La amistad con los guías de pesca, después de 21 años de hacer notas y 38 de practicar este pasatiempo, me permite el privilegio de tener datos de primera mano. Quienes conocen y comprenden la importancia de informar me transmiten los datos precisos. Incluso cuando la pesca es mala no me dan noticias ambiguas ni crean falsas expectativas. Esto permite no sólo pescar bien sino también realizar un reportaje jugoso, probando nuevos equipos, técnicas o lugares.

Caso tipo. Gracias a Internet (sea por Facebook, mail, Tweeter o chat), la conexión entre guías y clientes es cada vez más fluida. Años atrás estaba limitada sólo a un llamado por teléfono (si funcionaba) y debíamos tener suerte en el horario, ya que no existían celulares y en el aparato fijo muchas veces no encontrábamos al baquiano, que estaba en el agua, cargando nafta o preparando alguna salida fuera de su casa.
Precisamente gracias a los medios cibernéticos, en los últimos días templados de esta primera mitad de año recibí una noticia de parte de Gerardo Sobrino, gran guía de San Pedro, a 150 kilómetros de la capital argentina. Me informaba que había tarariras muy grandes en San Pedro y que eran ideales el clima y la altura del río, factores fundamentales para la mayor parte de las pescas en el Paraná y el Uruguay. Ninguna de las dos iba a sufrir variaciones en un par de días, pero luego llegaba un pico de creciente y fuertes vientos, por lo que había que ir, sí o sí, en el curso de 24 o, a lo sumo, 48 horas.
Me resultaba imposible por otros compromisos. Pero, ¿cómo desperdiciar esta fija? Les comenté a dos amigos, Jorge Bartolomé y Damián Zanek, que rápidamente se organizaron para el viaje. Y así les fue.
Había un poco de viento y el río estaba alto, pero el nivel se mantenía estable, detalle fundamental, pues el cambio de presión y la aparición o desaparición de nuevos micro- hábitats genera variantes fundamentales en la pesca. En el caso de la tararira: detectados los cardúmenes en determinado lugar, si ingresa una gran masa de agua, los peces se mueven a lugares más playos; si, en cambio, baja de repente varios centímetros, huyen para no quedar varadas.
Una hora y cuarto navegaron desde el Club de Pescadores de San Pedro. Los acompañó en la guiada Pedro Prats, otro buen guía del lugar. Llegaron a varios sectores donde el río había desbordado. Se calzaron waders o botas altas para caminar entre los sectores inundados y disfrutaron de una jornada como pocas.
Las tarariras eran, en su enorme mayoría, de tres a cuatro kilos, peso por demás importante. Todas vivían entre ramitas, yuyos, vegetación acuática en general. En consecuencia había que usar ranitas de goma, Highlader y otros señuelos similares con protector de anzuelo y trabajo de flote. No sólo hay que estar en el lugar adecuado sino tener los equipos apropiados. En esto también vale la información del guía: si no nos hubiera contado el tipo de estructuras en que estaban las tarariras o el señuelo que debía usarse, probablemente en la caja no habrían estado los artificiales correctos, con lo que podrán imaginarse el sentimiento de frustración que se habría generado.
Tanta calidad y cantidad de peces había, que por momentos se repetían los “cuatripletes”, cuatro engaños en el agua tomado por cuatro tarariras al mismo tiempo. Una maravilla. Se cumplía el pronóstico que el baquiano había anticipado.
Probando distintos lugares, Jorge también intentó en fly y tuvo excelentes acciones con pesos pesados que huían entre la vegetación y obligaban a equipos seis y líderes más fuertes. Las mejores moscas fueron los poppers con anzuelo protegido.
En diferentes sectores se fueron repitiendo las conquistas. Fue maravilloso, en el relato de los protagonistas, ver dos o tres saltos de tarariras pinchadas al unísono. Incluso había que “rigorear” un poco los equipos para que no se enredaran entre las líneas.
Conclusion. Casos como éste nos hablan de la importancia de tener un contacto fluido con los guías. Son quienes realmente saben dónde y cuándo están los peces. Son los que acumulan muchas horas en los pesqueros y tienen la información precisa. Además, si son buenas personas, pondrán la amistad sobre el negocio y procurarán que vivamos la mejor pesca posible, lo que, a su vez, significa para ellos el sustento económico de su profesión. Luego de una pesca como la que hicieron mis amigos en San Pedro, un par de ellos repitieron el viaje un par de veces y algunos de sus amigos también contrataron los servicios en busca de los enormes taruchones. Atentos que pueden comer también en pleno invierno e iremos, esta vez sí, por ellos.