Desde fines de noviembre, miles de peces aparecen muertos en las costas del río. La investigación apuntó a comprender las causas de este aumento de la mortandad. El trabajo fue elaborado por integrantes del Laboratorio de Ecotoxicología de la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) a pedido de la Procuración General de la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe.

Las muestras de agua y sedimentos para realizar los análisis fueron tomadas a finales de 2020 a la altura del country Los Molinos, en el norte de la ciudad de Santa Fe, y en el puente de la ruta provincial 70, en jurisdicción de la ciudad de Esperanza.

Sábalos, carpas, viejas de agua, moncholos y apretadores son algunas de las especies afectadas. También se colectaron peces que todavía estaban con vida pero que mostraban conductas inusuales, como subir permanentemente hasta la superficie para respirar.

Sobre esas muestras se efectuaron análisis fisicoquímicos, bacteriológicos y de metales, además de medirse el oxígeno. Asimismo, se trabajó en la detección de químicos que llegan a las aguas del río Salado por su cercanía con campos agrícolas que son fumigados con agroquímicos como el peligroso herbicida glifosato.

Los científicos encontraron en las branquias e hígado de sábalo “el herbicida 2,4-D” y “el insecticida organofosforado clorpirifos con 80″ en el primer sitio de extracción de muestras y “clorpirifos 30” en el segundo.

El 2,4-D, por su efectos tóxicos y genotóxicos en peces, se puede clasificar como una sustancia muy nociva para los organismos acuáticos. El clorpirifos es el insecticida neurotóxico de amplio espectro más utilizado en Argentina (principalmente en cultivos de soja, maíz, trigo y girasol) para controlar plagas de insectos”, añadieron en el trabajo.

También indicaron que, debido a sus grandes riesgos para la salud humana y animal -la exposicion crónica puede causar déficits cognitivos y conductuales- en enero de 2020 la Unión Europea prohibió el uso del clorpirifos.