?xima visita podamos brindar en el club. Seguro que si?.