Sierra Grande expresa lo que el modelo minero genera en los pueblos: promesas de puestos de trabajo que pronto se vuelven contaminación y desocupación. En el caso del pueblo patagónico sucedió con más énfasis lo segundo, la empresa minera china MCC que opera la mina de hierro despidió a casi todos sus trabajadores, cambiando la realidad Sierra Grande. El pueblo de 12.000 habitantes vive una realidad muy dura.

La historia de Sierra Grande siempre estuvo marcada por la mina de hierro, cuando el precio del mineral fue alto, el pueblo tuvo su primavera productiva, venían de todas partes del país trabajadores con la esperanza de buscar un trabajo rápido en la mina y progresar, pronto las familias se afincaban y la población del pueblo, que la ruta 3 atraviesa al medio, aumentó. Pero fue un crecimiento desmedido.

El tiempo pasó y el hierro y las promesas de obras para el pueblo dejaron a la comunidad con la ilusión de transformarse en una ciudad pujante. En los últimos años la empresa china MCC se hizo cargo del yacimiento, pero su estrategia fue simple: obtener las mayores ganancias a costa de explotar laboralmente a sus empleados y no aceptar ninguna de las obligaciones que una empresa debe asumir al trabajar formalmente, el gobierno rionegrino debió girarle dinero para pagarle los sueldos a los mineros y por lo menos en una oportunidad le ayudó a pagar el servicio eléctrico. MCC despidió a sus trabajadores, pero el pagándole el 50% de las indemnizaciones.

Hoy, de los 270 empleados que habían quedado, sólo permanecen 60 haciendo tareas administrativas y de mantenimiento. La desocupación dominó la localidad. La desesperación de estos hombres, el desierto patagónico y la melancólica geografía de Sierra Grande han disparado la creatividad. Los ex mineros deben llevar alimento a sus casas y como no hay trabajo han tenido que fabricarlo. La ilusión de un repunte de la actividad pesquera ilusiona a algunos, y la supuesta instalación de una planta nuclear, hace soñar a otros tantos, lo cierto es que la desocupación es muy grande. El éxodo de muchos hacia mejores horizontes, último eslabón de la desocupación comenzó desde principios de año.

Algunos hábitos han cambiado, según un relevamiento del diario Río Negro, algunos comercios han tenido que desempolvar las libretas, debido a la escasez de dinero, otros han optado por irse del pueblo, buscando trabajo en otras minas, aunque el sector está despidiendo gente en todas partes. Los remises son el rubro que más creció, a tal punto que aseguran que Sierra Grande es la ciudad en Argentina donde hay más remiseros en proporción a sus habitantes. Algunos optaron por comprar un scanner de autos y montar un pequeño taller.

Hay una Oficina de Empleo que brinda capacitaciones para los ex trabajadores de la mina. Con la esperanza de que el turismo pueda absorber algo de gente. Sesenta personas todos los días toman cursos y talleres. La esperanza domina esta sociedad de 12.000 habitantes que la minería ha dejado quebrada. Las charlas en la calle y en las esquinas son las mismas: todas hablan de la inminente reapertura de la actividad en la mina, de las obras públicas que llegarán, de la central nuclear, de la pesca y del turismo. Y nada de eso llega.

Sierra Grande quedó atravesada por la crisis y la desocupación que generó la minería. La ciudad patagónica vive con la esperanza de que algún día el trabajo nuevamente golpee la puerta de las casas, mientras tanto, las miradas de los desocupados se clavan en el suelo y en un horizonte que por hoy se ve incierto.