El “campus” tantas veces visto en las miniseries y películas estadounidenses se representa en vivo y en directo cuando uno pisa suelo puntano y llega por una ruta perfecta hasta la Universidad de La Punta. El dato curioso es que cualquier persona que transite por aquí, si ingresa al lugar, puede solicitar en el rectorado una guía turística que lo lleve por todos los edificios de esta casa de estudios y le cuente detalles de la carrera y del alumnado. Por ejemplo, cuesta cien pesos por mes los “dormis” que están en un edificio nuevo destinados a este fin y donde se pueden visitar para conocer a modo de muestra uno de los departamentos. Son departamentos de dos ambientes, en el que se instalan los estudiantes que llegan de lejos a estudiar. Tienen prioridad los estudiantes del interior de San Luis, los de la capital después y los de otras provincias y países más tarde.
El compromiso es que deben ir a término en la carrera. Cuentan con kitchinet, living comedor, baño y habitación. Hasta contemplan la limpieza y la ropa de blanco. La mentada política de “Wifi para todos” existe. La guía Romina Groves estudió en la ciudad capital y trabaja en la sede universitaria de esta ciudad, una de las más nuevas de la Argentina. Muestra el rectorado y habla del concepto de la arquitectura que se utiliza para construir los edificios, que son bloques de acuerdo a la carrera o funcionamiento. Lo de moderno es que con lados vidriados la luz natural tiene prioridad sobre la artificial y acota que no es necesario que los estudiantes posean una computadora porque en esta universidad, las hay para todos. Hasta los pizarrones son pantallas. Todo está impecable, hay obras de arte en las paredes y esculturas al paso. Las carreras no son las tradicionales y la idea fue un plan de estudios con salida laboral, tecnicaturas de dos años y medio y un año y medio intensivo, para quienes eligen estudiar a full.
Las carreras abarcan ciencias y tecnología además de cine, turismo, medio ambiente, guardaparques. Todas de salidas laborales rápidas. El anuncio de este año es la enseñanza de idiomas de señas entre los cursos de idiomas. Aquí se estudia desde hebreo y chino hasta francés, inglés, alemán, todos los clásicos..El tema que hizo famosa a esta universidad es el Parque Informático porque se creó una usina de desarrollo de softword. Las empresas tienen sus propias instalaciones y los estudiantes investigan y producen en laboratorios reales. Mientras uno transita por cada edificio de esta universidad hay un detalle imperdible en los tachos de residuos y es que son tres, acorde con los tiempos que corren de clasificación. Pero hay un tema convocante que anuncia la guía: el papel que se utiliza en el ejecutivo provincial, en la mutual de los empleados del Estado de San Luis y de la misma universidad se recicla en un taller montado dentro de este predio. Allá vamos.
Dentro del taller, en el sector húmedo, Susana Barberis relata el paso a paso de la fabricación de “pasta”. Entran las resmas de papel y usado A 4, se corta en pedazos, se ponen en “remojo” durante 24 horas y al día siguiente se lo licúa, en licuadoras gigantes que lo convierten en “pulpa”. Esa  masa acuosa se la mete en una batea con mucha agua y se mezcla. A simple vista, la batea (un recipiente de unos 20 centímetros de profundidad, de forma rectangular) parece contener sólo agua coloreada, pero no. Tiene esta “pasta”. Allí se sumerge el molde del tamaño de la hoja de papel que queremos fabricar y un marco que va sobre el molde.  Se levanta con cuidado portando esta “pulpa” en el molde, al cual se lo extrae del interior de la batea, manteniéndolo siempre en forma horizontal para no derramar esta pulpa y al mismo tiempo se ejercen unos suaves movimientos en cruz para que escurra el excedente de líquido. Y así, se retira el marco y se desmolda la hoja sobre un paño absorbente. Se arma una pilita de paños absorbentes intercalados con la hoja de papel recién hecho. Hasta cierto número de hojas, se las ubica en una prensa que al ajustarla se logra con la fuerza que imprime escurrir más agua hasta dejar la pilita de “hojas frescas”, apenas húmeda.
Al final se deja secar cada hoja. Una vez secas, estas mismas hojas de papel reciclado, intercaladas con un cartón bien lisito, son pasadas otra vez por la prensa que funciona como una plancha. Susana tiene un relato perfecto para atraer la atención de todo un grupo de espectadores que le siguen cada movimiento en las cubetas, con el papel, con el agua y el secado. Los colores se logran con anilinas, dice. Está acostumbrada a recibir niños de escuelas y visitantes que siguen el “paso a paso”. Sus compañeras, Fátima Albornoz y Cintia Morcon, muestran al ritmo de la charla el trabajo para lograr moldear un buen papel.
Y en el taller contiguo, se le imprime el toque de diseño, Porque hay papeles lisos con semillas secas, pétalos y añadidos en forma irregular o casi como resultado de un diseño industrial. Hay papeles que se parecen a cuadros artísticos. Al fin de cuentas, es un arte esto de elaborar papel artesanal. El taller seco, se encarga de diseñar y fabricar con esas hojas de papel artesanal diferente productos. Sobres, anotadores y blocks de diferentes tamaños y combinaciones de color. Hasta las bolsas de papel son confeccionadas aquí. Hay entusiasmo en el equipo y muestran los colores obtenidos y los diseños logrados. El coordinador Víctor Riquelme extiende una factura por la compra de unos anotadores de papel reciclado. Todo legal. El ciclo productivo está completo. Fuera del edificio, hay un sector destinado al invernadero. También se está experimentando con reciclado. En este caso, las paredes y el techo están fabricados con envases de botellas plásticas y forman la estructura, el techo, las paredes y la puerta del invernadero. Funciona.