Por Diego Lanese

En la apertura 2012 de las sesiones ordinarias del Congreso, la presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner anticipó que este año la Argentina tendrá una cosecha de trigo récord, que alcanzará las 16,6 millones de toneladas, superando los números de 2008, año de mayor producción de este cereal. Para esto, es fundamental la segunda quincena de octubre, donde comienza la cosecha en todo el país. Una de las claves para esta época es evitar que algunos fenómenos climáticos, en especial las heladas, puedan afectar al cultivo, especialmente sensible en el momento de floración. Este año, la  zafra tendrá una nueva herramienta para generar una previsión más concreta: el primer mapa de riesgo de temperaturas extremas bajas. Creado por científicos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), este mapa es una aproximación al impacto que tendrán las heladas en el sur de la provincia de Buenos Aires. En esa región, comprendida por los distritos situados abajo del paralelo 36, se concentra el 40 por ciento de las hectáreas totales sembradas en nuestro país. Si bien sus creadores afirman que el mapa por el momento sólo sirve para “cuantificar los riesgos”, se espera que con otros datos permita saber cuánto afecta el frío a la producción final del trigo. Además, la metodología -que incluye lectura de datos históricos e imágenes satelitales -se podría aplicar a otras regiones y otros cultivos.

Zonas de riesgo. Este inédito mapa se basa en el cruzamiento de datos entre temperaturas de superficie e imágenes satelitales, que por primera vez son usados para predetermina las temperaturas del sur de la provincia de Buenos Aires, cuando el trigo comienza la etapa de cultivo. Los científicos del INTA Roberto de Ruyver y Patricio Oricchio estuvieron al mando del proyecto que contó con la colaboración de María Denegri.
Los datos muestran las zonas más factibles de presentar temperaturas bajo cero al sur del paralelo 36, en una basta cuenca triguera que va desde las localidades de Azul y Olavarría hasta Bahía Blanca, Ascasubi y el límite con la provincia de Río Negro. Según los datos, los científicos concluyeron que las zonas de mayor riesgo son aquellas que combinan menor altitud y mayor distancia a la costa del mar. En concreto, se determinó que entre los distritos de Coronel Suárez y General Lamadrid se encuentran las regiones más frías, y por ende más peligrosas para el trigo en esa época de octubre.
Si bien a esta altura del año el país está en plena primavera, la segunda quincena de octubre puede presentar vientos fríos del sur, que hacen que las temperaturas bajen de forma abrupta, en especial a la noche y en las primeras horas de la madrugada. Este fenómeno, aclaran los científicos, se da porque el ingreso de masa de aire frío desde el sudoeste “irrumpe en la región y puede producir situaciones sinópticas que provocan importantes enfriamientos nocturnos”.
Para crear el mapa, los científicos tomaron información de dos fuentes: las estaciones que el INTA tiene en la región y las imágenes satelitales. Las primeras abarcaron datos desde 1961 a 2008, lo que les permitió hacer un promedio de las temperaturas en esa época del año. En tanto, a través del satélite NOAA se fotografiaron unos 134 días, de 2005 a 2008. Las imágenes se tomaron en horarios previos y cercanos a la salida del sol.
Según afirman los autores, si bien los datos sobre las zonas más riesgosas son concluyentes y concretos, deben tomarse como cuestiones generales, ya que dentro de una misma área pueden darse situaciones climáticas distintas. En este sentido, De Ruyver explica. “Esta definición de riesgo es una generalidad. Las zonas que se enfrían más son las más bajas, porque el aire frío tiende a ‘drenar’ a los territorios deprimidos. Pero es válido para el subconjunto (la región sur bonaerense): en cada localidad hay diferencias.”
Según datos del Ministerio de Agricultura de la Nación, en la provincia de Buenos Aires se concentra el 58,7 por ciento de las hectáreas totales cosechadas con trigo. Esto equivale a más de 3 millones de hectáreas, que anualmente son sembradas. De este total, el 72 por ciento está en el sur bonaerense, por debajo del paralelo 36, donde el estudio del INTA centró su trabajo. Por eso  la importancia de un estudio que además determinó que “a partir de este análisis se pudo concluir que el área con temperaturas mínimas extremas promedio que pueden ser perjudiciales para el cultivo de trigo es importante, ya que cubre el 44,3 por ciento de la región”.
Radiografía del trigo. Por sus características, el trigo es considerado un “cultivo de invierno”, por lo que es muy sensible a las heladas, en especial en la época que abarca el mapa. “En la segunda quincena de octubre el trigo está en floración, el momento en que todo cultivo tiene tejidos en crecimiento muy sensibles al frío”, describe Pablo Abbate, ingeniero agrónomo y docente de la Universidad de Mar del Plata. Especialista en producción vegetal, Abbate asegura que a diferencia de los cultivos de verano como maíz y soja (que no resisten heladas en ninguna etapa de su desarrollo), “la planta de trigo en pasto tolera heladas, es bastante resistente, pero en floración no, entonces la idea es que esta se produzca  en épocas donde hay menos probabilidad de temperaturas bajas”.
El especialista recuerda que de los riesgos climáticos, uno de los más preocupantes a la hora de producir trigo es la helada, pero no es la única. “Puede haber golpes de calor, en la etapa del llenado del grano, que se da más frecuentemente en la zona oeste de la provincia; falta de agua o sequía, que es el más generalizado en nuestra producción triguera; y una granizada ocasional”, enumera Abbate, quien además es investigador del INTA Balcarce, donde es jefe del denominado Grupo Trigo.
Si bien este estudio tiene una aplicación todavía difusa, algunos parámetros pueden ayudar a intuir el impacto de conocer las zonas más propicias para heladas. La guía 2010 para heladas de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), por ejemplo, establece que “aumentar las capacidades de la predicción oficial hasta el nivel de la ‘predicción perfecta’ aumentaría los valores relativos (de las cosechas) entre un 18 y un 23 por ciento”.
Por su parte, Abbate recomienda: “Calcular para cada zona qué probabilidad de helada hay en determinada fecha, y ubicar la floración del cultivo en un momento de probabilidad baja”. Por eso, insiste, tener un mapa como el que elaboraron De Ruyver y sus colegas “es de gran ayuda”. Pero todo esto se da en la etapa de planificación. Una vez que el trigo está en tierra, la cuestión es más complicada, ya que al ser un cultivo intensivo la idea es hacer “mucho y barato”, sin necesidad de grandes estructuras o sistemas de protección (como sí hacen, por ejemplo, los productores vitivinícolas para evitar daños de granizo). Tampoco se puede hacer que la floración sea en época de verano, porque hace perder rendimiento. “Uno tiene que asumir cierto riesgo, pero hay que tratar que sea lo más bajo posible”, concluye Abbate, quien asume que un 10 por ciento de probabilidad de sufrir heladas es aceptable. “Que de cada 10 años uno se vea afectado por la helada es algo que está bien, haciendo las cosas correctamente”, remarca. Un número alentador que el nuevo mapa del INTA podría bajar a niveles cercanos a la perfección.