Perteneciente a la familia botánica de las liliáceas, la cebolla es originaria de Asia central, del Cercano Oriente y parte de la región mediterránea. Ya se cultivaba en Egipto, según consta en grabados de la época que datan de 3.200 a 2.700 anos AC. Y, según la Biblia, la cebolla constituía uno de los alimentos de los israelíes durante su cautiverio en Egipto. En la actualidad se consume el bulbo, tanto crudo como cocido, como encurtidos o deshidratada para sopas o en polvo, esta ultima forma denominada sal de cebolla.
Si bien es una especie perenne, se la cultiva como anual. La Valencianita es la más cultivada para consumo directo, que es temprana y más alargada que las otras variedades. Sus raíces son fibrosas, blancas y abundantes, superficiales y profundizan hasta los 50 cm. El tallo, como en la mayoría de las bulbosas, esta reducido a un disco o platillo con entrenudos muy cortos que almacena muy poca cantidad de sustancias de reserva.
Las yemas se encuentran en el nudo central del disco y en sus costados o axilares. De allí emergen los tallos florales, que pueden llegar hasta 20 en un solo bulbo. Las hojas interiores del bulbo son carnosas y comestibles, llamadas catáfilas, y las externas son membranosas, en número de 6 a 7, que lo envuelven y protegen a modo de vainas para evitar que se desequen.
Cada hoja nueva emerge a través de la anterior por una hendidura en la vaina. Las flores son blancas y frecuentemente aparecen durante el segundo período vegetativo. En esa inflorescencia suelen formarse algunos bulbillos. Los frutos son de color oscuro y seco, que, al madurar dejan caer las semillas negras. Para evitar que se pierdan antes de su madurez total, se les coloca una bolsita, atada al tallo que sostiene la flor, y se recogen allí.
Para que el bulbo comience a formar flores, es necesario que los días se vayan acortando. Este estímulo es captado por las hojas, que también son sensibles a las temperaturas, cuyos mayores efectos se logran entre los 13 y 24º C. Cuanto mayor es la temperatura, mas rápido se forman los bulbos.

Características. Requiere suelos sueltos, preferiblemente arenosos con alto contenido de materia orgánica, y ácidos cuyo PH se encuentre entre 5,8 y 6,5. No soporta los suelos anegados, pues muy susceptible a las enfermedades fúngicas y bacterianas que atacan al bulbo, pero sí es muy sensible a la falta de agua por su poco profunda y muy densa cabellera radical. Los riegos deben cortarse al comienzo de la maduraci6n del bulbo para evitar un segundo crecimiento radical. Es una especie exigente en nitrógeno, fósforo y potasio.
El método de implantación más económico es por semillas, que se siembran en surcos a raz6n de 3 a 4 gr por metro cuadrado de almácigo. Con esta cantidad se obtienen aproximadamente unas 800 plantas suficientes para cubrir, una vez transplantadas, unos 25 m de terreno. El transplante se realiza al final de la época fría, distanciando los surcos a 25 a 40cm y las plantas entre 10 y 15 cm. En el momento del transplante, es conveniente cortar algunas hojitas para evitar que sufran deshidratación y mueran. Con la ayuda de un palito se ahueca la tierra y se coloca cada plantita y se aprieta en su derredor para que entre en íntimo contacto con el suelo. En la plantación también se pueden utilizar bulbillos.
Las semillas pierden normalmente entre el 30 y 50 por ciento de su poder germinativo en un año y entre el 50 y 100 por ciento en dos. Se las debe conservar almacenadas entre 0 y 2° C, en sitios oscuros y en envases herméticos para que conserven su poder germinativo por más de siete años. Se cosechan cuando las hojas se secan. Se descalzan con la ayuda de una pala o escardillo y se levantan a mano. Se las lleva a un lugar soleado y ventilado y se las deja allí para “curarlas”, que significa completar el secado del cuello donde se insertan las hojas y de las catafilas exteriores hasta que tomen el color amarronado anaranjado o cobrizo característico.
La plaga mas frecuente son los trips, insectos que tienen un aparato bucal raedor que van trazando surcos irregulares en las hojas hasta desmerecer la planta y luego el cultivo. El bulbo contiene aproximadamente 88 por ciento de agua, 1 por ciento de proteínas, 0 por ciento de grasas y 10 por ciento de hidratos de carbono. El olor característico de la cebolla se debe a un aceite volátil, el bisulfuro de propil- alilo.