En la actual cosecha 2013-2014 el enclave sojero sudamericano aumentó más del 10 por ciento su extensión de plantíos. La superficie sembrada en esta cosecha alcanza entre 55 y 56 millones de hectáreas, es decir entre 550 y 560 mil kilómetros cuadrados. Una superficie mayor que la de Francia. ¿Cuáles son las causas económicas que generan este vuelco de ingentes volúmenes de capitales para extraer bienes naturales por medio agroindustrias de transgénicos u otros commódities como la celulosa, minería a cielo abierto, pozos de fracking, etcétera? Se trata de emprendimientos con fuerte inversión de capital inmovilizado que tienen predominio como motor de acumulación de capital imperialista en el continente americano.

Estos arreglos espaciales afectan tanto a los territorios agrícolas como urbanos. Esta categoría que Harvey utilizó para explicar las burbujas inmobiliarias es aplicable también a las agro-industrias, a la minería a cielo abierto, al fracking, a la construcción de hidroeléctricas, etcétera. “Por un lado, una cierta porción del capital total queda literalmente fijada en alguna forma física por un tiempo relativamente largo. Es decir los excedentes de capital pueden ser absorbidos por: (a) el desplazamiento temporal a través de las inversiones de capital en proyectos de largo plazo”; (b) Desplazamientos espaciales a través de la apertura de nuevas capacidades productivas y nuevas posibilidades de recursos y de trabajo en otros lugares. La combinación de (a) y (b) es particularmente importante cuando analizamos el capital fijo independiente inmovilizado”.

El arreglo espacial brinda las instalaciones físicas necesarias para que la producción y su absorción por el mercado mundial se realicen en el espacio y el tiempo. Desde la ocupación de tierras para plantíos de monocultivos transgénicos o forestales; o las plantas industriales para procesar commodities; la construcción de represas, hidroeléctricas, plantas de procesamiento de biomasa, gasificadoras y los pozos de extracción de gas de esquisto (fracking), para abastecer de energía los proyectos; o la acción minera a cielo abierto; la instalación de infraestructura vial, puertos y aeropuertos, sistemas de transporte marítimo, ferroviario, y de carreteras y avanzados medios de comunicación. Todo esto no es un sector menor de la economía, y es capaz de absorber ingentes cantidades de capital e inmovilizarlo por años, dando beneficios por décadas. Se trata de un proceso global de conquista geopolítica de fuentes de recursos naturales, claves para la expansión del Capital. Es un arreglo espacial que supone un relanzamiento del proceso de acumulación de capital mediante un nuevo conjunto de relaciones geográficas que generan nuevas escalas espaciales.

El enclave sojero es una de las manifestaciones actuales de la expansión global de un proceso de acumulación de capital en base territorial. Según las últimas estimaciones del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), la producción de soja transgénica forrajera o para la industria aceitera a nivel global alcanzaría en la campaña 2013-2014 las 287 millones de toneladas, casi un 7% más que en 2012-2013 (cuando alcanzó 268 millones de toneladas), convirtiéndose así en un nuevo récord mundial de producción.
En la cosecha 2012-2013 Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay sembraron 50 millones de hectáreas con soja transgénica, es decir 500 mil kilómetros cuadrados de un único monocultivo. En la actual cosecha 2013-2014 el enclave sojero sudamericano aumentó más del 10% su extensión de plantíos. La superficie sembrada en esta cosecha alcanza entre 55 y 56 millones de hectáreas, es decir entre 550 y 560 mil kilómetros cuadrados. Una superficie mayor que la de Francia.
Brasil con sus 30 millones de hectáreas sembradas (o 300 mil kilómetros cuadrados) con soja transgénica -una superficie del tamaño de Italia- aumentó un 9% su producción. Argentina con sus 20 millones de hectáreas (200 mil kilómetros cuadrados) plantados con soja, ha ocupado con el transgénico “estrella” una superficie mayor que la de Hungría y Portugal sumadas.

Para la campaña en curso se estima un aumento en la producción, para los tres principales proveedores internacionales. Así, Estados Unidos avanzaría 8%, hasta 89,5 millones, Brasil crecería 9%, hasta 89 millones y Argentina sumaría 11%, para quedar en 54,5 millones. De esta manera, Brasil y Argentina supondrían en 2013-2014 el 50% de la producción mundial de soja, y el enclave sojero sudamericano alcanzaría entre 158 y 159 millones de toneladas si agregamos los aproximados 9 millones de toneladas previstos para Paraguay, los esperados 3,7 millones para Uruguay y los más de 2,4 millones para Bolivia. Con esas cifras en millones de toneladas de soja para la cosecha 2013-14 y un 55% de la producción mundial, el Enclave Sojero Sudamericano es el mayor productor de semillas bio-degradadas del mundo, con todas las consecuencias ambientales y para la salud humana de la región que eso significa.
En términos de superficie plantada, además de las 30 millones de hectáreas plantadas por Brasil y los 20 millones de hectáreas de Argentina, Paraguay alcanzaría los 3,1 millones de hectáreas, Uruguay subiría a 1 millón 500 mil hectáreas y Bolivia cubriría una superficie entre 1 millón y 1 millón 160 mil hectáreas.

La “promesa” de los proveedores de semillas genéticamente degradadas, que con ellas se utilizarían menos productos tóxicos resultó un gran embuste en doble sentido: se usa más cantidad y se introducen nuevos productos aún más dañinos que el glifosato, como el herbicida 2,4-D (componente del agente naranja), el glufosinato de amonio o el benzoato de emamectina. La mayoría de ellos prohibidos en varios países. Y la situación es similar en todos los países del enclave.
Desde 2008, Brasil es el mayor consumidor de agro-tóxicos del mundo. Así que los records brasileños de producción del grano transgénico, se conquistan junto a resultados indeseables asociados. En 2013 fueron consumidos en el país mil millones de litros de “defensivos agrícolas” (eufemismo con que los llaman las corporaciones químicas), una cuota de 5 litros por habitante. Pero esta cifra no refleja la realidad de los estados como Mato Grosso donde la soja OGM es la cultura dominante. El agro-tóxico Endosulfan, comprobadamente perjudicial a los sistemas reproductivo y endócrino, aparece en 44% de las 62 muestras de leche materna analizadas por un grupo de investigadores de la Universidad Federal de Mato Grosso (UFMT) en el municipio de Lucas de Rio Verde, ícono del agro-negocio. Es que allí se vuelcan anualmente, en media, 136 litros de venenos por habitante. En 100% de las muestras fue encontrado al menos un tipo de agro-tóxico y en 85% de los casos fueron encontrados entre 2 y 6 tipos. En el mismo municipio, aparecen además otros tres productos supuestamente prohibidos: el Paraquat, que provocó en la ciudad un brote de intoxicación aguda en niños y ancianos en 2007, el Metamidofos (acaricida e insecticida) y el Glifosato. Este último, hasta la cosecha 2012-2013 el más venerado veneno de Monsanto, estuvo presente en 70 de 79 muestras de sangre y orina de maestros del área rural, junto con otro tóxico aún no prohibido, el Piretroides.

Los países del Enclave evitan que se realicen estudios sobre las consecuencias en la salud de los agro-tóxicos. En Argentina, médicos independientes han hecho un cálculo aproximado de 12 millones de personas afectadas por los agro-tóxicos en distintos niveles de gravedad. El caso ejemplar, difundido en dos videos, es el de Fabian Tomasi que trabajó con pesticidas desde los 20 años de edad y que a los 46 (en 2013) estaba al borde de la muerte. Pero en relación a los problemas de salud que acarrean la fumigación de agroquímicos la principal evidencia la dio el movimiento Madres de Ituzaingó, un barrio de la ciudad de Córdoba. El juicio de las “Madres” contra los productores que fumigaban sobre el barrio tuvo la importancia de relacionar los agro-tóxicos con las dolencias de adultos y las enfermedades y deformaciones de nacimiento detectadas en niños. Y condenar a los responsables. Pero no se identificó a los verdaderos culpables: las instituciones estatales que autorizan los transgénicos y las corporaciones que comercializan las semillas bio-degradadas y los agro-tóxicos.

El movimiento comunitario que avanzó en ese sentido fue el de la localidad de Malvinas Argentinas que en una lucha que lleva varios años está impidiendo que Monsanto instale allí una planta para tratamiento de las semillas genéticamente modificadas de maíz. Los enfrentamientos han sido con las autoridades de la provincia e incluso con matones sindicales de la CGT peronista que defendían a la transnacional estadounidense. Existe también una resistencia importante de los pueblos Qom y Wichi, que intentan ser desalojados de sus tierras ancestrales por el agro-negocio en el norte argentino.

 

Fuente: La Arena, La Pampa