El saber popular amasa una teoría apuntalado por la realidad sojera de la tala enceguecida: todo monte nativo que está hoy en pie por obra de la naturaleza puede convertirse mañana en leña para sembrar en esa tierra un par de cientos de hectáreas de soja transgénica. Eso es lo que ocurre en el país, sin que nadie vaya a detenerlo. Por eso la respuesta tentativa a la pregunta que plantea el título de esta nota es “No”.

Pero un momento, porque no con todas las producciones ocurre ese fenómeno. El de la caña de azúcar es un caso wwwigo. El ingenio más grande del país está en Libertador general San Martín, Jujuy: es el Ingenio Ledesma, que produce el 40 por ciento del papel de la Argentina con caña de azúcar, siembra, cosecha y envasa el 18 por ciento del azúcar que comemos los argentinos y es, además, el primer productor de cítricos. Su producción, como la de soja, también genera polémica por el impacto ambiental.

Pero en 2001 hubo un cambio: la planta jujeña quiso ampliar su producción en 1500 hectáreras. Pero surgió un conflicto con Greenpeace, que se opuso al corte del monte nativo. Ahí apareció una fundación que tomó para sí el reordenamiento general de la producción de Ledesma para lograr lo que explicó Alejandro Brown, presidente de Proyungas, en una charla reciente: el equilibrio entre la producción de caña de azúcar y la buena salud del monte nativo es fundamental. A partir de entonces, el ingenio empezó a pensar en un Departamento de Medio Ambiente, que crearon en 2006 -hoy la ocupa Miguel Ullivarri- y que supervisa los procesos productivos.

El objetivo de la Fundación Proyungas es proteger el bosque nativo: una superficie que triplica a la selva misionera, que ocupa el 1 por ciento del territorio nacional, pero que contiene más de la mitad de la biodiversidad en árboles y plantas del país: se trata de 1,3 millones de hectáreas declaradas por la UNESCO en 2002 como reserva de la biósfera. 

Por eso, desde aquel 2001 y “después de un gran esfuerzo para que se comprenda lo fundamental que resulta el bosque nativo para la producción”, según explicó Brown, la fundación trabaja con Ledesma en la aplicación de procesos que no rompan el equilibrio habitual de la vegetación original y que permitan la producción sustentable. Se comprometió a no tocar 100 mil hectáreas, tres de cada cinco propiedad del ingenio. Lo hizo a través del Plan de Reordenamiento Territorial que firmó en 2003.  

Desde entonces, el gigante azucarero trabaja en procesos de recuperación del desecho que produce la caña de azúcar (bagazo) para recuperar hoy casi la mitad. Al mismo tiempo, y en consonancia con los procesos de recuperación, utiliza los desechos para generar energía: produce alcohol (86 litros por tonelada de azúcar), con lo que ya reemplazó el 21 por ciento del consumo de energía de su planta.