“Esta exposición denuncia la destrucción provocada por el hombre blanco, es decir el occidental, que en el último siglo arrasó con el planeta, a partir de la Revolución Industrial”, con estas palabras la escultura Desirée de Ridder intenta resumir el espíritu de su muestra “Al grito de alarma esperan”, que cuestiona la violencia humana hacia el medio ambiente mediante una serie de esculturas que obligan a reflexionar sobre esto.

La muestra fue inaugurada en la galería porteña Calvaresi Contemporáneo (Defensa 1136, CABA). Allí el espectador puede ver esculturas de animales, como liebres, gallos, cóndores y ciervos armados con carabinas. “Es una denuncia que supera la depredación de la fauna por el accionar humano, y alcanza la transformación de ecosistemas y pueblos enteros a causa del uso de agroquímicos tóxicos para el suelo y la salud, y acciones como la construcción de dos represas sobre el río Santa Cruz que afectan directamente al Perito Moreno, en Calafate, ciudad que se inundó por primera vez en 30 años tras la ruptura del glaciar”, afirma la artista.

La muestra obliga a pensar sobre la conducta del hombre en la era contemporánea y su relación con el medio ambiente, particularmente sobre el maltrato y sometimiento que le provoca al mundo animal, aunque también pone el acento en la contaminación que los gobiernos y las empresas extractivistas. “La industrialización trajo aparejada una gran violencia, como la tala indiscriminada o la construcción de represas que hacen desaparecer ecosistemas enteros y que en estos días encuentra una nueva versión poniendo en peligro la reserva de agua dulce del Perito Moreno, un tesoro mundial que se encuentra en nuestra Patagonia”, agrega  Desirée.

La artista conoce las conductas del hombre rural y la evolución de la agricultura. “Me crié en Perkins, un paraje bonaerense entre Vedia y Alberdi que a partir de 1978, cuando comenzó el cultivo de la soja, dejó de ser una zona de pasturas naturales con abundante fauna local (ñandúes, perdices, martinetas y tucu-tucus) para ser una tierra arrasada por el glifosato, con un altísimo índice de habitantes, más del 60 por ciento, que padecen cáncer, enfermedades respiratorias y de la piel. Las fumigaciones por aire y tierra arrasaron también con los anfibios. Además hay un duelo personal: May Perkins, que es mi mamá, murió a los 72 años del mismo cáncer que su capataz, Chiquitín Pérez, un gaucho verdadero, que falleció a los 62 y al que queríamos mucho. Monsanto, empresa que el presidente Emmanuel Macron intenta erradicar de Francia, es la principal responsable por ser la mayor proveedora de soja transgénica y de los fuertes insecticidas que se precisan para que rinda más, en una Argentina que está entre los cinco primeros países que más productos químicos le aplican a su suelo en el mundo“.

La muestra, curada por Elena Tavelli, puede visitarse en forma gratuita hasta el 5 de mayo. El nombre de la exposición, “Al grito de alarma esperan”, es una frase simbólica que materializa el mensaje que la escultura quiere transmitir: “Quise hacer una analogía: en la sala puse una vasija con forma de mujer realizada con técnicas de la cultura nativa andina. “El grito de alarma esperan” es un grito de guerra que hacían los indígenas para defenderse de los ataques del blanco, de los españoles que avanzaban y raleaban con todo. Ese mismo grito es el de estos animales, que las culturas indígenas siempre valoraron, y que en esta exposición recreo con armas, preparados para defenderse. Si el hombre dice que la caza es un deporte, démosle escopetas a las liebres, sino es una matanza.”, concluye la creadora.