Para conocer el hábitat y los patrones de movimiento del gato montés argentino (Leopardus geoffroyi), un equipo de investigadores de siete instituciones estudia la interacción con las plantaciones de salicáceas en el Bajo Delta del Paraná para implementar refugios y corredores biológicos que lo preserven.

Por primera vez, unos 10 gatos monteses fueron capturados y equipados con radiocollares GPS en dicha zona, con la asistencia de veterinarios de la Fundación Temaikén. Meses después, esos animales fueron rastreados satelitalmente y recapturados para recuperar los collares y bajar la información acumulada. Así, se obtuvieron más de 800 registros que servirán para conocer el uso del hábitat y sus patrones de movimiento, información que colaborará en la evaluación de las buenas prácticas forestales.

El gato montés está protegido legalmente desde 1980, tras haber estado al borde de la extinción por el comercio de sus pieles. El proyecto BioSilva tiene como objetivo evaluar el uso de refugios de bosque, nativos o secundarios, con presencia de sotobosque, mediante modelos de ocupación para determinar el grado de conectividad entre felinos y plantas y medir cómo contribuyen a la permeabilidad de la matriz forestal. Se pretende valorar algunas prácticas de manejo para mitigar el impacto de las plantaciones y que, a su vez, provean hábitat para especies de mamíferos de valor para la conservación.

“El gato montés es un depredador que, al estar arriba en la cadena alimentaria, controla las poblaciones de roedores que dañan las plantaciones jóvenes y son potenciales portadores de enfermedades zoonóticas”, explicó la investigadora del INTA Natalia Fracassi, responsable del proyecto BioSilva. Este felino tiene una importancia clave en la protección de las plantaciones de álamo y sauce del Delta. 

Los collares qye se utilizaron permiten identificar el área de campo de cada animal, la territorialidad, es decir, cuántas hembras circulan en el territorio de un macho, cuánto se mueven por día y la utilización de los diferentes ambientes o sitios que prefieren o evitan. Según Javier Pereira, investigador del CONICET e integrante del proyecto, todos los gatos monteses fueron equipados, además, con un microchip que facilita su identificación. “Durante la captura, se les toman muestras de sangre y parásitos para evaluar el estado sanitario de la población y el parentesco genético con poblaciones del continente”, indicó.

El próximo paso será cruzar las posiciones de los GPS con un mapa de hábitat, plantaciones e imágenes satelitales para reconocer la forma en que los felinos interactuaron con la matriz forestal durante el período de monitoreo, para determinar la contribución de los refugios a la conservación de la especie.