Por Diego Lanese

Pese a ser una de las zoonosis con mayor índice epidémico en el país, la leptospirosis es una de esas enfermedades “fantasmas” que circulan sin mayor difusión. Extendida en todo el territorio nacional en los últimos años, está considerada una enfermedad profesional por ley desde 1996, una amenaza para todos los trabajadores rurales, poceros, recolectores de basura, cartoneros, veterinarios e integrantes de las Fuerzas Armadas, entre otros muchos.
Con un período de incubación que va de los cuatro a los seis días (aunque en algunos casos puede tardar un mes), la leptospirosis es transmitida por el ganado, los perros y, sobre todo, por las ratas. En sus casos más graves causa insuficiencia renal, fallas hepáticas, meningitis y hasta hemorragias en el pulmón.
En 2007, según datos de la División de Zoonosis del Hospital Muñiz, el 98 por ciento de los casos se concentraron en tres provincias: Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe. Hoy, los especialistas advierten que no hay zonas del país libres de la bacteria. Por eso la necesidad de mejorar su prevención, en especial porque en los últimos años la letalidad aumentó.

Riesgo profesional. La leptospirosis es una zoonosis bacteriana y, por lo tanto, necesita de animales (roedores, perros, animales de cría como ovejas, cerdos o caballos), como reservorios, que eliminan la bacteria por la orina. Cuando una persona toma contacto con este ambiente contaminado, penetra a través de la piel o las mucosas, provocando el contagio. “Es una enfermedad aguda que se manifiesta con fiebre, dolores musculares intensos, de cabeza, abdominal, a veces presenta diarrea y postración por los dolores intensos”, describe Alfredo Seijo, titular de Zoonosis del Hospital Muñiz, de Capital Federal. “Puede comprometer varios órganos: agresión al hígado en forma de ictericia, puede evolucionar a una meningitis similar a la que producen algunos virus, una enfermedad renal severa que exige dializar al paciente y manifestaciones pulmonares que hoy son las más graves. La mayoría de los enfermos presenta hemorragia del pulmón, que tiene una tasa de mortalidad muy alta”.
Si bien Seijo advierte que las épocas de lluvias y calor son más propensas para los contagios, dice que los profesionales están en riesgo todo el año. “Hay lugares que tienen mayores probabilidades, por diversos motivos: características del suelo, animales contaminados. Pero esta es una enfermedad de distribución mundial, no hay ningún continente donde no se halla registrado.” Por esto, desde 1996, a partir de la ley 24.557 y el decreto 658, la leptospirosis es considerada “enfermedad profesional”, es decir, debe recibir cobertura de la Aseguradora de Riesgo del Trabajo.
Con la expansión de la enfermedad, se registró un aumento de la letalidad, siempre difícil de calcular, ya sea por la falta de diagnósticos precisos como por la variedad de cepas. En este sentido, el especialista remarca que la mortalidad “depende mucho de la cepa circulante”. Recuerda que en 2003, en la inundación de Santa Fe, fue la enfermedad que más problemas causó, con 1.800 casos sospechosos. En esa oportunidad no hubo mortalidad. En 2011 hubo muchos menos casos, pero se calcula que en un sólo mes fallecieron entre 10 y 15 personas por leptospirosis. “Está cambiando la epidemiología o las formas clínicas de la enfermedad. También en las presentaciones clínicas y en la letalidad que hace unos años era baja y hoy no podemos decir lo mismo”, se lamenta Seijo.

Expansión territorial. Si bien hay coincidencia de que el eje Buenos Aires-Santa Fe-Entre Ríos es hoy el principal corredor de la enfermedad, se estima que no hay provincia que no tenga leptospirosis en humanos o animales, incluyendo zonas frías como la Patagonia, antes consideradas libres. Es que la leptospira -bacteria que causa la enfermedad- sobrevive incluso en agua fría, y puede estar hasta 70 días en el lugar. 
Desde que en el 2000 se detectaron los primeros ocho casos, Entre Ríos fue declarada “zona endémica”, por lo que trabaja en la prevención de una enfermedad que suele afectar a pescadores y trabajadores rurales. Los casi 100 casos del año pasado fueron un pico provincial. “En la zona costera es donde más casos tenemos: Diamante, Victoria, Gualeguaychú”, explica Silvina Saavedra, directora de Epidemiología de Entre Ríos. “La mayoría de los casos que tenemos están relacionados con los problemas ambientales, por ejemplo, con el agua que queda estancada luego de la lluvia y que contiene la bacteria”. Por eso, el Ministerio de Salud local viene trabajando en dos frentes: por un lado, una recomendación con los municipios más afectados para hacer prevención, además de hacer hincapié en el saneamiento ambiental.
Sobre la mortalidad, Saavedra coincide con Seijo en que es difícil calcularla. En el caso de Entre Ríos, el mejor diagnóstico dio visibilidad a los casos, que desde 2000 se dispararon. “Los métodos de diagnóstico fueron cambiando. Avanzamos en la detección de casos que antes eran sospechosos. No podemos decir que aumentó la mortalidad, hay que ver casos antiguos y ver si tenemos más casos o es la misma cantidad que antes sólo que quedaban sin confirmar”, alerta Saavedra. En este sentido, Entre Ríos compró equipos para mejorar los diagnósticos.

La vacuna. A fines de los noventa, Cuba puso en marcha una vacuna contra la leptospirosis en humanos. Desarrollada por el Instituto Finlay de La Habana, la vacuna vax-SPIRAL se probó en 1997, y según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), “se mostró segura y eficaz para el control de la leptospirosis”, por lo que se recomienda su utilización para prevenir esta enfermedad en los grupos en riesgo, como los trabajadores expuestos. Recién en 2006, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) le dio el visto bueno al fármaco, que pese a todo no se usa demasiado en el país. Además de este producto, hay dos vacunas para animales, muy utilizadas por los veterinarios. “Hoy la vacuna para humanos está disponible para los grupos de riesgos de la enfermedad y para zonas marginales, que sufren inundaciones y tienen problemas en el control de perros y roedores. Hasta tanto no se solucione el problema habitacional o el problema socioeconómico sería una solución contra la enfermedad”, reconoce Alfredo Seijo.
Hasta la fecha no hay ningún programa establecido o en ejecución para utilizar la vacuna cubana. “Es una lástima”, lamenta Seijo. En 2008, Entre Ríos inició un plan de vacunación masiva, junto con tres partidos del Conurbano: Florencio Varela, San Martín y Tigre. “Fue muy difícil, esta es una vacuna que genera dolor, algunos efectos colaterales, y se complicaba la aplicación de la segunda dosis, sobre todo el convencimiento a las personas”, admite Saavedra.

En las sombras. A nivel nacional, no hay un programa que coordine la lucha contra la leptospirosis, cuya gravedad parece oculta pese a la gran cantidad de profesiones que amenaza. Incluso en las zonas endémicas hay poca difusión, entre los profesionales en riesgos y los habitantes en general. “La leptospirosis tiene una denuncia de casos anual, permanente, que se incrementa cuando existen inundaciones. Con todo eso no parecería que haya un alerta en la población, que a veces desconoce la existencia de la enfermedad, y ni siquiera la considera en niveles profesionales. Por lo general, cuando aparece un brote es imprevisto y si no se toman las medidas adecuadas suele ser muy extenso”, se queja Seijo. El especialista del Hospital Muñiz calcula que por año puede haber unos 700 u 800 casos notificados, lo cual supera en mucho a otras enfermedades más conocidas o con más repercusión a nivel social, como el dengue, que desde 1997 y hasta la actualidad causó seis muertos en el país. En tanto, sólo el año pasado la leptospirosis produjo más de 15 muertes. Una realidad que se mantiene en la sombra.