Por Sonia Renison / Fotos Alejandro Guyot

El cartel es de madera y está pintado a mano. Anuncia: “Vendo muebles artesanos”. Estamos junto a la ruta 101, hay una de tierra roja, casi bordó, que conduce hasta la primera construcción de madera donde se escucha la sierra eléctrica quitándole viruta a la madera. Pero desde los escalones, salta y corre un pequeño de tres años, bello y rubio, que se frena de golpe y mira a los intrusos de la revista “El Federal” que se acercan curiosos por los muebles. El chiquito vuelve a la casilla corriendo. Los cronistas explican al padre su interés por los muebles. Entonces, Marcos Schlabitz se corre el barbijo, se lo deja como un bonete sobre la cabeza y recibe amablemente a los periodistas.

El misionero cuenta que, desde siempre, trabaja con las maderas de retazos y troncos que le lleva la gente del campo. Hay de todos los tonos, aunque en esta región sobresale el palo rosa, pues la madera tratada, alisada, trabajada, muestra un tinte fucsia sobre beige muy particular. Hay mesas, sillas, juegos de living, sillones de madera maciza. Y hasta sorprende ver la cantidad de madera utilizada para cada mueble. Los hace a pedido, pero siempre pasa un turista y le compra uno.

Los autos, los kartings, los camiones con los que juega el pequeño, llamado Alejandro, también los fabrica él. Y sale corriendo el chiquito hacia su karting. Un auto con unas ruedas enormes, un volante y pedales. Sabe perfectamente de qué estamos hablando. Marcos sonríe. Y acota que el pequen?o quiere estar cerca de e?l. Por eso le prepara una madera y una lija especial para su taman?o, para que haga como que trabaja la madera. “Pero es peligroso, tengo que estar muy atento, hay cables de las herramientas ele?ctricas que uso y la sierra misma es peligrosa, pero e?l es obediente”, dice con dulzura. Y lo mira. El pequen?o se apichona bajo su brazo y mira a las visitas au?n con desconfianza. Lleva el rostro con manchas de tierra y pegamento y anda con lo que él cree una espada, pero de madera.

Otros tonos de maderas revelan el corazo?n de otras especies de a?rboles como el canelo y el parai?so. Entre los precios al pu?blico, un silloncito para un nin?o cuesta alrededor de 150 pesos. El juego de mesa con sillo?n para un living, 1500 pesos. Adema?s, la chacra que rodea a su casa y a la carpinteri?a, la utiliza para la cri?a de vacas, mandioca, un poco de tabaco y madera, cuenta Marcos y tranquilamente saluda a las visitas que trepan al vehi?culo y retoman la travesi?a por la Ruta de la Selva.

Ahi? noma?s, en una especie de colina que trepa el camino, se ve la cima pelada, como si alguien lo hubiese podado con violencia. Es un hueco en el verde hondo de la selva. “Son campos privados que todavi?a desmontan para vender la madera y utilizar el campo limpio para agricultura”, explica el especialista que gui?a a El Federal, Hugo Ca?mara, hombre del a?rea de Desarrollo Turi?stico de Comandante Andresito. Hugo disen?o? el plan maestro de desarrollo sustentable para la regio?n.

Fuera de la pequen?a porcio?n que puede significar una chacra, los datos a nivel nacional de forestacio?n e industria registran en la Argentina un crecimiento que redujo casi el 50 por ciento de las importaciones. Según los datos del Ministerio de Producción de la Nación, entre 2003 y 2010 el empleo en la madera crecio? en forma sostenida, sobre todo en el sector muebles, que incremento? su plantilla laboral en un 84 por ciento, mientras que el sector maderero en general lo hizo en un 42 por ciento. Andresito es un ejemplo de ello, pues continu?a trabajando en la reforestacio?n de tierras; desde 2005 tienen ma?s de 10 mil hecta?reas forestadas.

Más info:
Turismo Andresito
www.turismo.gov.ar
www.misionesonline.net
03757-497376