Rosendo Vargas tuvo que trabajar desde muy jóven, encontró en la albañilería un medio para abrirse paso a la vida. El trabajo le obligó a robarle horas al estudio y no tuvo más remedio que abandonar la escuela. Ahora, cuando la vida ya lo encuentra en una mejor posición, decidió a sus 64 años recuperar el tiempo perdido y comenzó la escuela primaria, pero también se reencontró con sus hermanas, a las que no veía hacía 44 años.

El hombre vive en una humilde casa en el barrio Los Robles, en Córdoba Capital. Aún sigue siendo albañil, aunque a esta altura de su vida, puede tener algo de tiempo y elegir trabajos. Seguro de su decisión, aceptó el desafío de aprender. “Fue muy importante porque hay muchos chicos que abandonan la educación por distintos motivos y la historia de Rosendo es un ejemplo para la sociedad y el colegio“, contó a Infogei Susana Flores, maestra y directora de la escuela Lino Acevedo, donde concurre el abuelo. El hecho de comenzar la primaría originó una cascada de buenas noticias para Rosendo, porque para apoyarlo en su decisión, los profesores de la escuela lograron hallar a sus hermanas, a quienes no veía desde hace 44 años.

La vida, es claro, da segundas oportunidades, y está en uno poder verlas y aprovecharlas. Rosendo sintió que estaba delante de una y cuando encontró un día a Susana Flores, la directora de la escuela, le contó en pocas palabras, cómo había sido su vida, y cómo había tenido que elegir entre el trabajo y el estudio, primando el primero. Así fue que comenzó a ir a la Escuela, pero había algo más, una deuda pendiente que Rosendo quería saldar: reencontrarse con sus hermanas.

“Me contó que hacía muchos años no tenía noticia de sus hermanas, y que quería reencontrarse con ellas, pero no sabia cómo hacerlo”, explica Susana. “Entonces nos pusimos a investigar con el profesor de psicología. Fernando Gerez. Sólo teníamos los nombres. Las empezamos a buscar por Facebook, hasta que las encontramos a una de ellas. Nos pasó el celular y la contactamos con Rosendo”

Sin saber, la escuela además de ser el lugar en donde estaba cumpliendo el sueño de formarse significó un cambio de vida que atrajo un regalo especial: la unión con sus hermanas. Desde el momento en el que se comenzaron a comunicar, se hablaron a diario. Pero Rosendo, Juana y Vicenta entendieron que era el momento de volver a verse. Habían pasado ya 44 años, demasiado tiempo para cualquier lazo familiar.

“Nos empezamos hablar por teléfono y estuvimos comunicándonos así por dos meses. Hasta que acordamos que era tiempo de que nos viéramos en persona“, reconoció el hombre. El encuentro, tan esperado, ocurrió el pasado 28 de agosto, en la escuela en donde Rosendo está haciendo la primaria. Pasó la vida para ellos tres, pero aprovecharon la segunda oportunidad y ahora los hermanos vuelven a estar unidos, y Rosendo, cumpliendo con su nuevo trabajo: el desafío de terminar la escuela primaria.