Por Sonia Renison. Editora de Viajes y Turismo.

Es un ecosistema de gran riqueza. Basta con saber que un pingüino de Magallanes puede capturar hasta 900 presas por viaje de alimentación en la época de cría para medir su riqueza. Cada viaje puede durar entre 24 y 40 horas. Con una capacidad de captura de 70 piezas por hora debajo del agua se calculan unos seis kilos de pescado por viaje. Si se tiene en cuenta que la mayor colonia magallánica continental (Punta Tombo, Chubut), donde habitan un millón de ejemplares, el consumo aproximado ronda las 200 o 300 toneladas por día que. Un 1,5 millones de toneladas por día. Un almacén de casi 40 mil kilómetros cuadrados.

 La razón por la que todos estos bichos llegan aquí es por la riqueza de alimento que lo habita -entre otras condiciones- y que lo convierten en un polo de riqueza mundial en todo sentido. “Allí van lobos y elefantes marinos, pinguinos y hasta japoneses y filipinos. Es el mayor almacén del mundo”, nos cuenta el científico argentino José Luis Esteves para destacar a este agujero azul de 300 kilómetros ubicado el este de la costa chubutense.

 En el marco del proyecto de reelevamiento -que coordina junto con su colega Gustavo Ferreyra (doctor en Oceanografía y coordinador científico por Canadá del Buque Coriolis II)-, desgrana las claves que propiciaron el anaálisis del territorio y que están comtempladas en el Programa multidisciplinario de estudio del ecosistema y la geología marina del Golfo San Jorge y de la zona costera de la provincia de Chubut. “Es la primera campaña oceanográfica de la historia del país. Permite investigar qué pasa en el golfo, considerado uno de los sitios de mayor riqueza del mundo”.

 Son 39.340 kilómetros cuadrados los que abarca el ambiente marino donde se produce el desove y desarrollo de invertebrados y peces; es relevante para la pesca artesanal e industrial y escenario de la industria petrolera marina llamada off shore. Y aquí hay otro quid de la cuestión. Aunque este no sea el eje los científicos destacan: “cualquiera sea al decisión de explotación que se tome queremos que se haga en las mejores condiciones posibles”.

 La campaña es de carácter oceanográfico, geofísico y geoquímico y biológico y su importancia también radica en que la promueve el Ministerio de de Ciencia y Tecnología e innovación Productiva de la Nación, la Universidad de Quebec (Canadá), el CONICET y la provincia de Chubut a través de u convenio firmado en agosto del último año. La universidad canadiense participa con el buque científico Coriolis II y todos los equipos técnicos de última generación. A eso se suman 40 científicos y estudiantes argentinos a bordo, que se distribuirán en cuatro etapas donde se trabajará durante un mes las 24 horas corridas, lo que demanda una tripulación de 14 personas.

 El proyecto requiere una inversión total de 6,5 millones de pesos. La campaña comenzará el 26 de enero y se extendería durante quince años, tiempo suficiente para analizar los comportamientos climáticos y su incidencia. “Es importante formar gente en ese tiempo”, advierten casi a duo. Una perspectiva oceanográfica integrada es parte de los objetivos del proyecto. “A los los efectos de los derrames de hidrocarburo, hay que responder con un programa de monitoreo a largo plazo basado en mediciones identificadas a partir de los resultados de las dos primeras instancias de la investigación y el calentamiento global, así como también los efectos de la interacción entre ambos factores”, condensa un informe Esteves. Para tener una idea cabal de lo que se juega, apuesta Ferreyra:  “el cincuenta por ciento de la producción petrolera pasa por allí”.

 Los científicos explicaron que el estudio en el área determinaría escapes naturales de gas o de petróleo bajo el mar. Se podría dar con datos de pinguinos empetrolados sin que haya derrame accidental. También se podría analizar la invasión de especies exóticas como la que produce la llamada marea roja

 La magnitud del proyecto comtempla nueve proyectos mas, como el que dirige la directora Dolores Elikn junto al primer equipo de arqueólogos submarinos del Conicet y que pretende ubicar a embarcaciones antiguas que yacen en el fondo del mar.