Por Alejandra Abrodos

A 1.050 msnm, a la vera del camino de las Altas Cumbres, y a pocos kilómetros de Mina Clavero, en la provincia de Córdoba, la vida es diferente. Hasta parece que el tiempo transcurre más lento. Pero esa no es más que una sensación. Lo que está comprobado es que animales, plantas y seres humanos se ven atravesados por condiciones climáticas que los hacen especiales. Es el caso de Alberto Adolfo Cubría y Marcela del Rosario Carranza, quienes hace 16 años viven en este territorio de sensaciones extremas. Rodeados de rocas y de cielo, de retazos de historia, de olor a hierbas, desandan los días con pasión por el lugar. Esa que les permitió construir el primer y único museo que cuenta el devenir del pueblo comechingón, origen y raíz de Traslasierra. “La primera vez que levanté una punta de flecha me pregunté por la gente que la había hecho -recuerda Alberto-. Por eso mi interés va más allá de poseer el objeto. Esto sirve para contar los orígenes de la Argentina.”
Alrededor del museo se pueden ver obras de arte realizadas en cerámica que homenajean y celebran a esos antepasados. Y un maravilloso e impactante jardín de cactus. ¿Por qué? “Porque los cactus son exclusivos del continente americano, de modo que son un símbolo nuestro”, responde Marcela. Sin conocimientos puntuales sobre la producción, pero con la base sólida que adquirió en la escuela agrotécnica Pascual Iaccarini, de San Rafael, Mendoza, Alberto se animó a plantar cactáceas. Con tan buenos resultados que decidió transformar la excepción en regla y poner en marcha un emprendimiento. “Al revés de lo que hace la mayoría de la gente, que para empezar compra semillas, nosotros germinamos los cactus de la zona. En un área pequeña de 2 m por 2 m. Como son de acá aguantan las temperaturas bajo cero y las heladas. El debut fue un éxito.”
Para empezar no hace falta mucho. O sí. Depende del cristal con que se mire. “Básicamente, un invernadero de 5 por 10 metros. Hecho con palos, nylon y media sombra. Semillas, macetas, tierra, el sustrato en el que vas a sembrar, y bandejas de germinación. Nosotros usamos las que trae la comida hecha”, cuenta Marcela. El envión inicial, en 2004, contó con un gran apoyo: un crédito de $ 2.500 que les otorgó el municipio de Nono. ¿Y los conocimientos? Para eso Alberto tiene un método infalible: “Yo lo aprendí del Dr. Humberto Lagiglia, quien fuera director del Museo de San Rafael, una eminencia. El me decía: ‘Lo que importa para lo que vos quieras saber en la vida es el método de investigación, porque nadie puede saber todo. Si vos conocés el método cuando necesites algo podrás buscar la fuente’. Si una persona lee e interpreta lo que lee tiene el 90 por ciento del conocimiento”.

Siglos de historia. Hay un dato que es muy importante tener en cuenta: los cactus se replican por medio de semillas. Así ocurre, de manera natural, hace unos 50 millones de años. “Nosotros obtenemos las semillas de nuestra producción. Si el fruto es muy pulposo, las lavamos bien para que no tengan almidones que puedan atraer insectos que las ataquen cuando estén almacenadas”, apunta Alberto. “La tarea es sencilla. Sin embargo, hay mucha gente que arranca los cactus de la naturaleza. Incluso, visitantes extranjeros. Provocan un daño enorme”, se queja. El mercado es tan grande que cualquier persona puede comprar semillas por internet. “Es muy interesante porque al adquirir semillas de otros productores fuera del país podés generar productos que acá no tiene nadie. Por ejemplo, en Europa o en los EE.UU. hay bancos de especies tan grandes que incluyen prácticamente todos los tipos de cactus”, avisa Marcela.
La siembra se realiza en primavera-verano y en un sustrato totalmente esterilizado en horno de microondas o en una olla. Así: “Humedecés la tierra sin que se haga barro, y revolvés sobre el fuego hasta que el vapor te queme la mano. Dejás enfriar y sembrás. En general, hasta fines de febrero podés hacerlo con éxito”, sugiere Alberto. Para forzar la germinación, hay que envolver la bandeja con una bolsa de nylon. De ese modo, la humedad y la temperatura se mantienen más constantes. En la mayoría de los casos, la bolsa se quita cuando el 70 o el 80 por ciento de la bandeja está germinada. Pero hay especies que necesitan más tiempo. “Aproximadamente a los 8 meses las trasplantamos. Digamos en agosto. Y en enero están a la venta. Es decir que el proceso completo, en esta zona, lleva un año.”
El emprendimiento incluye entre 60 y 70 variedades de cactus. Algunos son hierbas, muy pequeñitos; otros son cactus arbustivos. Y también están los que son árboles. “Estos llegan a medir 8-9 m de altura y hasta 15, como el Saguaro, una especie de los EE.UU. Mientras que el Blossfeldia liliputiana, el más pequeño de América, tiene el tamaño de una moneda de 0,10 centavos”, informa Alberto. Todos dan flor. De color rojo, naranja, amarillo, violeta. Un verdadero arcoiris exuberante y bello que despierta el amor más devoto aquí y allá. “Tenemos muchos compradores que son coleccionistas”, afirma Marcela. Por eso su producción es pareja y regular. Más o menos de 5.000 cactus por temporada. Que viajan a casa de sus nuevos dueños con toda la información necesaria para que su vida sea larga y placentera. Además, los Cubría-Carranza tienen dos facebook, con los que que mantienen un contacto estrecho y servicial con todos los clientes. Casi como si los cactus fueran sus hijos.