La tierra es de quien la trabaja. Mal que les pese a muchos, ese no es un lugar común sino una verdad que los trabajadores ponen en práctica desde hace varios años, sobre todo tras los cierres generalizados provocados por la crisis de 2001. Desde entonces, florecen las ganas de tomar en sus manos el destino propio.

Eso pasó con el restaurante ubicado en Juan Antonio Cabrera 4270, esquina Lavalleja, en el porteño barrio de Villa Crespo, donde los trabajadores del restaurante Alé Alé lograron la hazaña de reabrir las puertas del restaurante para sumarse así a otras empresas gastronómicas como las del BAUEN, Los Chanchitos, La Ciudad, Ferrox Seven, Enlace, Mundo nuevo y Perseguidores, entre otras recuperadas con mano propia.

La reapertura del nuevo local estuvo a cargo del representante legal de los trabajadores, Andrés Toledo, quien afirmó: “Es un día especial, por eso tenemos que levantar la copa y brindar con toda esta gente que nos vino apoyando hasta ahora. Es un honor demostrar que los trabajadores pueden y estamos volcando nuestra experiencia hacia otros compañeros que están pasando por las mismas circunstancias que pasamos nosotros”.

“Agradecemos a la gente y a las autoridades nacionales, clientes, vecinos que nos apoyaron incondicionalmenmte. Por ellos es que pudimos resistir cuatro intentos de desalojos, por eso estamos contentos”, dijo. El Estado entregó un subsidio para refaccionar toda la esquina desde la cual hoy pueden brindar un servicio de primera los clientes.

Por su parte, Julio “Quito” Aragón, representante de la cooperativa Martín Fierro, dijo que “siempre que se abre una fuente de trabajo es un orgullo y es gratificante saber que los trabajadores pudieron sostener su empleo y de ésta manera demostrar que no necesariamente siguiendo las reglas del mercado, del sistema capitalista, de esa lógica, es necesario para mantener un negocio”.

En la reapertura hubo un emotivo video proyectado en el televisor plasma ubicado en el centro del salón que la empresa recuperada concesiona por un tiempo estimado en diez años, renovable cada tres años.