“Tener alimentos propios te permite una dignidad enorme para pensar, para hacer, para decidir para dónde ir, con quién juntarte con quién tejer alianzas y con quién no. A nosotros nos parece raro que una familia no haga una huerta o que no tenga plantas en su casa. Nos parece inhumano”, dijo a Télam, Juan Carlos ‘Turco’ Abdala, integrante de la Asociación de Familias con Identidad Huertera (AFIH), que recibió en Clodomira, Santiago de Estero a expertos latinoamericanos, colectivos sociales y estudiantes de todo el país con quienes intercambió experiencias exitosas y desafíos a futuro durante el Congreso Latinoamericano de Educación y Economía Social Solidaria.
 
La AFIH, creada hace nueve años, organiza la vida de las familias campesinas y urbanas que la componen en torno de la huerta, el espacio donde siembran, cultivan y cosechan variedades de hortalizas mientras preparan una fábrica de harina de algarroba y sus derivados en un terreno recuperado de seis hectáreas.
 
Para el Turco Abdaba cultivar es vivir. Sabe que cultivar no sólo equivale a escarpir la tierra, a puntearla, a regar la huerta. Cultivar es también tener una ideología. “Estamos construyendo un pensamiento político y por eso este congreso nos permite reflexionar con otros”, dice.
 
Pese a los 45 grados, habituales para la época, los asistentes a la pequeña y antigua Clodomira, 20 kilometros al noreste de la capital provincial, visitaron una de las fincas donde cultivan hortalizas, la fábrica de pastas y pastelería y construyeron un horno ecológico tras debatir en talleres la cuestión de la soberanía alimentaria y los modos de alcanzarla.
 
La fuerte presencia de colectivos urbanos como El Culebrón Timbal, de Moreno, o El Bodegón Cultural de Pocho Lepratti de Rosario (por mencionar algunos) llevó a que en los talleres realizados al aire libre también se debatan experiencias culturales-educativas surgidas en los últimos 10 años en zonas urbanas que actúan como replicadoras de la economía social solidaria.
 
Economía social
 
 
“Lo que hacemos tiene que ver con la pelea por la tierra, la semilla en manos de nuestras familias, por qué no los agroquímicos en nuestras tierras, en nuestras verduras, por qué las granjas trabajando en sistemas articulados, los sistemas de captación de agua de lluvia y por qué avanzamos fuertemente con la bioconstrucción”, explicó Abdala.
 
También promotor del ProHuerta, Abdala detalló que el programa tiene 14 variedades de semillas por temporada. “Nosotros empezamos a hacer números en un listadito y tenemos 30 veces más de material genético propio en nuestras familias. Esas son las cosas que nos permiten tener muy firmes otras dignidades de trabajo”.
 

Disertó además el reconocido experto Jesús Rivera de la Rosa de Puebla, México, país que cuenta no sólo con una ley de Economía Social Solidaria (votada en 2012) sino que se imparte en cinco universidades. “La economía social solidaria es una alternativa de vida frente a esto que nos lleva a la muerte que se llama capitalismo, que destruye el planeta, que cambia el medio ambiente”.

 
“Nos hacen consumir cosas que no debemos porque nos obligan la propaganda y el consumismo, nos hacen competir y mercantilizar todo, hasta el amor. Eso no es vida, es muerte anticipada incluso a los 40 ya nos dan como obsoletos, estamos fuera del mercado laboral. La propuesta de la economía social solidaria alarga la vida para todos y todas”, aseguró el doctor en economía de Puebla.
 
Por su parte, la educadora santiagueña de la Secretaría de Agricultura Familiar y coorganizadora del congreso, Gisell Escobar, explicó el sentido de realizar un encuentro internacional en una localidad pequeña “quisimos traer la academia adonde se produce y desarrolla vida para que desde esa base se elaboren teorías y conocimiento”.
 
Al congreso asistieron representantes y delegaciones de Buenos Aires, Rosario, Santa Fe, La Rioja, Catamarca, Salta, Tucumán, Chaco, La Pampa, Mendoza y expertos de Brasil, Colombia y España y Alemania, entre otros, en un encuentro atravesado por el inminente inicio del juicio por el asesinato, en el 2011, de Cristian Ferreyra del Movimiento Campesino de Santiago del Estero Vía Campesina (Mocase-VC) hecho que fue tratado en los talleres.