El otoño y el invierno son los momentos del año más propicios para podar nuestras plantas, pues es cuando comienza el período de aletargamiento para la mayoría de ellas. Este período de descanso metabólico significa provocarles un menor impacto traumático al extirparles parte de su estructura leñosa. En las plantas caducifolias antes de caer las hojas, se almacenan en ramas, tallos y raíces, sustancias de reserva, como el almidón, muy ricas en energía y que son producidas fundamentalmente por las hojas. Si se cortaran las ramas con hojas, la planta dispondría de menor cantidad de esas sustancias energéticas acumuladas para desarrollar su nuevo follaje durante el rebrote o para florecer.
Sin embargo, también se puede podar durante el resto del año, dependiendo del estado vital del ejemplar y del tipo de poda que se practique. En general, los momentos óptimos para podar los árboles y arbustos que florecen en verano es a fines del invierno hasta principios de la primavera. Los árboles y arbustos que florecen en primavera es conveniente podarlos luego de la floración, fines de la primavera y principios del verano. Para los árboles y arbustos que florecen en otoño e invierno el mejor momento es luego de la floración y hasta fin de la primavera. Los tallos y ramas muertas, muy largas, enfermas, mal formadas o rotas, flores y frutos de mala calidad se erradican durante todo el año, en cualquier momento y cuanto antes, mejor.

Detalles. Se practican frecuentemente cinco tipos de podas:
1- Poda de formación
2- Poda de limpieza
3- Poda de rejuvenecimiento
4- Poda de acortamiento
5- Poda de raleo
La poda de formación se practica en los ejemplares jóvenes con el propósito de darle la forma más adecuada a la utilidad que se persiga. También es posible ejecutarla en ejemplares adultos que se encuentran seriamente deformados por diferentes causas. Por ejemplo, la formación de árboles para la calle en que se quitan las ramas más bajas y se deja la copa bien alta; la formación de árboles frutales; los rosales de pie alto; los arbustos que se transforman en arbolitos; etc. Se realiza en el momento de dormición o de menor actividad metabólica de las plantas. Además es mucho más práctico ejecutarla en las plantas de hojas caducas pues al estar desvestidas del follaje se ven con claridad todas sus ramas y el diseño particular de su estructura.
La poda de limpieza consiste en  quitarle a la planta todas las partes secas, mal formadas, dañadas y enfermas o que no les son útiles al ejemplar, como sucede con los frutos de los rosales.   
La poda de rejuvenecimiento se practica sobre ejemplares decrépitos, maltratados, muy enfermos o malformados, aún sobre los muy viejos, que corren serios riesgos de morir. Ante esas circunstancias se los poda drásticamente reduciendo la parte aérea hasta unos pocos centímetros del suelo con el propósito de regenerar toda la copa a partir de los nuevos brotes vigorosos.
La poda de acortamiento se realiza sobre aquellos ejemplares en que le han crecido o desarrollado tallos o ramas más de lo previsto. En estos casos se le acortan las ramas para llevarlo al tamaño o largo que se pretende para que no causen molestias o para favorecer la densificación de la copa. Por ejemplo, el corte de las ramas jóvenes de un seto, de un rosal de pie bajo, entre otros.
Las podas de raleo consisten en eliminar algunos tallos o ramas y parte de las flores y los frutos, que por la cantidad la planta no puede mantener con buena forma y calidad. Se practica frecuentemente en frutales, herbáceas de flor para corte, rosales, arbustos rizomatosos como las corona de novia, membrillero de jardín, abelias, entre otros.