Texto y Foto: Leandro Vesco

Como suele suceder luego de que un oficialismo gana una elección, se afianza el modelo. Desoyendo el ruego de los habitantes de cientos de localidades y desconociendo la realidad que se vive en los pueblos dentro de nuestro país, el sueño de un país federal se hizo cada vez más lejano cuando en las últimas horas se conoció a través del Boletín Oficial que el presidente Mauricio Macri delegó al Ministro de Transporte Guillermo Dietrich la facultad de clausurar en forma definitiva ramales, como así también levantar los rieles y la infraestructura de estaciones y edificios ferroviarios. 

La red ferroviaria argentina tiene 47.059 kilómetros de vías, muy pocas en uso, y muchas ya debajo de pastizales o tapadas por el monte, pero llegó a ser en su momento una de las más grandes del mundo. Aún hoy sigue siendo la más extensa de toda latinoamérica y la octava más extensa de todo el planeta. Nuestro país tal cual como lo conocemos se hizo a través del ferrocarril, siendo un territorio de enormes distancias, el servicio ferroviario originó el desarrollo y la comunicación.

La necesidad de organizar el país determinó que los primeros ramales se hicieran con capitales nacionales pero pronto, viendo el negocio, se acercaron los ingleses y franceses. Con la llegada de estos la red ferroviaria protagonizó una expansión prácticamente ilimitada, el modelo económico agroexportador que se centraba en la actividad cerealera y en la ganadería necesitó que la producción de todo el país pudiera llegar a los puertos para llevar la materia prima a Europa. El tejido férreo se asemejó a la imagen neuronal de un cerebro, que concentró todas sus terminaciones en el puerto de la Ciudad de Buenos Aires.

El éxito y la posterior importancia del modelo ferroviario nacional se dio porque no todos los ramales que se hicieron tuvieron un espíritu comercial, ni administrados por extranjeros. El Estado creó los llamados ferrocarriles de fomento (Ferrocarril General Belgrano) que tuvieron el propósito de crear pueblos, promover el arraigo y afianzar la Nación. Un habitante de un paraje de Misiones o Mendoza podía subirse a un tren y viajar hasta la capital del país a un precio módico en un servicio que estaba entre los mejores del mundo. El espíritu colonizador de estos ramales aún es visible en nuestros días, todavía quedan pueblos que resisten en la soledad de la pampa y muchos de sus habitantes, hijos de la generación ferroviaria esperaban hasta hoy que las vías algún día vuelvan a traer el tren y con él, la esperanza de una recuperación de la vida productiva y social del pueblo.

El anuncio del gobierno fue una noticia fulminante que se da a pocas horas de haber finalizado las elecciones primarias donde los resultados a nivel país le dieron buenas chances para las elecciones legislativas de octubre. El decreto 652/2017 que firmó Macri delega una facultad que hasta hoy sólo la tenía el presidente, la de levantar ramales ferroviarios, para delegarsela al Ministro de Transporte Guillermo Dietrich, no hay muchas más precisiones que las que se pueden leer en el Decreto. “Delégase en el Ministerio de Transporte la facultad de clausurar ramales ferroviarios en forma definitiva y proceder al levantamiento de las vías y demás instalaciones ferroviarias“, sin comunicar cuáles serían los ramales afectados, o las estaciones que desaparecerían. En el escueto comunicado de prensa que emitió el Ministerio se puede leer que el Decreto se hizo con el fin de agilizar la toma de posesión de algunos espacios ferroviarios para acelerar la urbanización de villas, la creación de bicisendas, para el Procrear o recuperar espacios públicos.

“Muchos asentamientos informales o villas que se están urbanizando en todo el país se encuentran en terrenos ferroviarios. Esto permitirá al ministerio de transporte ser ágil a la hora de formalizar el nuevo uso de esas tierras e integrar a estas comunidades al tejido urbano”, comunicaron desde el Ministerio al diario La Nación, de los pocos medios que tuvieron acceso a poder oír la versión oficial de los hechos. Pero el ferrocarril no sólo es su tendido de vías, sino la enorme red de edificios que se esparcen por todo el territorio nacional, acerca de esto, el Ministerio de Transporte aclaró que: “los rieles, durmientes, aparatos de vías y el resto de los bienes muebles que compongan la infraestructura ferroviaria que se encuentra ubicada en el sector que se resuelva remover, quedarán en poder de la Administración Nacional de Infraestructuras Ferroviarias”

El Federal es testigo de la importancia del ferrocarril en los pueblos de la provincia de Buenos Aires. Desde el año 2014 a través de la Sección Mi Pueblo viaja por gran parte de las localidades que son hijas de las vías. Así como encontraron su crecimiento mientras el tren se detuvo en sus estaciones, hallaron su fin cuando dejó de hacerlo. Mechita es un pueblo ferroviario, “Con un sueldo ferroviario vivías muy bien, y nos quedaba tiempo para trabajar la tierra o dedicarle horas a una institución”, nos contó Edith. “En pocos años, el servicio desmejoró, hasta que en la década del 90, con la privatización, les cortaron las piernas al pueblo”, afirma su esposo Teodoro. Mechita llegó a tener 5000 habitantes, hoy apenas quedan 1700. Erize es un caso similar, en la época dorada tuvo mil habitantes, hoy son 20. Azucena, 400 habitantes que luego de la caída del tren derivaron en los actuales 100. Acaso el pueblo que configura el ejemplo más acabado de cómo el ferrocarril originó desarrollo y con el cierre del ramal, éxodo y retroceso es Quiñihual, de sus 300 habitantes sólo permanece en pie Pedro Meyer, quien atiende su histórico almacen de ramos generales, él sabe cómo sucedió: “En 30 años todo se vino abajo, se privatizaron los trenes, luego empezaron a descarrilar y después ya no pasaron más. Se cortó todo. Hoy día con el adelanto que hay, se precisa menos personal en el campo, toda la gente, las familias y las casas, desaparecieron”

El ocaso de la red ferroviaria, el cierre de los ramales y el levantamiento de las vías desintegró la idea de un país federal. Hoy esos conceptos tan negativos se refuerzan con el decreto presidencial. La cronología ferroviaria en nuestro país se puede definir en tres momentos cruciales. Hasta 1948 hay un crecimiento continuo, entre este año y 1961, se produce un estancamiento y a partir de aquí hasta la década de 90, un retroceso que culmina en el 2017 con el Decreto 652/17 que acaba de firmar Macri. El desamparo en los pueblos es total, el sueño de la vuelta de los trenes queda reducido al polvo que se amonta en las estaciones solitarias de nuestro inmenso país.