Por Damián Damore / Fotos: Jazmín Arellano. Enviados especiales.

El domingo fue un día más tranquilo que el anterior. La jornada comenzó cerca de las 22 cuando se subió al escenario de la 2da. Fiesta de la Ganadería Pampeana el local Osvaldo Pérez con su guitarra para comenzar a darle color local, ya que hasta el momento no se había presentado ningún artista nacido aquí. Con Guyo Borthiry, otro local, creció el entusiasmo de los presentes: fue el que levantó la temperatura con un repertorio de tangos populares (“La cumparsita”, “El conventillo” y “Bronca”, entre media docena) en un escenario en donde prevalece el folklore.

Los dos números hicieron entrar en calor a la gente (a la noche refresca), que se divirtieron con del dúo humorístico Duodeno, que hizo una rutina similar a la que hicieron sus colegas de Los Mosquitos la noche anterior. Las rutinas humorísticas son la transición entre los números pequeños y los dos grandes que tiene cada noche. En esta oportunidad, Los Musiqueros Entrerrianos y los ascendentes Alma de Luna, que cerraron la noche.

Los Musiqueros Entrerrianos es un grupo de Diamante, provincia de Entre Ríos. Se formaron en enero de 1989 con el objetivo de acompañar musicalmente a Los Hermanos Cuestas. Con la chamarrita como estandarte (y herencia) tocaron y dialogaron con el público. Francisco Cuestas (teclado y voz), Marcelo Maddoni (bajo y voz) y Rubén Giménez (guitarra y voz) se reparten las voces y los protagonismos como mucha soltura. 

Los muchachos de la tierra de los mil verdes repasaron canciones de algunos de sus discos (editaron cinco), pero haciendo foco en Natural, de 2006, el último trabajo de estudio del grupo: “El guisito de Carau”, “Devolveme la canoa” y “Un tierra diferente”, fueron los más celebrados de la noche junto con “Merceditas”, el clásico litoraleño de Ramón Sixto Ríos, coterráneo de los muchachos de Diamante, que hizo subir las manos y las voces. Una presentación redondita de los muchachos que, hasta se permitieron hacer algo de humor con el anecdotario ribereño.

El cierre fue para Alma de Luna. Conocida es la historia de folklore de la santafesina Venado Tuerto, que pone el acento en las voces. De cantar en las peatonales cordobesas saltaron a los escenarios de Cosquín y Jesús María. El año pasado publicaron su cuarto disco, “Más que nunca”, trabajo que difunden en distintos shows. Los Alma de Luna son de una simpleza mayúscula: han recopilado temas muy conocidos y confían en sus voces jóvenes y arreglos muy personales, buscando el trono del folklore melódico que levantó a Los Nocheros y que hoy se disputan entre varios conjuntos del estilo.