Por Leandro Vesco

Tandil es una pulpería a cielo abierto que traza un puente entre los años en los que los pehuelches caminaban por esta tierra y la precoz llegada del tren que convierte este caserío en una ciudad en 1895. Cuando muchos pueblos de la provincia de Buenos Aires eran un conjunto de ranchos, Tandil, ya era Tandil. Hoy, es la ciudad del queso y del salame, de las sierras y templo de aquellos que desean recuperar la ceremonia de la picada.

El crecimiento de Tandil está fundado en sus atractivos naturales, pero acaso sea un ejemplo de cómo la gastronomía y más, los sabores criollos, pueden ganar terreno y convertirse en el estandarte por el cual una ciudad se convierte en un sitio turístico. Puede ser el clima, su ubicación, lo cierto es que Tandil lo tiene todo. La Secretaría de Turismo, para fomentar la llegada de visitantes a la ciudad lanzó la campaña “Tandil te acorta la semana”,  apoyada en la cercanía del destino a las principales ciudades bonaerenses y consiste en quedarse tres noches, pagando sólo dos. La invitación afirma la idea de ajustar los cinturones y salir a la ruta para disfrutar de la ciudad donde los sabores criollos se trasladan en cada esquina.

Ya en Tandil, las opciones son múltiples. Asombra de la ciudad el centro comercial y la actividad entorno a los negocios que existen alrededor de plaza Independencia, pero las vidrieras de grandes marcas contrastan de la mejor forma si uno camina unas cuadras con las esquinas a media luz donde se venden productores regionales. Los antiguos almacenes de ramos generales continúan siendo eso, agiornados a los tiempos que corren, en Tandil han sabido unir la historia y la modernidad. Pequeños mercados que conservan el diseño de las antiguas postas ofrecen encurtidos, cuchillos, dulces, quesos, salames y aromas, todos hechos en forma artesanal. Lejos de lo industrial, los tiempos de producción se otros y se nota en la calidad de los productos.

El sistema de la Tandilia domina la ciudad y el Distrito, se trata de uno de los sistemas montañosos más antiguos del Planeta. Tandil está cruzada por dos rutas importantes que le agregan dinamismo, la ruta jardín 226 y la 30, siguiendo por esta última al norte se puede visitar el legendario almacén Lassarte Hermanos en el Paraje de La Canal, y si se opta por el sur, es posible llegar a Vela, el pueblo elegido por Osvaldo Soriano para escribir la novela “No habrá más penas ni olvidos”

Hay dos historias que merecen ser contadas. Una esquina de Tandil sobresale por sobre otras, “Epoca de Quesos” es un lugar sagrado para aquellos que buscan ingredientes para una picada que difícilmente se olvidará, este negocio se asienta en lo que fue una antigua pulpería que ya existía en 1860, tenía por nombre “La Posta del Centro” y hasta 1970 estuvo abierto como almacén de ramos generales. Hoy, es un monumento histórico e históricas son sus hormas de quesos y pecheras de salames.

En 2010 un grupo de productores y comerciantes de salames se unieron y crearon una Asociación Civil para delinear los pasos para hacer realidad una genial idea: lograr la denominación de origen del Salame de Tandil, emblema de la ciudad. El pedido oficial ya había sido pedido en el año 2006, pero más de una década después, la quimera se hizo realidad, el 29 de septiembre el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación mediante la Resolución N° 986 el 29 de septiembre de 2011 se reconoce la Denominación de Orígen al Salame de Tandil. Ningún salame de Tandil puede tener ese mote sino está hecho en Tandil y siguiendo un determinado proceso.

No hay manera de escapar al hechizo de los sabores de Tandil, como tampoco olvidar sus noches en una ciudad en donde en cada esquina se invita a viajar por el tiempo. No hay apuro ni prisa, es época de pulperías que están a pocas cuadras del centro de una ciudad que a la que no le falta nada.