Memorias del viejo Chaco

 

Es Entre Ríos un provincia que ha tenido una impronta importantísima en la construcción de la Nación; desde allí llegó a Buenos Aires el Ejército Grande de Urquiza, quien derrotara luego a Rosas en Caseros. Y es aquella tierra de gauchos y buenos jinetes, con una forma propia de ensillar sus montados, y una guapeza absoluta.

 

“En nombre de los Ríos” es el libro que escribiera Osvaldo Ramón Ríos para contarnos la vida, anécdotas y desarrollo de su familia, una familia con historia.

 

Baile en Charata.

 

Uno de ellos fue Florencio Ríos, quien contaba:

 

“Un sábado a la noche que había un baile en la localidad de Charata (Chaco), ensilló su caballo, se empilchó bien y partió rumbo al baile; cuando iba cruzando un paraje que se llamaba ¨el Pueblo de los Loros, o Loro Blanco¨ (nombre dado al árbol de peteribí y por la gran cantidad de éstos en el lugar), en pleno monte chaqueño vio unos bultos que se movían en medio del camino; la noche era oscura, el caballo se asustó y no quería avanzar; lo animó como pudo pero tampoco avanzaba; sacó un revólver, gatilló y no salió ningún disparo, gatilló dos o tres veces más con el mismo resultado; entonces pensó bajarse del caballo y atropellar a pie, pero reflexionó que si hacía eso el caballo iba a huir y lo dejaría a pie en medio del monte y de la noche, entonces gatilló otra vez su revólver y tuvo suerte pues el disparo salió.

 

Los bultos se movieron, el caballo se animó y cruzó por ese lugar; anduvo un trecho hasta llegar al baile donde contó lo que había sucedido. Los dueños de casa no lo dejaban llegar a la luz porque creían que se iba a enloquecer o a desmayarse producto de sus creencias.

 

El baile se realizó esa noche pese a que se venía una tormenta, pero al final no llovió nada. Cuando fue a buscar su caballo a la madrugada, se lo habían largado en un corral muy grande y tuvo que esperar a que aclarara para agarrarlo y ensillarlo.

 

Aquella mañana montó y salió rumbo a su casa y al llegar al ¨Pueblo de los Loros¨, encontró en el lugar donde había visto esos bultos la noche anterior, unas manchas de sangre y bosta de vaca; unos días después se enteró que en el campo de un vecino había una vaca herida…, este es uno de los tantos casos que bultos o fantasmas en la noche asustaban a la gente que se animaba a transitar por el ¨impenetrable¨, eran las supersticiones que urdían en las fantasías del paisanaje ”.

 

Pero son muchos los cuentos que la vida en la campaña generan: “También recordaba que en el ¨Pueblo de los Loros¨ se acostumbraba a colocar los cadáveres de los indios que morían por esos parajes, encima de los árboles, póstuma tarea que realizaban los familiares de éstos, sobre los que también se tejían muchas leyendas por parte de la gente que habitaba en esa región.

 

30 toneladas

 

Por último, entre tantas anécdotas que contaba don Florencio, se puede rescatar aquella ocurrida en 1930, cuando fue encontrado un aerolito en un lugar llamado ¨Mesón de Fierro¨. Pesaba más de treinta toneladas, lo desenterraron y trajeron una locomotora con vagones para llevarlo, pero no lo lograron, porque al cargarlo, el chasis del vagón se dobló por el peso. Así pasaron las experiencias de don Florencio Ríos…”.

 

El revólver roto.

 

Pero había más, y el autor cuenta: “En esa estancia (donde vivía en tiempos de aquellos relatos) trabajó como chofer hasta 1933, año en que mi abuelo Faustino Ríos fue dejado en libertad; su hijo Florencio viajó hacia Entre Ríos con la finalidad de encontrarse con él.

 

Tenía la intención de quedarse unos días pero las circunstancias hicieron que jamás regresara al Chaco. Allá quedaron sus pertenencias, algunos muebles y lo que más se lamentaba era su revólver Colt calibre 38. Era un arma que siempre lo acompañaba en sus viajes, pero aquella vez lo dejó porque andaba mal la púa al gatillar del percutor…”.