Por Leila Sucari / Fotos Juan Carlos Casas

No todos piensan que el mejor amigo del hombre es el perro. La moda de las mascotas exóticas crece sin parar y cada vez son más las personas que eligen convivir con animales traídos de África, Estados Unidos y otras partes del mundo.  Serpientes, hurones, erizos, iguanas y enormes arañas son algunas de las compañías más insólitas. Pero, ¿Son legales? “Las mascotas exóticas están reguladas por la Dirección Nacional Fauna y Flora Silvestre, un organismo del gobierno que controla estrictamente el ingreso y egreso de animales al país. Las pitones bola, por ejemplo, son importadas y es fundamental que se compren en un local habilitado. Allí el comprador recibe unos papeles firmados por la Dirección de Fauna que determinan y acreditan el origen legal del animal”, explica Matías Wullich, gerente general del Centro Pet, uno de los Pet Shop más completos de Argentina.

Hábitat

Aunque tener una iguana o una tarántula gigante, parezca una idea atractiva, no cualquiera es buen candidato para este tipo de mascotas. Antes de adoptar, se necesita investigar sobre su comportamiento, los cuidados que necesitará a lo largo de su vida y todo lo que hay que tener para acondicionar un buen hábitat. Para eso se requiere de una inversión: mantener a un animal exótico es bastante más caro que alimentar a un perro. La responsabilidad también es mayor: tener una pitón dando vueltas por la casa puede ser peligroso, es probable que nadie quiera ni sepa cómo cuidarla cuando uno se va de vacaciones y hay que tener en cuenta que llega a vivir más de 20 años. Conviene pensarlo dos veces. Si es un capricho, mejor pegar un póster de Jurassic Park.  

“Una mascota exótica tiene requerimientos distintos, precisan cuidados muy específicos”, señala Wullich. “Por ejemplo, si comprás una iguana, tenés que saber que es un animal de zona tropical, que necesita sol, calor y una alimentación variada. Es fundamental estudiar antes de elegir el animal y determinar si tenés suficiente tiempo y los medios económicos para mantenerlo como merece. Antes de hacer una venta, nosotros charlamos con la persona interesada y evaluamos si está comprometida. Hay gente que se entusiasma por lo extraño que es el animal y consigue el dinero para comprarlo, pero no tiene idea de nada. A esas personas no les vendemos. Las mascotas no son peluches ni juguetes de adorno, hay que ser responsable y pensar antes de tomar la decisión”, afirma el experto.

El Centro Pet es uno de los pocos lugares del país donde se consiguen mascotas exóticas. La variedad es enorme, igual que el abanico de precios: hay camaleones de Senegal a $2300, pitones a $1.150, tortugas de agua a $240, hurones a $3.250, sapos de panza roja a $189, erizos a $950, tarántulas a $300, agapornis a $850. “Los animales por los que la gente más consulta y los que más vendemos son los hurones”, cuenta Matías. “Hay que reservarlos con anticipación, ya que traemos las camadas de New York. También hay mucho interés por los reptiles, hay algunos importados y otros que son criados en el país. Las ventas se mantienen a pesar de los tiempos de crisis. Cada vez son más las personas que viven solas y se acercan interesadas en busca de una mascota de compañía poco común”.

Boom

El amor de Roberta por los hurones empezó mirando una película. “Me encantó ese animalito que parecía mezcla de gato y ratón, pero nunca lo había visto en ningún lado”, cuenta. “Empecé a averiguar y me enteré que en Estados Unidos es la tercera mascota más común, después del perro y del gato. Leí sobre el tema hasta que me animé y adopté al primero: Tito”. Al poco tiempo, Roberta sumó una hembra para que Tito tuviera una compañera. “Los saco a pasear, les compro ropita y paso horas jugando con ellos. La gente a veces me mira raro, pero es porque no los conocen. Toda la vida tuve perros, pero desde que conocí a los hurones me enamoré, son unos compañeros súper divertidos”.

En la Argentina, los hurones se importan desde Estados Unidos desde hace alrededor de ocho años. Ingresan al país castrados con permiso de Fauna Nación y Senasa únicamente en calidad de mascotas. Pertenecen al grupo de domésticos “mustela putorius furo” y, a diferencia de lo que muchos creen, no son roedores sino mustélidos, de la familia de las nutrias, los zorrinos y los visones. Los amantes de los hurones se conectan a través de foros y grupos donde comparten experiencias e información sobre su cuidado. Uno de ellos es el grupo SoloHurones.com.ar, que tiene más de mil integrantes activos. Sandra, administradora y co-creadora de SoloHurones cuenta: “El hurón es inquieto y juguetón, llega a dormir hasta 18 horas por día pero que cuando está despierto es muy activo y curioso. Por eso, la casa debe estar preparada para minimizar escapes y accidentes. Son carnívoros estrictos y requieren una dieta especial alta en proteínas, lo que hace que su manutención sea todo un presupuesto. También necesitan visitas periódicas al veterinario especializado y cuidados que requieren insumos importados”.

Apesar de las exigencias, Sandra está feliz de haber descubierto el universo de los hurones. En su casa tiene a Nerón, de cinco años y medio y, hasta hace poco, a Popea, una hembra que falleció por linfomas (una causa de muerte muy común en hurones de criadero). “La idea de adoptarlos fue de mi ex pareja, pero cuando nos separamos se quedaron conmigo. Son la alegría de la casa”.

Los hurones pesan alrededor de un kilogramo. Se pueden tener en jaulas grandes acondicionadas con hamacas, cubos y cuevitas de telas; o sueltos, siempre y cuando se preparen los ambientes para que puedan andar seguros. Son muy sociables y se llevan bien con otras mascotas. Tener un hurón, dicen, es un viaje de ida. “Uno se fanatiza, yo hasta les hice un blog a Popea y Nerón donde cuento su historia. Se llama www.losmustelitos.blogspot.com.ar”.

Mercado negro

Un puma cautivo en Almirante Brown, un león encerrado en un galpón de Quilmes, cientos de flamencos apretujados en una casa de Claypole, una enorme iguana perdida en un colegio y un zorro viviendo en con una familia de San Luis, fueron noticia en los últimos años. La creciente demanda de mascotas exóticas trae aparejado al tráfico ilegal de animales silvestres: uno de los negocios más lucrativos a nivel internacional. Muchas veces se venden animales en ferias, mercados callejeros (como el de Pompeya, por ejemplo) o por internet y las personas interesadas, sin conocimiento sobre el tema, compran, por ejemplo, un reptil o un mono al mismo precio que un perro.

“Los animales silvestres no están preparados para ser mascotas, no pueden ser forzados a vivir una vida en condiciones deplorables, intentando ser la compañía de alguien. La demanda de tener mascotas exóticas, raras, hace que las personas caigan en el tráfico ilegal de animales silvestres. Esto trae problemas de conservación y destrucción del hábitat, ya que cada especie animal cumple un rol único e irremplazable dentro de ese ecosistema”, señala Gustavo Gachen, veterinario y curador general de Fundación Temaikén.  

La mayoría de los animales silvestres que fueron obtenidos ilegalmente no están en buenas condiciones sanitarias y se encuentran encerrados en lugares que nada tienen que ver con su hábitat. La gente se entusiasma por lo llamativo, pero al poco tiempo se aburre y abandona al animal o lo mantiene encerrado y sin los cuidados que requiere. Si es rescatado al poco tiempo de haber sido capturado, puede volver a su medio natural. Pero muchos están en pésimo estado de salud o vivieron en una jaula la mayor parte de su vida, entonces son trasladados a zoológicos y a centros especiales.

El mercado ilegal de fauna silvestre, además, causa enfermedades –por el estrés que sufre el animal durante la captura- que pueden ser contagiadas a las personas. Más del 80 por ciento de los animales capturados mueren por malos tratos, falta de higiene, hacinamiento y nervios. La forma de erradicar el tráfico es no comprar animales que están a la venta en cualquier lado y en malas condiciones; y  hacer la denuncia a la Secretaría de Fauna Local. Un flamenco en el jardín de casa puede parecer seductor, pero no hay que olvidar que se trata de un animal y no de un simple adorno. 

Guía para comprar una mascota exótica

Lo primero que hay que hacer es investigar sobre el animal que te llama la atención: cuál es su origen, cómo vive en su hábitat natural, cómo se comporta y qué cuidados necesita tener en cautiverio. Antes de comprarlo, es importante visitar un local habilitado por la Dirección Nacional de Flora y Fauna Silvestre y pedir la orientación de un veterinario especialista para despejar todo tipo de dudas. Jamás se debe comprar un animal exótico en una feria callejera ni a un desconocido, ya que estarías siendo cómplice del maltrato y el tráfico de especies; tampoco realizar una captura. La legislación de nuestro país prevé que la captura de animales silvestres no está permitida. Salvo excepciones muy estrictas que están a su vez legisladas, la captura es un delito. Los animales que venden los locales habilitados son importados o de criadero. En caso de optar por una mascota importada, como el camaleón de Senegal, la Pitón bola o el hurón, al realizar la compra se debe recibir un papel que acredita el origen legal del animal.