El kakuy (del quechua, quedarse, permanecer) fue observado por cientos de santiagueños, principalmente estudiantes que a esa hora circulaban por la plaza Libertad. Su sorpresiva aparición en la plaza céntrica, ubicada frente a la Catedral Basílica, el Centro Cultural del Bicentenario y el edificio en el que funciona la Municipalidad de la Capital.

Tras permanecer algunos minutos sobre una rama, el pájaro levantó vuelo y se perdió en el horizonte. Se trata de una especie nocturna y de rapiña que habita en los montes del noroeste argentino, es definido como un ave solitaria de lúgubre canto y su nombre alude a una historia cruel sobre sentimientos y convivencia entre hermanos en alejados parajes del monte santiagueño.

Según una leyenda quechua, un niño a quien su hermana maltrataba le pidió que suba a un árbol mientras él buscaba miel y, cuando ella lo hizo, cortó todas las ramas para que no pueda bajar y se marchó. Ella se fue desfigurando hasta convertirse en una ave nocturna.