Un grupo de seis mujeres introdujo la floricultura en Villa Ocampo, una ciudad ubicada al noreste de la provincia de Santa Fe. Con el apoyo del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), las productoras integraron un grupo de Cambio Rural, con una cooperativa en marcha, donde hasta 2005 solo había ganadería y cultivos de caña y algodón.

Vilma Broll, de 57 años, es una de estas mujeres que descubrieron esta particularidad del pueblo santafesino y quienes a través de un ensayo del INTA conocieron las bondades agroecológicas para cultivar ornamentales y plantas, con la agencia de extensión rural Las Toscas del instituto.

En 2010 la comunidad colmó sus calles con la primera celebración popular propia: la Fiesta de la Flor del Norte Santafesino. La actividad había llegado para quedarse y revolucionado a una ciudad de más de 20 mil habitantes que movilizó su demanda ante la presencia de producción local de calidad en la región.

Ana Deambrosi, jefa de la Agencia de Extensión del INTA Las Toscas –ubicada a 15 kilómetros de Villa Ocampo–, recordó: “Sus esposos se acercaron con la inquietud de producir hortalizas y, como las reuniones se hacían en diferentes casas, ellas comenzaron a participar y nos dijeron que les gustaría capacitarse para trabajar con las plantas”.

Las mujeres iniciaron un proceso de aprendizaje y puesta en acción en la producción florícola en la zona. Hoy, organizadas en un grupo Cambio Rural y con un local de venta en el centro del pueblo gestionado por la cooperativa formada en 2015, producen 1.200 flores de corte por quincena en invierno y sostienen una oferta grupal de 200 ornamentales en verano.

Sin embargo, no les alcanza para cubrir la demanda. “Nuestro proyecto es colocar una cámara de frío para conservar las flores por más tiempo y salir a vender a otras ciudades como Reconquista y Resistencia”, señaló Broll. Con esta iniciativa, avanzarían en la consolidación de un pequeño mercado concentrador, único en la región.

En capacitación permanente, el grupo realiza plantas, arreglos florales y también los sustratos para los cultivos. Tanto los sustratos preparados como el compost son elaborados con residuos de la agroindustria local provenientes de caña de azúcar y algodón y de otras zonas como cascarilla de arroz.

Estudios del INTA determinaron que la zona era apta para cultivar flores de corte –como lilium, gerbera, lisianthus, gypsophila, astromelia, aster y crisantemo–, plantines florales, plantas ornamentales, etc. Además, se destaca la producción de especies de interior que crecen con mucha calidad y facilidad.

A medida que las producciones aumentaron en importancia productiva y económica, esposos e hijos también se sumaron a la tarea. “Incluso, la creación de la plantinera genera puestos de trabajo para los jóvenes de la familia y, a futuro, requerirá mano de obra calificada”, anticipó Deambrosi, en referencia a la construcción de una unidad propia lograda a través de un convenio entre el Instituto de Floricultura del INTA y el INTI.

Según señaló la extensionista, esta experiencia demostró la capacidad del INTA para promover un proceso integral de desarrollo local, que combinó la acción articulada de agencias, estaciones experimentales, centros regionales, polos de investigación y políticas públicas. Además, ponderó el apoyo del municipio y del gobierno provincial.

Deambrosi indicó que “Hoy cada una tiene entre dos y tres invernáculos en sus casas, con mejor escala y estructura, y la floricultura les resulta una alternativa para mejorar los ingresos familiares. Realmente, el cambio que ellas han generado a partir del aprendizaje les permitió tomar decisiones y convertirse en pequeñas empresarias”.

Sin embargo, Brollo tiene presente los primeros pasos y, entre suspiros de orgullo que confirman que el esfuerzo valió la pena, relató: “Empecé haciendo plantines debajo de los árboles en tarritos de salsa. Fuimos creciendo con el impulso de la Agencia de Extensión del INTA Las Toscas y, cuando pudimos, sacamos un crédito para armar un invernadero, hicimos otros y hoy estamos generando flores y plantas con la cooperativa”.

A partir de la experiencia, surgieron emprendimientos florícolas en localidades vecinas y algunas escuelas agrotécnicas incorporaron la actividad como área de estudio. También “Apareció la necesidad de crear un área de investigación en floricultura en la Estación Experimental de Reconquista”, afirmó Deambrosi, quien agregó que localidad de Villa Ocampo fue integrada a la red de ensayos ornamentales del instituto.

En cuanto al financiamiento, las floriculturas se iniciaron con créditos de la Asociación para el Desarrollo y, debido al nivel de solvencia, les ofrecieron otros como Impulso Argentino –otorgado a través de Cambio Rural–. Además, recibieron aportes no reintegrables del Proyecto del Fondo de Adaptación al Cambio Climático para pequeños productores, gestionados mediante un convenio entre el INTA y las Naciones Unidas.