Por Matilde Moyano

María Liz Robledo es oriunda de Baigorrita, un pueblo del noroeste de la provincia de Buenos Aires, de 1900 habitantes. En 2013 su hija Martina nació con una malformación congénita: atresia de esófago con fístula traqueoesofágica, una insólita enfermedad que nada tiene de casual, ya que al lado de su casa se encontraba un depósito de glifosato (el herbicida de Monsanto) y otros agroquímicos.

La niña fue operada de urgencia. “Martina fue evolucionando, no tuvo consecuencias que podría haber tenido, más allá de los estudios, de los tratamientos, y las imposibilidades que tiene en el día de hoy de poder llevar una vida normal, normal en el proceso de desarrollo, de socialización (…) porque ella por ejemplo no pudo asistir al jardín de infantes debido a problemas respiratorios reiterados (…) este año hace seis meses que no asiste al jardín y no puede llevar adelante su proceso de socialización primaria porque inmunológicamente está predispuesta para cualquier virus o bacterias que existan en el jardín”, relató María en su declaración en el Tribunal Internacional Monsanto (TIM) que se realizó en La Haya, Países Bajos.

Lo curioso es que “al año y medio, nace en el mismo pueblo otro bebé con la misma malformación, y la doctora me preguntó si estuve expuesta a algún tipo de tóxico (…) y fue en ese momento donde se me aparecieron las imagenes que tuve durante años, al lado de mi casa, el depósito de tarros de glifosato, de agrotóxicos apoyados en la pared lindera de mi casa, la entrada y salida de la máquina fumigadora, chorreando un líquido que hasta ese momento considerabamos inocuo, porque esa es la información que tenemos, que es inocuo, que no hace daño a la salud“.

Mientras tanto, la Cámara de Senadores bonaerense el pasado 6 de julio le dio media sanción a un proyecto de ley que pretende autorizar las fumigaciones con agroquímicos a tan solo 10 metros de centros urbanos, ignorando un fallo judicial de la Corte Suprema que estableció un mínimo de 1000 metros de distancia.

En mi país no somos escuchados, hay algunas leyes pero no son implementadas“, declaró esta mamá en este tribunal, una iniciativa de la sociedad civil internacional para examinar la responsabilidad por las violaciones a los derechos humanos, crímenes contra la humanidad y ecocidio, que cometió esta compañía estadounidense en todo el mundo.

Queremos compartir el testimonio de María Liz Robledo para seguir dando a conocer esta situación de nuestro país que tiene como víctimas a los habitantes de los ‘pueblos fumigados’, pero que nos pone en riesgo a todos, porque como dijo esta mamá argentina, “este sufrimiento se siente en el alma, pero cuando despierta la conciencia no hay marcha atrás, no puede caminar hacia otro lugar que no sea la lucha por la salud“:

“Ahí aparecieron esas imagenes que yo ignoraba, ignoraba como ignora la mayoría de la sociedad argentina, como ignora la mayoría de los habitantes de mi pueblo, que hemos naturalizado el ir y venir de máquinas fumigadoras, el depósito en distintos puntos de la zona urbana”.

Martina no es la única víctima del modelo de agroproducción actual, te invitamos a mirar la obra del fotoperiodista argentino Pablo Piovano, ‘El costo humano de los agrotóxicos‘, que da cuenta del daño a la salud que representa Monsanto desde que se instaló en nuestro país hace ya 20 años; y la declaración del médico argentino Damián Verzeñassi, subsecretario académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), quien expuso en el Tribunal Monsanto trabajos epidemiológicos realizados en 27 localidades de 4 provincias del país.