Por Gustavo Hierro

 

-Si hoy usted quiere implementar ese par de ideas que está en condiciones de llevar adelante, por ser Gustavo Grobo, ¿no le resulta más fácil?

– Sí, claro, hoy es mucho más fácil. En los treinta años de laburo que tengo, veinte los pasé en el territorio, abriendo la tranquera y explicándole a los productores por qué tenían que confiar en lo que yo les proponía. Nadie me daba bola, es así, totalmente. Tengo amigos de esa época que nos morimos de risa, porque yo usaba zapatillas Topper, esas Topper blancas. Siempre fui un tipo que no le dio bola a la ropa, usaba Topper agujereadas. Entonces, iba de bermuda y con Topper agujereadas al medio del campo a explicarle a un tipo que me tenía que fiar. ¿Entendés? Entonces, ahora cuando cumplí cincuenta años, que vinieron muchos de ellos, me trajeron de regalo las zapatillas Topper nuevas (risas).

– Usted dijo recién que muchas veces, la gente con la que trabaja no está preparada para ejecutar sus ideas. No sé si leyó la biografía de Steve Jobs, pero él escribió allí que obligaba a su gente a estar a la altura de él.
– No, yo no tengo ese estilo. Yo soy un… No voy a decir lo que digo yo de mí, porque en general no digo cosas de mí, pero te digo lo que dicen los demás de mí. Por ejemplo, yo nunca eché a una persona de la empresa.
– Suena notable. ¿A cuánta gente emplea usted?
– Le doy trabajo a más de mil. No es que nunca se haya echado gente de la empresa, muchas veces hubo que hacerlo, por distintas circunstancias. Lo que digo es que yo, personalmente, no tengo ni los huevos, ni tampoco creo, para serte franco, en echar a la persona. Porque siempre pienso que esa persona no hizo lo que debía hacer porque yo no le expliqué bien, ni le di la oportunidad, etcétera. No es porque sea bueno o nada, es un defecto que tengo. Te lo comento sólo para describirte cómo soy yo. La otra cuestión es que tengo tendencia a escuchar poco también. Eso es algo que he ido mejorando con los años, pero digamos que al principio iba yo a mi ritmo, y súbanse los que puedan. A veces, como dice un amigo amigo, eso te sirve porque traccionás, y a veces sos la patrulla perdida. O sea, estás en un lugar ahí donde no hay nada, y después tenés que volver atrás. Ahora, yo creo mucho que si el proceso no es colectivo, o sea que si no hay aprehensión de la gente, no funciona, no es sustentable. No lo podes empujar. Lo que tenés que dar es el tiempo y las condiciones para que eso ocurra, y después ocurre, o no.

-Usted comentó que a medida que su empresa comenzó a crecer, se propuso comenzar a ceder su lugar a otras personas, y asociarlas. Tomando en cuenta que vivimos en una sociedad de control, ¿cómo funciona eso en su caso?
– No, la sociedad es de control, pero también de autonomía. Siempre al mundo tenés que verlo como una tensión. Porque hay más autonomía, porque hay más descentralización, porque la globalización tiene un impacto en ese aspecto, se hace necesario también un mayor control. ¿Entendés? O sea, hay como dos fuerzas que tienden, una para un lado, y la otra para el otro. Hay una fuerza centrípeta y otra centrífuga. Hay muchas tensiones en la sociedad desde ese punto de vista conceptual.
-Imagino que en una empresa tan grande como la suya, debe necesitar construir una gran cadena de lealtades.
-Sí, el concepto de lealtad es relativo. El tipo de lealtad depende del estilo de gestión. Hay un tipo de lealtad vinculado a un estilo de gestión que en management se llama “patrón de estancia”. Que es el estilo de gestión de alguien que te protege y te da, pero al mismo tiempo te pide,  o sea que la lealtad está vinculada con dar y recibir en función de la voluntad de alguien que ocupa el lugar de liderazgo. No necesariamente es un patrón de estancia propiamente dicho, hay industrias que funcionan de esa manera. Yo creo que ese sistema no incentiva a las mejores cabezas. Las mejores cabezas quieren tener autonomía, creatividad, independencia, innovar y demás. El sistema de patrón de estancia no es productivo para mí. Yo creo en otro tipo de lealtad, que es la lealtad al propósito, a la visión, a los valores. No a una persona, sino a una idea.

-No es personalista.
-No. No. Tengo una personalidad fuerte, pero no soy un tipo que me involucre en los temas de relaciones personales desde ese punto de vista. Es más, hay tipos que dicen que soy muy frío en mi relación con la gente. O sea que siempre es una relación académica. Intima-académica, pero no íntima-emotiva. No tiene nada que ver. No sé si me entendés.
-¿Su falta de interés por la ropa de marca intereses personales que están por encima de lo exterior, de la frivolidad o la notoriedad?
-Es una contradicción, porque yo también estoy muy en los medios. O sea, tengo una exposición mediática importante, sólo que me parece que desde el punto de vista de mi concepción mediática está vinculada con interés conceptual, y no con el interés de mejorar mi autoestima o mi ego. ¿Entendés de qué te hablo?

-Precisamente, para una entrevista como ésta con El Federal, por ejemplo, nadie de una oficina de prensa suya nos llamó para ofrecernos esta entrevista, sino que somos nosotros los interesados en hablar con usted, y…
– Nunca nadie de mi empresa llamó a nadie para pedir que lo entrevisten, y en general las entrevistas las doy yo, o sea, me llaman a mí, yo conwwwo, y tengo una colaboradora divina, que es mi amiga María Cuestas, que me ayuda a organizar algunas cosas. Pero mi relación con la comunicación es directa, porque creo en eso. Yo creo en eso. Es importante la comunicación y es importante des-intermediarla.
-¿Le gustan los medios?
-¿En qué sentido?
– En todos.
-Yo me llevo muy bien y me gustan los medios.
-En su momento, se habló que usted compraría medios.
-No, no. Creo que es un trabajo distinto, es una línea de negocios distinta, que no me interesa. Tampoco me interesa tener medios, como dicen algunos tipos, para tener poder, para poder transformar algunas cosas. Yo creo que no es necesario.

-Cuéntenos sobre la expansión continental de su grupo económico.
-En este momento estamos en Argentina, en Uruguay y en Brasil, donde se achicó la operación porque hice una venta importante. En 2007 habíamos entrado muy fuerte allí porque nos asociamos a un grupo brasileño y compramos una empresa grande, que facturaba 700 millones de dólares, y se lo vendimos a la corporación Mitsubishi. Brasil en 2012 ya era más grande que la operación de Argentina.
-Al expandirse hacia otras actividades, ¿pensó que el período de los pooles de siembra se había agotado?
-No, yo no creo que haya dado todo. Creo que es un sistema que está vigente y que va a seguir funcionando. Es una forma de funcionamiento de la sociedad, es más conceptual la idea, porque va más allá de las personas y de los actores. Yo creo que hay muchos pooles que hicimos las cosas mal y que el negocio fue mal, algunos murieron, otros se reinventaron…
– Entonces usted sigue con los pooles, ahora.
– Sí. Nosotros en realidad lo que hacemos es un sistema en campos de terceros asociados con proveedores y clientes de Los Grobo, que hoy representa un diez por ciento del negocio del grupo. Lo que tratamos con eso es una forma de gestionar el riesgo del dueño del campo. El dueño del campo no quiere sembrar porque hay mucho riesgo, entonces terciariza su riesgo en Los Grobo, asociándose o alquilándonos el campo a nosotros.

-El modelo de los pooles es un modelo de gestión que a usted le dio muchos beneficios desde la política, en los últimos diez años.
– Sí, me benefició en el sentido de que yo creo en el modelo, lo he estimulado, soy proveedor de servicios de los pooles. Son mis clientes, los pooles. Yo una vez dije algo peor, que soy la madre de los pooles (risas).
-Las políticas de este gobierno en materia de agro le ayudaron a usted a ganar mucho dinero.
-No, la política no benefició a los pooles. Yo creo que, al revés, los pooles hicieron una especie de adaptación…
-¿Usted no es, en realidad, un niño mimado del kirchnerismo?
-No, no, no. Tengo los mismos problemas y beneficios que cualquier hijo de vecino, grande o chico. Nosotros lo que hicimos, sí, es cambiar el modelo, hacerlo más industrial. Tratando de aprovechar oportunidades desde el punto de vista de la industria, cosa que viene del pre kirchnerismo, del año 2000. Es algo más vinculado con nuestro modelo de negocios y nuestra estrategia, de integración vertical, y demás. Creo que es más, el modelo ahora, al no reglamentar bien la ley de arrendamiento, fue en contra de los que arriendan tierras. Más a favor de los propietarios de la tierra. En ese sentido, el modelo ha sido más anti pool que pro pool.  Lo que pasa es que la fuerza de la naturaleza de las cosas es tan grande –la fuerza de organizar un sistema productivo con distintos tipos que ponen cada uno lo que puede- es tan competitivo ese modelo, que se sobrepone aun a los desaguisados que puede hacer un gobierno de turno.

-¿Cómo atravesaste el momento del conflicto duro Campo-Gobierno?
– Fue un momento duro para mí personalmente, porque yo no creo en el quilombo. Dewwwo el quilombo, soy un tipo del diálogo. Es un problema de creencia. Yo creo que cuando se pueden generar relaciones, deben ser ganar-ganar.  Que no hay un conflicto entre el trabajador y el dueño, que hay intereses comunes. Lo creo profundamente. Entonces, cuando hay una huelga, un piquete, es un fracaso para todos. Para mí el conflicto fue un fracaso para todos. Un fracaso para la sociedad, porque está bien, no salió la 125, el campo es más conocido, hay más consideración pública sobre el campo, los políticos tienen al campo en la agenda prioritaria ahora,  que antes tal vez no estaba… Pero perdimos seis años donde Argentina debiera estar produciendo un 50 por ciento más, haberse industrializado más, haber tomado mercados que tomó Brasil, habiendo creado multinacionales argentinas desde el campo, y lo desaprovechamos todo.

-Usted se reunió varias veces con la Presidenta Cristina de Kirchner. ¿Le contó estas cosas cuando tuvo la oportunidad de hablar con ella?
-Yo lo que le conté a Cristina, y ella prestó muchísima atención y se la notaba informada, fue sobre la revolución agrícola, sobre lo que se hizo y sobre lo que hay para hacer en el campo.
-¿Qué le parece que ocurre, que la Argentina no llegue a contar con una política que destape todo este potencial?
-Yo creo que el Gobierno tiene, y ella por supuesto como líder del Gobierno, algún tipo de pensamiento sobre que las cosas deben ser digitadas por el Estado y además, que hay una actitud en el sector privado que no crea valor sino que trata de quedarse con el valor de otros, más especulativa. Yo creo que es la experiencia que tienen y lo que ella piensa que es. Al mismo tiempo, son algunas cosas contradictorias, por ejemplo tiene una gran visión positiva sobre temas de la investigación de la ciencia y la tecnología, pero al mismo tiempo piensa que esto es algo que debe ser impulsado desde el Estado y descree que las empresas pueden hacerlo, y descree también que ‘el ambiente de negocios’ sea algo que afecte. Yo no estoy de acuerdo con ese punto de vista, y lo he dicho públicamente en numerosas oportunidades. Yo escribo a favor de cambiar el sistema impositivo desde el pre kirchnerismo, en 2002. Yo viví las retenciones en la década del ’80, era delegado de Carbap en ese momento. Yo sé el efecto nocivo que las retenciones tuvieron en la década del ’80, que afectaron a Alfonsín y afectaron al sector. No creo que nadie públicamente del sector agropecuario, ni aun los presidentes de las entidades, haya escrito en contra de las retenciones en contra como yo. Vos que googleás y que rastreás las cosas, fijate qué encontrás desde 2001 en adelante.

– …
-Digo, todo el mundo se queja, pero yo tempranamente sabía que íbamos hacia un quilombo. Y ojo, que no estoy en contra del Estado ni de los impuestos. Lo que digo es ojo, que cómo se cobran los impuestos, no es neutro. Importa más el cómo que el cuánto.
-Amplíeme un poquito esa idea. Por favor.
-No, yo digo, primero: Argentina es un país que quiere Estado, y necesitamos un Estado grande. Bienvenido. El problema es qué Estado queremos, o cómo el Estado devuelve eso en bienes públicos, y demás. La otra cuestión: no es lo mismo cobrar impuestos detrayendo el precio, deteriorando la relación insumo-producto, que cobrando un impuesto fijo, por ejemplo, a la tierra, o impuesto a las ganancias, o impuesto al patrimonio, lo que sea. ¿Por qué? Porque cuando vos deprimís el precio, desestimulás la producción. Y la inversión en tecnología. Si la presión impositiva fuera la misma, pero con un impuesto fijo en lugar de eso, seguramente aumentaría la producción.
-O sea que en su visión los impuestos debieran cobrarse de los bienes, de las ganancias…
-El sistema lo paga de cualquier manera. No es que lo paga el dueño de la tierra y vos como arrendador no, porque a vos te lo cobran en un valor de arrendamiento mayor. Pero si vos tenés un valor de arrendamiento mayor pero un precio mayor, lo que vos tenés que hacer para diluir ese valor de arrendamiento es aumentar la productividad. Es decir, consumir más fertilizantes, más agroquímicos, semillas de mayor calidad… Y cuando aumenta la productividad, aumenta la torta.
-Entiendo. De todos modos, si desde un medio kirchnerista lo escucharan a usted rebelándose contra las retenciones al agro, titularían: ‘Grobo mostró su hilacha liberal-conservadora’…
-¡Sí, pero yo no dije que estoy en contra de los impuestos! No hay país socialista que cobre retenciones. ¡No hay nada más setentista que el impuesto a la tierra! Yo titularía: “Grobocopatel, el más setentista de todos” (risas).

-Con o sin impuestos, y aunque a usted no le guste usar la palabra éxito, permítame decirle que usted es un empresario exitoso, a usted le va bien. Su facturación sigue sumando ceritos a la derecha, o sea que todo está viento en popa…
-Yo te digo la frase que usan los camioneros: “Todos ven mis logros, pero ninguno mi sacrificio”…
-Se lo concedo. Seguramente usted se sacrificará mucho para lograrlo, y sabe hacer las cosas.
-Lo del éxito es relativo. Mirá, yo puedo mostrarte un éxito, porque sembrás, porque tenés una actitud positiva, por esto, por lo otro. Pero hay muchos productores que murieron, en el sentido productivo y en el sentido literal. ¿Esto es sangre, ves? El sistema de las retenciones no selecciona al mejor, sino que al que peor le va, le va peor. Es como un impuesto que agudiza el problema. De alguna manera, los impuestos fueron creados para redistribuir. Paga más el que más gana, el que mejor le va. ¿No es cierto? En la medida en que vos hacés pagar más al que peor le va, creás una distorsión. Por eso las retenciones son distorsivas: si yo pierdo, yo sigo pagando, porque es un impuesto al ingreso.

-Pero el gobierno, en el proyecto de la Resolución 125, había propuesto retenciones escalonadas…
-Siempre fueron escalonadas las retenciones. No es una novedad de la 125. Si las fueron subiendo siempre. Podría haberlas bajado, el gobierno. Podría bajar ahora las del trigo y las del maíz. Siempre el Gobierno subió y bajó las retenciones, no necesitó una 125 para que las retenciones sean móviles.
-Lo que le estaba preguntar antes es si, todo esto que usted conoce y volcó en sus empresas, sería capaz de llevarlo al plano de la política. Porque me consta que propuestas para participar, tuvo muchas.
-No, pero yo ya lo llevo al plano de la política, me parece. Yo tengo mi actividad empresaria, que…
-No, digo que haga política partidaria, que sea candidato, que lo llamen para ser funcionario de un gobierno.
-No, funcionario es una actividad que no me gusta. Una gran parte de mi tiempo, yo trabajo mucho con la sociedad civil. Organizaciones sin fines de lucro, organizaciones empresariales, educativas… He participado en numerosos proyectos de diverso tipo. De alguna manera, yo transfiero directa o indirectamente mi conocimiento a esas instituciones donde participo. Si vos me decís si me interesaría la función pública, yo creo que puedo agregar muchísimo más valor creando cosas innovadoras público-privadas o del sector privado que ayuden a eso, como hicimos con Bioceres, con la asociación del Girasol, o Escuelas del Bicentenario. Y me parece que el mundo o la sociedad también requieren tener diversas formas de participación pública, no solamente como funcionario o siendo parte de un proyecto político. Yo creo que la participación en lo público debe ser más extendida, y yo estoy para esa cosa más libre. Yo creo que hago política como empresario.

-¿Cómo participó del intercambio comercial entre Argentina y el gobierno chavista de Venezuela?
-Antes de decirte si la experiencia fue buena o mala, te cuento que la Argentina entre 2006 y 2007 tuvo una crisis energética importante y tuvo que comprar combustible a Venezuela y se le pagó ese combustible, entre otras cosas, con maquinaria agrícola. Eso movió muchísimo a la industria metalmecánica, y demás. Lo que pasa es que se le vendieron las maquinarias, pero no el know-how. O sea, había una idea del gobierno venezolano de hacer agricultura, orientada a que es un país que importa todo. En ese momento, en el gobierno nos pidieron algún tipo de colaboración. Yo no conocía a nadie del gobierno. La realidad es que era porque salía en los diarios cada tanto, que dijeron a quién tenían que llamar, y me llamaron. Yo conocía a Venezuela, había tenido relación con los productores, entonces me conectaron con la gente de PDVSA e hicimos una consultoría para PDVSA. PDVSA estaba haciendo una empresa que se llamaba PDVAL, PDVSA Alimentos, para invertir en la producción de alimentos. Ellos nos contrataron para hacer una consultoría, que en realidad era transferencia de know-how. Era un contrato de cuatro años, pero nosotros al finalizar el primer año nos dimos cuenta que había otros problemas en Venezuela que hacían que sea imposible el desarrollo de este proyecto, y decidimos de común acuerdo con las autoridades de PDVSA y demás, rescindir el contrato.

-O sea que el modelo de gestión que tenían en Venezuela, era incompatible con…
-No era un problema de modelo de gestión, era un tema de incentivos. El modelo nuestro requiere de muchos emprendedores, convencimiento y demás. Y yo creo que Venezuela en ese momento no estaba preparada para esto, y la realidad es que después inclusive fue empeorando.
-Como que había un modelo muy centralista.
-Muy centralista, sí. Por eso, en las crisis de estos gobiernos tan centralistas, el campo hace crisis antes que otros sectores. Es muy difícil dirigir la vida de productores que viven en el campo todos los días pensando si llueve, si no llueve, si el barro, si la tierra… La gente tiene que vivir libre, es gente a la que tiene que darse orientación, incentivos… Es muy difícil poderle guiar la vida a alguien que vive y quiere vivir en libertad. El gobierno piensa que es algo político. Pero es más que político, es cultural. No es un problema de que están en contra de la ideología, o cosas por el estilo. El tipo de campo te dice: ‘Yo lo que quiero es laburo, dejame trabajar tranquilo, produzco, pago el impuesto, ahora, pago el impuesto pero devolveme, haceme una ruta, manteneme el camino, y no me jodas con una cosa compleja’. Es así acá, en Francia, en China…

-Estamos en un fin de ciclo y todo parece indicar que, gane quien gane las próximas elecciones, parece que habrá más diálogo y mayor apertura. ¿Cómo lo ve usted?
-Soy optimista. En la medida que el gobierno que venga empiece a tener un nivel de diálogo y a entender para dónde va la pelota en este sentido, yo creo que se van a liberar fuerzas productivas, va a aumentar la producción, se va a industrializar más, yo soy muy optimista. Creo también que tendríamos que hacer un poco de “Catch-up”, también. La Argentina hoy tendría que estar produciendo un 30-40 por ciento más.
-Bueno, eso ya se lo propone el Gobierno en el Plan Estratégico Agroalimentario 2020…
-Yo creo en los planes del Gobierno. En lo teórico. No creo en la implementación. Pienso que todavía no saben cómo implementarlo. A veces, uno piensa que lo de ellos es desconocimiento, otras veces que es falta de interés.

-Gustavo, vos trabajás mucho desde la racionalidad, desde el trabajo con la tierra, hablando de ideas… Es un mundo no trascendental, no va hacia el cielo, no hay misticismo, ni posiciones religiosas, pero lo que sí existe, porque está en todas las personas, es el espíritu. ¿Cómo funciona eso en vos?
-Yo no soy creyente. No soy religioso. Soy de origen judío, tengo interés académico y cultural en las religiones, me interesan todas, hace muchos años estudié mucho el hinduismo, hacía yoga, fui vegetariano por cinco años.
-Comía milanesas de soja.
-Sí. Pocas, porque no me gustan (risas). Me gusta una buena milanga.
-Pero cree que termina acá todo.
-No sé. Pero no es una preocupación hoy que me desvele, el no saberlo. No es una búsqueda que en este momento tenga, y no quiere decir que no la vaya a tener. Participé ahora del viaje religioso a Tierra Santa, y estuve con el Papa. Mirá, yo creo que uno en la vida se orienta a partir de determinadas fuerzas. Creo mucho en el poder del hombre en la sociedad, en el colectivo… Creo en la creación del hombre también, en la Suprema Corte de Justicia, la de acá y la norteamericana, en la Constitución… Yo creo en esas instituciones. Creo en el Papa como institución, y no como algo metafísico. Creo que nosotros, como personas, estamos en una búsqueda permanente de cómo aprender. Algunos lo podrán llamar ‘el camino hacia Dios’. Para mí por ahora no es tan problemático, yo lo que quiero es aprender, y me dedico eso. Cuando me preguntan si es una década ganada o una década perdida, prefiero decir que es una década aprendida. Ahora, algunos esos lo pueden llamar el camino místico. No lo sé, ni me preocupa. Yo tengo 52 años.

-No sé si recuerda que La Divina Comedia dice que “en el medio del camino de nuestra vida…”
-Bueno, yo hice un compromiso que no estoy cumpliendo, que es que iba a tratar de hacer dos vidas dentro de una, porque pienso que la vida es corta y no creo en la reencarnación. Siempre creo que viene una etapa nueva también para mí, vinculada más con el aprendizaje y la profundización de estas cuestiones. No sé si es seguir trabajando en la empresa, irme a estudiar y dedicarme a otra cosa, no lo sé.
-Quizás a través de la música, consigue vivir esa otra vida que quiere…
-Sí, yo creo que la educación artística en general y mi vínculo con lo artístico me han ayudado enormemente. Ha sido fundamental en todo, en mi formación como empresario, como persona… La música es muy importante para mí, la mirada artística. Yo creo mucho en que la educación formal tiene que incluir la artística, no para que aprendas un instrumento, sino por un tema de comunicación. El arte es fundamental en la comunicación.

-La paideia de los griegos.
-Vos le hablás a la cabeza, sino al corazón. El hecho de que haya una sociedad de gente sensible, no es lo mismo.
-Eso explica bastante sobre las razones de cómo estamos. ¿Toca algún instrumento?
-No, yo canto. Aprendí piano cuando era muy chiquito. Tengo mi piano en Carlos Casares, pero hace treinta años que estudio canto.
-Hasta grabó discos con su grupo de folklore. Y cobran para actuar.
-Sí, claro. Yo tengo ahí dos socios que son mis compañeros, Héctor Llanos y José Peribós. Y canto música de cámara argentina, también. Con una pianista que me acompaña, Lidia Státile, y mi maestra, Lucía Maranca, que me acompaña también. Ahora le dedico poco tiempo, pero en un momento era muy importante. Tenía clases todas las semanas, ensayos dos veces por semana. Ahora, por distintos motivos, no me he acomodado para seguir teniéndolo, por el tema de Brasil y otros, pero tengo que volver.

-Con esas raíces suyas en los gauchos judíos me hacen pensar en sus ancestros nómades, y en el hecho de que usted mismo comenzó a desarrollar su creatividad y a aplicar lo que aprendió cuando tuvo que convertirse en nómade también.
-Es muy buena la pregunta que me hacés, siempre lo charlamos con mi mujer. En el fondo, yo creo que uno es de donde nace. Alguno dice también que es de dónde tiene los libros. Pero, si vos me preguntás de dónde soy, te conwwwo que de Carlos Casares. No porque vaya a volver allí, o porque tenga saudades, sino porque uno es de ahí. Cuando uno se va de viaje, siempre está esa cosa de “la vuelta a”. Yo eso no lo tengo muy afirmado. Yo ahora soy de Buenos Aires. Me gusta y disfruto Buenos Aires. Disfruto de lo urbano, de andar por la ciudad, de tomar un café en un bar. De ver a la gente, de conversar con uno y otro, de ir a la librería, de ir al cine, con amigos… Soy un porteño. ¿Me gustaría ir a vivir a otro lado? Sí, me gustaría hacer la experiencia. Me gustaría ir a vivir a Europa, a algún lugar, o a Estados Unidos. A mí me gusta mucho Boston. Estamos planeando con mi mujer hacer algún año sabático,  ir a estudiar… Son todas ideas. Me gustaría, en algún momento de mi vida, volver al campo. A mí me gusta mucho la vida en el campo. Yo extraño, en Buenos Aires, el aire y el silencio. No extraño otra cosa.

-Piense, también, que usted aprendió a producir sin tierra.
-Claro, pero no es un tema mío personal. Es una organización que produce sin tierra. Yo soy un engranaje de esa organización.
-Usted dijo en una entrevista que era un “sin tierra”. ¿No será mucho?
-Es un concepto fuerte. Una idea que lo que intenta es provocar una reflexión sobre el tema. No es una frase neutra. Lo dije con total intencionalidad, porque creo firmemente que el hecho de tener tierra o no, de ser rico o pobre, de ser un pequeño o gran productor, no tiene nada que ver con el éxito o el fracaso de las personas. El éxito tiene más que ver con el aprender o no aprender, con el darse o cuenta o no, con el adaptarse o no adaptarse. Es una intención de crear esperanza y expectativa en los pobres.
-Lo que noto en usted, a través de esta entrevista, es que tiene una gran convicción en el diálogo. Le importa hablar. Y le importa, también, convencer.
-Sí, claro. Soy muy argumentador, como estructurado, como un bloque. Bajo línea. Mi mujer me dice que soy como Fidel Castro cuando me pongo a discutir con ella.
-Esta es una pregunta para su esposa Paula más que para usted, pero debe ser complicado ser la esposa de un tipo que administra tanto poder.
-No, ella es importante. Es muy complicado ser el marido de ella. En este caso, somos socios, por decirlo de alguna manera. Ella es una persona que es ingeniera agrónoma como yo, que ha hecho un camino vinculado con el tema de recursos humanos y organización, y que ahora está muy vinculada con temas sociales. Fue vicepresidenta de Poder Ciudadano y ahora está con una empresa que se llama Matriarca, que comercializa productos de colectivos de mujeres, de wichis, por ejemplo. Está armando una empresa social.
-La última pregunta. De su discurso surge que todo lo que hacemos, tiene sus razones, y esas razones se pueden descubrir. Para usted, ¿qué razones tiene el mundo y su existencia?
– Para mí, el mundo es como una plataforma donde los seres humanos tendríamos que tender a vivir con dignidad y bienestar. Porque esa dignidad y ese bienestar hacen que la vida sea un hecho incomparable, creador, me parece que es eso. Ahora, el tema es qué es bienestar. Desde mi punto de vista, yo lo relaciono bastante con el tema de capacidad de Amartya Zen, que escribió sobre la teoría del bienestar y la felicidad. Él dice que las personas, en la medida que son libres, autónomas, empleables, emprendedoras, solidarias, saludables, tienen dignidad. Y yo creo que ésa es la pregunta que nos debemos hacer todos los días empresarios, políticos, periodistas… Lo que yo estoy haciendo hoy, ¿genera dignidad? Es la prueba ácida, esa. Lo que yo hice con esta política pública, ¿generó más empleabilidad? ¿generó gente más autónoma, más libre? Si hay dudas, hay que revisar.