El hombre no sabe qué hacer con la basura del planeta, cada vez más difícil de manejar por su tamaño y por su complejidad. Nosotros, en nuestras casas, somos grandes productores de basura que no sabemos reciclar: tiramos todo mezclado en la misma bolsa: yerba, plástico, cartón, papel, vidrio. Y lo hacemos porque no hay una conciencia individual del reciclado y porque no sólo los hombres; los estados tampoco saben qué hacer con los desechos.

La excepción a esa regla general se llama Trenque Lauquen, la ciudad que mejor entiende el significado de la palabra reciclar. Reciclar quiere decir volver a poner en ciclo. Por eso aquí se hace la recolección de residuos domiciliarios y patológicos (de los centros de salud públicos y privados), la clasificación, el tratamiento y la venta de material reciclado. En el predio también funciona una huerta, favorecida por el abono que produce el tratamiento de la basura, encargada de abastecer diferentes dependencias municipales como hospitales y hogares.

Raúl Feito es el intendente de Trenque Lauquen. Y es quien conduce a El Federal por la planta de reciclado de residuo sólidos urbanos. Los lunes y jueves llega la basura inorgánica a esta planta llamada PROLIM (Planta de Procesamiento de Residuos Sólidos Urbanos), ubicada en las afueras de esta ciudad conocida por su producción agrícola-ganadera y por la calidad de sus jugadores de polo.

¿Cómo se reciclan residuos que no son biodegradables, o sea, aquellos que el medio ambiente no puede desintegrar por su acción natural? Los residuos llegan en camiones a un depósito cerrado. De ahí pasan a una cinta, adonde los empleados los clasifican y los ponen en un carrito de acuerdo al material y al color.

Se dividen los desechos en vidrio, aluminio, cartón, tipos de papel (blanco, diarios) botellas plásticas de acuerdo al color (verde, transparente), bidones que contuvieron fungicidas, tapas de envases, bolsas de polietileno. “Se vende todo”, explica Raúl Feito, el intendente de Trenque Lauquen. Salvo los fardos hechos con bolsas de polietileno, que los tiene prometidos a clubes y sociedades de fomento: se usan en la construcción. “Hay tribunas de los clubes de la liga trenquelauquense de fútbol que están hechas con este sistema, lo mismo que algunas obras como el acceso Perón. Todo esto se usa para rellenar los bajos y la tierra va encima”, explica Feito.

En el lugar trabajan 40 personas. Tienen hornos pirolíticos, donde se eliminan todos los residuos patogénicos. El municipio recolecta los desechos y se les cobra, a las clínicas,  por este servicio. “Hay clínicas que sacan 30 bolsas de consorcio por día con desechos. Por eso el municipio reparó los hornos y compró un vehículo nuevo, así prestamos este servicio”, explica el jefe comunal.

No sólo se reciclan residuos inorgánicos. Tienen dos piletas de decantación de desagües cloacales. Les hacen el tratamiento de aireación y envían el agua oxigenada y tratada a la laguna del pueblo. “Si seguimos creciendo nos vamos a quedar cortos con estas piletas: está prevista para 80 mil habitantes y somos cerca de 42 mil, pero tendremos que ir haciendo otra”, dice el hombre, previsor.  “Tenemos previsto, en 20 años, duplicar la población”, aporta. Por eso, también, aplicó la ley que dice que el 12 por ciento de los loteos nuevos queden para el municipio. Por eso, urbanizarán 600 hectáreas a quince cuadras del centro de la ciudad, un proyecto que está a cargo de la Universidad Nacional de La Plata.
   
Con los residuos orgánicos y gracias a la ayuda de las lombrices californianas hacen el compost, preciado para la producción de verduras y hortalizas. Lo hacen en el fondo de la planta, donde también hay un vivero y una huerta que provee de verduras frescas a hospitales, hogares y comedores.

Les pagan un peso a los productores para que traigan los bidones con agroquímicos. Los concentran y luego los venden a una persona que luego de tratarlos los recicla. El aceite viejo lo usan para compactar la pista del motoclub. Y tiene en mente crear un centro exclusivo para el reciclado de aceites domésticos, de restaurantes y de estaciones de servicio, para venderlos como base para la producción de biodiesel.

No termina acá la labor recicladora de Trenque Lauquen: a las pilas las ponen en cemento, aisladas, para evitar la contaminación. Y usan esos bloques de cemento en diferentes construcciones.

Grandes ciudades como San Pablo les hacen dividir a sus habitantes los tipos de residuos, entre los residuos biodegradables y los que no lo son. Y la gente se acostumbra a esa dinámica. Porque se trata de aplicar una idea que se acomode a los tiempos que corren, como lo hizo Trenque Lauquen a comienzos de los años 90. Y como deberían copiarse, más temprano que tarde, todos los municipios. Simplemente, para que no nos tape la basura.

 

Fotos: Juan Carlos Casas

Agradecimiento: Carlos Sáenz