Ese lago llamado Poopó, que fuera el segundo más grande de Bolivia después del Titicaca, hoy está casi seco y se va transformando en desierto por el fenómeno climático conocido en ese país como El Niño, la mano del hombre y el calentamiento global, dicen expertos y autoridades.

Ese hermoso espejo de agua que alguna vez llegó a tener 2.337 kilómetros cuadrados de extensión, sólo quedan pequeños humedales y charcos. Unas pocas gaviotas atrapadas se pelean la poca comida bajo un sol de plomo.

Recuperar el lago, al parecer, no va a ser posible. “Es una fotografía del futuro del cambio climático“, lamentó el glaciólogo Dirk Hoffmann. Una tierra yerma y salitrosa quedó del espejo azul que era el lago. Los pescadores también se han marchado y abandonaron sus botes, que poco a poco la tierra ha ido cubriendo. Los zapatos se hunden en la tierra cuarteada de la que emanan vapores que al diluirse bajo el ardiente sol dejan ver espejismos de agua azul en el horizonte.

Los únicos seres vivos son unos escarabajos que se alimentan de aves muertas. A kilómetros de acá, en lo que fue la ribera, pastan alpacas, llamas, ovejas y ñandús salvajes. El viento barre y orada las paredes de abobe de unos pocos domos abandonados que fue hogar de los urus, uno de los pueblos más antiguos del continente que se autodenominan “hombres de agua”. También han migrado.

La catástrofe se venía anunciando desde hace años y tiene un fuerte impacto ecológico, económico, social y político. Implica la destrucción de todo un ecosistema, la pérdida de centenares de especies de fauna y flora, la desaparición de culturas por el éxodo de las comunidades que subsistían del lago y la falta de acciones efectivas para enfrentar la sequía

Según expertos en conservación, unas 200 especies de aves, peces, mamíferos, reptiles, además de gran variedad de plantas, desaparecieron con la sequía del Poopó. El ornitólogo Carlos Capriles dijo que entre las aves que se vieron forzadas a abandonar el lugar había tres especies de flamencos en peligro de extinción.

“Al no existir el Poopó, su hábitat se reduce y aumenta el peligro de desaparecer”, explicó Capriles. El experto explicó que el lago era un punto de descanso de aves migratorias que se trasladaban de norte a sur. “Hablamos de que unas 200 especies perecieron o se fueron a otras áreas”.

Otros activistas ambientales añaden que numerosos mamíferos, reptiles y anfibios quedaron sin hábitat y alimento con la transformación del lago en prácticamente un desierto. Pero la peor parte se la llevaron los peces, señaló Carlos Capriles, pues no pudieron migrar como los otros animales y “murieron en el lugar”

Por su parte, el Ministerio de Medio Ambiente y Agua confirmó la pérdida de una gran cantidad de especies únicas aunque no conocen la cantidad exacta y están pensando en realizar un conteo. El desastre también tiene un costo humano. Unas 350 familias, en su mayoría pesqueros del lago, se han visto afectadas.

Con su forzado desplazamiento también se va la cultura de una comunidad que habitaba el propio lago Poopó con una economía lacustre de subsistencia. Ahora bien, ¿cuáles son la causas de este acelerado proceso de desertificación?

Las razones son complejas y van desde los efectos climatológicos y los malos manejos de los recursos acuíferos hasta la actividad humana, la contaminación y la falta de atención a un desastre que se veía venir. Los análisis del gobierno apuntan al fenómeno El Niño y el calentamiento global ocasionado por países industrializados.

El viceministro de Recursos Hídricos y Riego, Carlos Ortuño cita datos científicos que establecen que la temperatura mínima aumentó 2,06º centígrados en los últimos 56 años y el Niño provocó sequías desde octubre.

Los lagos Poopó y Titicaca dependen del aporte del río Desaguadero, pero un plan regulador establecido en la década de los 90 resultó preferencial para los niveles del Titicaca, impidiendo el paso de agua hacia el Poopó. Además, el propio río está afectado por la actividad humana que lo usa para sus cultivos, y sistemas industriales y mineros.

Esta actividad, a su vez, causa contaminaciónOruro es un departamento minero y la extracción desde hace años se realiza de una forma “no responsable”, indicó el viceministro Ortuño. Pero también se señala la “mala administración” de un fondo que estaba asignado para evitar la sequía del lago.

“El lago no se ha secado de la noche a la mañana”, dice Martín Colque, alcalde del pequeño poblado de Toledo en el occidente a 210 kilómetros al sur de La Paz, uno de los municipios más pobres del país. “Ahora la gente está vendiendo sus ovejas, que era su único capital, y se han marchado a las ciudades. Por la sequía no hay pasto para alimentar al ganado”.

Hay proyectos para volver a traer el agua al lago, pero aseguran que para llevar a cabo esto hacen faltan millones de dólares que provendrían de créditos internacionales que podrían tardar en llegar, también se debería cambiar la forma de producción minera, que es el principal agente contaminante, pero a su vez el sostén de la economía boliviana. Lo cierto es que mientras se debate qué hacer, el lago sigue seco y su paisaje de muerte es un espejo de lo que podría pasar en un futuro no muy lejano en muchas partes del mundo sino se toman medidas que protegan al medio ambiente