El tendido de la red eléctrica que pasa por el ecositema que habita el águila mora resultó la causa de la muerte de un centenar de estas aves que se hayan en peligro de extinción. Especialistas del Centro para el Estudio y Conservación de las Aves Rapaces (CECARA) aseguraron que debido a las quemaduras que presentan en sus extremidades la electrificación del cableado determinó la muerte de estas aves.

El hecho ocurrió en el área en el que se ubica el tendido de cables que une las localidades de Chacharramendi y La Reforma. El Centro para el Estudio y Conservación de las Aves Rapaces y el Insittuto de las Ciencias de la Tierra y Ambientales de La Pampa fueron los que difundieron y confimaron la noticia. Estas dos Instituciones se hallaban trabajando en la zona casualmente para tratar de investigar un poco más sobre esta ave que suele ser muy querida por productores y habitantes de los pueblos ya que come roedores. 

“Considerando los poco más de 40 kilómetros de tendido eléctrico que transcurre a la vera de la Ruta Provincial 20 en el tramo comprendido entre ambas localidades, los investigadores han contabilizado casi un centenar de individuos muertos por electrocución. La mayoría de las aves afectadas correspondieron a águilas moras. La presencia de quemaduras, sobre todo en las extremidades, permitieron confirmar la electrocución como el factor de mortalidad”, informó José Hernán Sarasola, del Conicet.

La mano del hombre es un factor determinante en la vida de estas aves, los cableados eléctricos que pasan por el desierto pampeano son usualmente usados por ellas para posarse, muchas veces descasan allí y otras veces usan los cables para tener una mayor visión sobre su territorio.

“Se desconoce mucho sobre estas aves, hay gente que las caza por deporte o incluso las tienen como pájaros de mala suerte. Lo cierto es que las matan y son aves que está prohibida su cacería porque están en peligro de extinción”, comenta un integrante del CECARA, trayendo a la luz otro grave problema que tienen no sólo el aguila mora, sino muchas de las especias que son blanco de la caza furtiva. 

Ya se por la caza o por la necesidad del hombre de trasladar energía, nuestra presencia en el medio ambiente tiene consecuencias daniñas. Para que la electricidad llegue a la ciudad, se cobra antes algunas vidas, en este caso de especies que tienen un número finito de ejemplares. Un día se encenderá una estufa pero también se habrá muerto la última águila mora.