Fuente: La Gaceta

¿Qué tiene Simoca? Mucha tradición. Una feria. Lindos cañaverales. El traqueteo constante de los sulkys sobre las calles de adoquines. Y otro detalle que se ha vuelto característico en esta localidad del sur tucumano: tiene un poblado que camina cada vez más lento.

Todos hablan de ello: que es un pueblo en el cual se quedan los viejos y los jóvenes tienen que irse. Tal vez sea el destino, dicen. Y la falta de trabajo, de oportunidades para crecer en la tierra que los vio nacer. Lo repiten en los bares y en los bancos de la plaza donde se juntan a charlar en estas mañanas frías de agosto. 

Por las calles de Simoca -un departamento que en total tiene 1261 km²- lo normal es cruzarse todo el tiempo con personas de 60 años o más. Hay pocos jóvenes. En las casas pasa lo mismo: casi no hay personas de entre 18 y 40 años y uno de cada cinco hogares tiene a su cargo a un adulto mayor, lo cual está cambiando sensiblemente el modo de vida de muchas familias.

A los integrantes del plan “Incubar” (que depende del ente de Turismo de la provincia y del Ministerio de Turismo de la Nación) les llamó la atención un dato común entre los emprendedores de Simoca. Mientras que en el resto de la provincia, la mayoría de los proyectos están en manos de jóvenes, en la capital del Sulky los jubilados toman la posta.

La cosa es así: cuando llega la hora de retirarse del mundo laboral, los hijos se casan y se van a otra ciudad o a otra provincia. Los adultos mayores se quedan solos y tristes en Simoca. Por eso, deciden darles sentido a sus días con algún proyecto. “Y lo hacen con mucha pasión”, cuenta Eduardo Ricobelli, a cargo de la capacitación de los emprendedores. 

Visitar la casa de María Isabel y de Osvaldo Lahitte, en San Martín al 800 de Simoca, es como entrar a un túnel del tiempo para viajar 100 y hasta 200 años en la historia de esta localidad ubicada a 50 km de la capital.

Cada rincón de la vivienda guarda los objetos que este matrimonio ha coleccionado de toda la vida. Hay piezas únicas; por ejemplo, el primer teléfono que usaron los simoqueños, el primer sifón de soda, planchas a carbón, discos de arado de antaño, utensillos y muebles antiguos. También atesoran un casco de la segunda guerra mundial, una gigantesca olla en la que se fabricaba miel de caña y un cuadro del viejo Castillo de Castoral, entre otras cosas.

Un buen día Mary y Osvaldo decidieron que querían hacer realidad un viejo sueño: abrir un museo. El emprendimiento “Un pasado que es hoy” ya está avanzadísimo y en agosto podría abrir sus puertas. La idea, según contaron, es que sea un espacio educativo, que puedan visitar las escuelas. 

Pero, ¿qué fue en el fondo lo que empujó a estos dos docentes jubilados (él de 71 años y ella de 66) a querer enredarse en un negocio a esta altura de sus vidas? “La soledad. La tristeza”, se apura a decir Mary. “De los cuatro hijos que tenemos, todos profesionales, tres se tuvieron que ir a vivir a La Rioja porque aquí no encontraron trabajo. El último de mis hijos, que es odontólogo, tampoco tiene empleo. Ya está con sus valijas listas para partir a Río Gallegos”, dice. Y los ojos se le humedecen. “Vi sufrir a mis hijos, no pude disfrutar de mis nietos. Esto es muy doloroso. Por eso es que decidimos abrir el museo; así ocuparemos nuestro tiempo con algo productivo”, expresa la mujer. Es enérgica, ágil; está atenta a todos los detalles. Cuenta que ya tienen en carpeta dos emprendimientos más: uno de pintura en cerámica y otro de artesanías en maderas.

En otro rincón de la ciudad, a pocos metros de la plaza principal, suben y bajan baldes de cemento. Es por las obras de ampliación del hospedaje El Portal, emprendimiento que encabeza Ofelia Juana Albornoz, una docente que acaba de jubilarse con 58 años. “Algo tenemos que hacer para matar la angustia de tener los hijos lejos”, expresa la rubia de ojazos azules. Sólo una de sus hijas vive con ella. Los otros están en otros puntos de la provincia, adonde consiguieron trabajo. De cada 100 habitantes de Simoca hay 11 que tienen más de 65 años. Esa cifra es casi el doble de lo que ocurría en 1991, cuando había seis de cada 100 habitantes con esa edad.

En general, la provincia está (y seguirá) envejeciendo. Y en particular, los que se llevan la nota, además de Simoca, son Tafí del Valle y la capital. Se convirtieron en las tres localidades con más adultos mayores, de acuerdo a una reciente investigación dirigida por la demógrafa Nora Jarma y realizado por los alumnos Sergio Adler y Laura Gutiérrez La Bruna.

Hace 20 años, en Tucumán, las personas con 65 años, o una edad superior, sumaban 71.698, es decir, el 6,3% de la población. En 2010, la cifra se elevó al 8%. En Simoca, el 10,6 % de sus habitantes (8.976 en total) tienen esa edad.

“Una de las principales causas del envejecimiento poblacional es la disminución de la fecundidad. También aumenta la expectativa de vida. Otra causa es la expulsión de población joven en algunas áreas territoriales, bien sea por falta de trabajo, porque buscan mejor calidad de vida, o simplemente porque el acceso a la vivienda es menos onerosa fuera del lugar de nacimiento”, destaca Jarma. Lo cierto es que en Simoca, los viejos le dan vida al pueblo.