La ONG Naturaleza de Derechos presentó el 18 de Abril de 2016 ante el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial de la Argentina (INPI), la oposición formal a la solicitud de patente por una planta transgénica de tomate, formulada por The Regents of the University of California (Junta de Gobierno de la Universidad de California).

Se trata una planta de tomate a la que se le inserta un transgén denominado BS2-X5. A esa simple innovación tecnológica, la Universidad de California, pretende darle entidad de “invento” con el fin de reclamar la reivindicación de toda la planta y su fruto ante el INPI. Desde Naturaleza de Derechos califican ese proceder un abierto e inescrupuloso acto de biopirateria.

Cumpliendo con la normativa vigente, el INPI publicó en el boletín oficial el 24 de Febrero de 2016, la solicitud de patente de la universidad norteamericana, a fin de que en el plazo de 60 días, la ciudadanía en general formule las observaciones que considere pertinentes. La ONG estimó que tenía suficiente objeciones y presentó su oposicion al pedido de de patentamiento del tomate.

Debe advertirse, que en la Argentina no está permitido el patentamiento de plantas y procedimientos esencialmente biológicos. El artículo 6 de la ley 24481 (ley de patentes) es claro y excluye la patentabilidad a toda clase de materia viva y sustancias preexistentes en la naturaleza y establece que no se considerara invención toda clase de materia viva y sustancias preexistentes en la naturaleza. Luego, el decreto reglamentario 260/96 especifica que no se considerará materia patentable a las plantas, los animales y los procedimientos esencialmente biológicos.

Recientemente la Sala III de la Cámara Civil y Comercial Federal de la Ciudad de Buenos Aires rechazó la pretensión de Monsanto de patentar una molécula de ADN para ser insertada en una célula vegetal (que habia sido denegada por el INPI en los años 90), bajo el argumento de la normativa vigente y además también con una fundamentación ontológica elocuente: “la naturaleza está estructurada como un lenguaje” que tiene quince mil millones de años. Ese lenguaje puede ser vislumbrado a través de la combinatoria pero no es susceptible de apropiación.”

El tomate es la primera victima de los laboratorios porque es considerado planta modelo en razón de que su genoma fue secuenciado hace bastante tiempo. Tanto los amplios conocimientos como la importante existencia de variedades silvestres que hay del tomate, son el escenario ideal para los actos de biopirateria. Detrás de la intención de la Universidad de California, no existe otro objetivo que el de intentar privatizar el genoma del tomate.

El tomate que se pretende patentar lleva inserto un transgén identificado como BS2-X5 del cual se desconoce su verdadera interacción y no surge información científica alguna sobre dicho evento de transformación genética en la base de datos del Convenio de Diversidad Biológica (CDB). Lo único cierto y claro aquí es que se trata de un experimento de una universidad de Estados Unidos, uno de los pocos países que no forma parte del CDB, por lo tanto, no existe la obligación de registrar el evento transgénico.

Hay en el mundo 11 eventos transgénicos que incluyen al tomate. Es decir, 11 pedidos de patentamiento de un fruto que comemos todos los dias, cuyo único dueño es la naturaleza.