Por Leandro Vesco

Para Francisco Núñez Olivera la vida es simple, y nos da un ejemplo. Tiene 112 años y se convirtió en el abuelo más viejo del mundo. El secreto para llegar a esta edad con un estado de lucidez envidiable tampoco es complejo, y este sabio lo difunde sin problemas: “comer los productos de la huerta y llevar una vida tranquila en el campo”.

“Como yo no hay nadie”, nos interpela Francisco en sus declaraciones, sabe que lo que tanto se busca en estos años, él lo halló y no es tan difícil de lograr. “Soy una persona sencilla, de costumbres fijas, llevo una vida tranquila y nunca falto al bar para tomar una copa y jugar a las cartas con mis amigos” Esta parece ser la fórmula que siguió durante estos 112 años, pero a la pócima le faltan algunas gotas: vive en una comunidad pequeña, su pueblo se llama Bienvenida, y aunque tuvo posibilidades en estos años de irse a Badajoz (España), una ciudad más grande, eligió quedarse con lo mínimo, que en definitiva es lo más grande: el gozo de tener una vida plena.

La dieta que lleva es un pilar para sostener esta envidiable longevidad. Agricultor de toda la vida, rescata la esencia de su trabajo: “Siempre comí todo lo que produje, verduras y legumbres, todos productos del campo y algunos embutidos caseros. Eso sí, nunca me faltó el vaso de vino“, le comenta a la Agencia Efe su hija María Antonia de 81 años. El pergamino de Francisco es grande, y rico. Lo conocen en el pueblo con el sobrenombre de “Marchena”, que fue un cantante de flamanco que en la década del 20 causaba suspiro a las damas de Bienvenida.

Este reconocimiento, el de ser el abuelo más viejo del mundo, lo encuentra feliz. Está contento que la prensa venga a hacerle notas, aunque reconoce que le hubiera gustado compartir este momento con sus amigos, de los originales ya no le quedan. Nadie tuvo la metódica rutina de homenajear a la vida de la forma en la que él lo hizo. “Le quedan cuatro meses para cumplir los 113”, advierte su hija, quien describe a su padre como una persona “de buen corazón, siempre ha intentado ayudar, y hasta hace muy poco, seguía yendo al campo para ver cómo estaban sus verduras

Francisco sabe lo que es pelear en esta vida, veterano de dos guerras, la del África (1920/26) y la Cívil (1936/39), se consuela sabiendo que aquello ya pasó. Leé el diario todos los días, y hoy debe estar en silla de ruedas, algo que lamenta. “Hasta los 107 años ha estado andando solo por la calle. Cuando se cansaba de la partida de naipes se iba a las esquinas a hablar con la gente, porque le encanta hablar”, detalla su hija.

“He vivido la vida que he querido”, afirma este hombre que le da un ejemplo al mundo y a tantos científicos que trabajan para descubrir cómo es posible vivir más. Francisco halló el secreto: comida sana, productos de la tierra, y vida en el pueblo.