Juan Enrique Farías Gómez, el nombre completo del Chango, estaba enfermo desde hace unos años y aunque en la semana hubo partes médicos que pronosticaban una mejoría, su estado empeoró y el final del 24 de agosto es conocido. Pero como el Chango siempre fue para adelante, tuvo igual una intensa actividad musical, que en el último año lo devolvió a los escenarios al frente de su proyecto Orquesta de Cámara los Amigos del Chango, un ciclo nómade que había encontrado su espacio los martes en el Teatro del Viejo Mercado.

Un chango que viene y va. Guitarrista, percusionista, cantante, compositor e intérprete, el hombre fundó e integró los grupos Los Huanca Huá, Grupo Vocal Argentino, Músicos Populares Argentinos (MPA) y La Manija. Unió siempre su concepción musical y arreglística -compleja, por cierto-, con una profunda cercanía con lo popular, rasgo que lo alejaba de la solemnidad. Pocos recuerdan su paso por el ciclo televisivo Video Match, que conducía Marcelo Tinelli, donde participó con mucha gracia en un sketch en el que se unía a unos payadores que hacían rimas con doble sentido. Creador del Grupo Vocal Argentino, en 1964, conformó 11 años después un trío con Kelo Palacios y Dino Saluzzi, pero la llegada de la dictadura militar en 1976 lo obligó a exiliarse y nunca pudo registrar siquiera un tema de esa memorable juntada. España fue su destino. Como uno de los grandes renovadores del folklore argentino (desde la aparición de Los Huanca Huá, en 1960), su figura propuso nuevas normas para la interpretación vocal, pero también de presencia cultural: lo de Farías Gómez a lo largo de 50 años de carrera fue fundamental para construir un nuevo cancionero y una sonoridad novedosos en las músicas de raíz argentina. Volvió al país para quedarse, en las vísperas de la asunción de Raúl Alfonsín, allá por 1983.
 
Militante no hay camino. La política sanguínea de Chango nunca le esquivó a la militancia y se asumió como un peronista fiel. Fue Director Nacional de Música entre 1989 y 1992, pero renunció en desacuerdo con los indultos a los militares dispuestos por el entonces presidente Carlos Menem, quien lo había designado para la función pública cuando asumió, en 1989. En esos años creó el Ballet Folklórico Nacional, comandado por Santiago “El Chucaro” Ayala y Norma Viola. Pero el Chango se fue. “No podía creer que los que se decían peronistas avalaran los indultos”, contó en marzo pasado. Entonces ya no hablaba del apoyo que le dio al último Menem, al renegado por la cultura, para la presidencial de 2003. Ese año, también fue cuestionado cuando entró como legislador porteño en una lista de Mauricio Macri. El romance con el líder del PRO duró casi nada y él lo sabía, pero quería saltar de la teoría a la acción y entrar era la única manera. “Entré porque él (Macri) fue el único que me ofreció un cargo”, dijo entonces. 
En el apogeo del kirchnerismo de Néstor, Farías Gómez se pasó a la bancada K, golpe de timón que había anticipado el médico Eduardo Lorenzo Borocotó. “Es que este chico no entiende nada de política”, justificó sobre su alejamiento de Macri. Su paso por la Legislatura quedó marcada por la ley que promovió para que volvieran los feriados de carnaval a la ciudad y su voto fue decisivo para que avanzara el juicio político contra Aníbal Ibarra por la tragedia de República Cromañón (con el que curiosamente compartiría luego bloque), pero lo hizo votando en contra de su bancada.
“La ley de los carnavales le da trabajo a unas 15 mil personas y, por otro lado, hace que no perdamos nuestra identidad cultural. Sólo hay que recordar que los carnavales fueron abolidos por la dictadura, para entender la importancia social que contienen”, le expresó a El Federal en una entrevista que le concedió en agosto de 2005.
En aquella oportunidad también se explayó sobre un tema espinoso: el folklore como género. “Estoy en desacuerdo con que esta música se defina como tal. Sucede lo mismo con la denominación genérica salsa. Se trata de palabras inventadas por la industria discográfica. Son términos que engloban ritmos de una zona más o menos amplia, pero que en cada región tiene particularidades. Al hablar de salsa se borran las diferencias y al hablar de folklore pasa lo mismo. Es una denominación que parece puesta por un europeo en pleno estadio de colonización. De mí, hay gente que dice que soy folklorista, como si fuera un egiptólogo. Por eso hay músicos que al enrolarse en el folklore terminan interpretando ritmos que no comprenden, porque no tienen nada que ver con ellos.” Por eso no hablaba de dónde nació. “Soy Latinoamericano”, decía a quien se le preguntara.
En 2007 hizo su última incursión política como candidato a diputado por la Democracia Cristiana -que apoyaba la fórmula Cristina Fernández de Kirchner con Julio Cobos. Y volvió a los tonos de su guitarra convencido de que la política seguía siendo “un asquete”.

Amante de la musica. Si las sociedades modernas se plantearon como fin una cierta comodidad, el Chango, como Astor Piazzolla (no por casualidad compartieron escenario en el Carnagie Hall, de Nueva York, en 1965) es la respuesta a cómo hacer para sustituirla por sociedades que más allá de satisfacer a los hombres, los eleven y los convierta en un humus desde donde se pueda levantar una nueva cultura restituidora del mito. “Todos fueron mis enemigos en alguna época. Me peleé con los gerentes de la tradición. Empecé a decir esas cosas en los años 60, cuando creé los Huanca Huá, que fue una manera de poner en música una idea. Primero discutí con mi padre, porque no estaba de acuerdo con el perfil del grupo. Esa pelea nos llevó a no hablar de música por años. Para mí, la música debe evolucionar y la mayoría cree que se trata de una fotografía y eso es un grave error, de otro modo no sirve para nada. Por eso, antes de decirle folklore, la llamé música popular argentina. El músico soy yo, no la guitarra o la quena”, le contó a El Federal. El Chango grabó una docena de discos en grupo y uno sólo propio, Chango sin Arreglo, pero participó de los grandes hitos musicales de la Argentina, como La Misa Criolla, con Los Fronterizos (participó de las grabaciones y fue el autor de la reducción para cinco voces de la obra). Tocó, produjo y arregló trabajos de Mercedes Sosa, Jaime Torres, Antonio Tarrago Ros, Manolo Juárez, Lito Vitale, Opus Cuatro, Fito Páez, Liliana Herrero, Peteco Carabajal y Vinicius de Moraes. “Soy amante de toda la música. Todo lo que esté bien hecho, me emociona. Para mí, la música es algo natural. Está presente en mi vida desde los cinco años. Mi madre cantaba muy bien los tangos y mi viejo fue el primero que tocó el piano en Santiago del Estero. La familia ya es una tradición.” En su familia latía el misterio de la música: su padre fue Enrique Napoleón, pianista, y su madre, Pocha Barros, compositora y poeta, tanto que logró superar la generación de Chango, pues su hijo Facundo fue baterista de Los Piojos.
Esa tradición sanguínea lo marcó: a los 16 años formó con Mario Arnedo Gallo (padre de Diego, bajista de Sumo y Divididos) y Hamlet Lima Quintana el grupo Los Musiqueros. Eran los primeros meses del año 53 y Chango estaba empezando a caminar por la senda que iba a ponerlo en el alto cielo de los creadores de la música nacional.

Sin tristeza. Una sala poblada por músicos y amigos, entre los que estaban Teresa Parodi, Piero y Emme (Mariela Vitale), entre tantos más, asumió cerca de la madrugada la misión de acompañar con música el momento del adiós definitivo. La sala de la Casa de la Defensa de San Telmo, donde se realizó la vigilia, se convirtió en un escenario para que los amigos del Chango entonaran, en una improvisada cantata, algunas de las coplas emblemáticas de la mejor tradición de la música criolla. Así, Peteco, que acompañó a Chango en la renovadora experiencia de Músicos Populares Argentinos de los 80 (más Jacinto Piedra, Rubén “Mono” Izarrualde y Verónica Condomí), invocó letras y músicas que, como el propio Farías Gómez, pertenecen al acervo de la memoria popular. Entonó La Pomeña, entrañable obra de Gustavo “Cuchi” Leguizamón y Manuel José Castilla, y los asistentes se transformaron en un coro involuntario que le puso emoción a la velada. Carabajal desandó luego los tonos de Maturana y Zamba del carnaval (“Vengo desde el olvido/toro serrano/por ver si mato penas/carnavaleando”). Luego continuó con una obra propia, Entidad musical (de su disco “Aldeas”), que en su momento compuso a la memoria de su padre, Carlos Carabajal y de Adolfo Abalos, Chango Nieto y los Tucu Tucu. Mientras, debajo de uno de los videos que circulan por Internet un fanático escribió su dolor con belleza. “Vuelve MPA, con el Chango y Jacinto Piedra.” 
A lo largo del día habían pasado por el velatorio Teresa Parodi, Verónica Condomí, Ramón Navarro, Amelita Baltar, Piero, Mavi Díaz, Rita Cortese, Tina Serrano, Daniel Filmus, Jorge Telerman, José Luis Castiñeira de Dios, entre tantos otros. Acaso no sea la forma más ortodoxa de despedir a alguien, pero tal vez sea la única posible de despedir a un músico, al que seguramente ya le dedicarán una copla