“¿Ustedes van a querer conocer sólo el casco urbano o también tienen tiempo para ir al campo?”, pregunta Marta Canelo en el celular. Ella trabaja como delegada municipal en el pueblo de La Limpia. En unas horas, El Federal arribará al final de “Los Caminos de la Recuperación”. Esta gira de 12 notas ideada y producida por Leandro Vesco de la ONG Proyecto Pulpería, tuvo de todo. Una de las claves en los viajes es conocer primero, preguntar después. “Vamos a querer conocer todo lo que ustedes quieran mostrarnos”, se le responde a Marta. Y la respuesta la deja tranquila…Al menos por ahora.
Bienvenidos, compañeros. Amanece con sol y es una mañana perfecta en la campiña. A La Limpia son unos 12 kilómetros de tierra desde la ciudad de Bragado. Después de dar algunas vueltas, dos mujeres que viajan en un auto medio destartalado indican cómo llegar.
La Limpia hace honor a su nombre. Las calles, la plaza, los árboles: todo reluce. A las nueve en punto, Marta Canelo da la bienvenida en la puerta de su casona y empieza a contar todo sobre su querido pueblo.
Canelo empezó a trabajar como delegada municipal en 2007. Cuenta que “antes no había” y por sus comentarios resulta obvio que la mujer está orgullosa de su gestión. En la estación, Canelo tiene la oficina, que queda a pocos metros de la casa, cruzando la calle. Allí logró hacer funcionar una unidad sanitaria con médico generalista y consultorio odontológico. En La Limpia viven unas 15 familias y el tren (de pasajeros y de carga) sigue pasando. Llega los viernes a las 23,30 y sigue viaje para Lincoln. Los domingos vuelve a pasar a las 16,45 para ir a la estación de Once. Tarda en llegar unas 4/5 horas y, en especial, lo toman estudiantes. La estación no tiene empleados.  
“Llegamos con mi marido a La Limpia hace 34 años. Él trabajaba en una empresa constructora y un día vino y me dijo que había encontrado nuestro lugar en el mundo. Así que nos vinimos”, recuerda Canelo. En aquella época vivían en el lugar unas 200 personas, ¨había un ranchito al lado del otro”. Al marido le encantaba ir al Club Atlético Victoria. Hoy, el club abre sólo los domingos y lo atiende una familia. Van unas 40 personas a jugar a las bochas, a las cartas, a comer tortafritas y choripanes. La Limpia “es así de tranquilito todos los días”, salvo cuando organizaron la carrera de “cupecitas” y se lleno de espectadores. A la escuela van solo 11 alumnos.
Canelo cuenta que trabaja duro para que todo esté tan lindo. Su mano derecha es “El Negro” Mansilla aunque también que cuenta con el apoyo del intendente de Bragado. “Cuando en la municipalidad me ven llegar, se esconden porque saben que no paro de hacer cosas”, comenta y sonríe. Canelo consiguió que instalaran internet libre para 20 kilómetros a la redonda, que arreglaran los caminos y la plaza. “Nos falta un camino consolidado para poder entrar y salir con lluvia y también nos falta almacén”, explica. “Pero el consolidado lo voy a conseguir pronto, como el agua potable de red”, dice otra vez mostrando determinación.

Familias rurales. A pocos kilómetros del casco urbano funciona un Centro Educativo para la Producción Total (Cept). Estas secundarias rurales, se basan en un sistema de posguerra francés y son espectaculares. Gustavo Bartolomé es el director desde su creación hace 5 años. “El primer año y medio no teníamos ni luz”, recuerda. Hoy tienen 50 alumnos que vienen de 100 kilómetros a la redonda. Los chicos van una semana internados y las dos siguientes vuelven a aplicar los conocimientos en su hogares. “Es una forma de militancia, de apoyar las economías familiares y crear soberanía alimentaria. Nuestro último orgullo es la camioneta que nos donó Presidencia para llevar y traer a los alumnos”, dice Bartolomé y la saca del galpón para enseñarla.
Los docentes del Cept asesoran a las familias para que mejoren su producción y calidad de vida. Para dar una idea, hasta lograron organizar a los productores para vender en la feria de Bragado y cerrar el circulo virtuoso. En el Cept invitan chocolate, pastafrola y se prueban unos bocaditos de acelga deliciosos.