Cuando todo parece haber sido visto, la Patagonia nos sorprende con una recorrido de 40 kilómetros por un soñado camino que acompaña las cristalinas aguas de un río que bordea el límite sur del Parque Nacional Nahuel Huapí, siguiendo la ruta 40 se halla el valle del Manso, bañado por el río de mismo nombre. Un paraíso escondido a un costado de la legendaria Ruta 40 entre Bariloche y el Bolsón, donde reina el silencio y la cordillera de Los Andes se presenta como un telón de fondo omnipresente y encantador.

Para llegar al Valle del Manso se tiene que hacer base en Bariloche, y de allí bajar por ruta 40 hasta el pequeño pueblo de El Foyel, donde se puede descansar y disfrutar de los atractivos de una típica aldea patagónica. Allí se puede visitar la Feria de la Plaza del pueblo, donde se pueden conseguir artículos regionales, dulces, licores y si se llega al mediodía se puede optar por aprovechar y comer en el idílico restaurante “Sabor Cordillerano” donde algunas pocas mesas se disponen para los caminantes que llegan al este del paraíso. Vegetales de la huerta y algún ciervo o jabalí ahumado, acaso un cordero o una trucha son las especialidades de la carta.

En el Foyel hay un complejo de montaña donde se practican actividades saludables como tai chi, baños de gong y caminatas entre ñires y lengas. También hay espacio para acampar, es el lugar ideal para entrar en contacto con el más bello entorno natural que uno pueda imaginarse.

El Valle del Manso se puede hacer en auto o en bicicleta. Hay que subir por la Ruta 40 hasta el kilómetro 1961 y allí, pasando el paraje Villegas se accede al nacimiento de la Ruta Provincial 83, el camino que nos transporta al valle y que va paralelo al río. Son 40 kilómetros que recorren el valle dentro del bosque andino. Aquí comienza la magia y sólo se trata de elegir alguno de los tantos senderos que atraviesan el camino para llegar hasta el río. Los que viven allí, hablan de que el Manso en un lugar en donde se sienten las 3A: adrenalina, acción y aventura.

El valle atraviesa la periferia meridional del Parque Nacional Nahuel Huapí y en su recorrido se avistan los lagos Mascardi, Los Moscos, Hess y Steffen, este último penetra el mapa chileno hasta desembocar en el océano pacífico. El rio Manso, de aguas correntosas, frías y cristalinas son ideales para practicar para practicar canotaje o rafting. El bosque rodea este curso de agua y se trata de una de las zonas más vírgenes del mundo, el hombre aquí aún no ha modificado el ambiente, la contemplación del río es un show natural por sí mismo, las truchas y los salmones del pacífico pueden verse entre las piedras, mientras el reflejo del sol brilla en el aire puro.

Recorrer y conocer el valle del Manso es una experiencia indescriptible en palabras porque la naturaleza allí se expresa con el lenguaje del silencio y dentro del bosque, en la montaña, sobre el agua encantada y en el aire se perciben lejanas voces de tiempos en donde todo aquí era como es ahora, lleno de vida el espíritu andino nos exige sólo que dejemos todo apuro y que vivamos en este valle como vivían hace miles de años los que moraban por aquí, sintiendo todo lo que la naturaleza ha creado en este mundo. Río Negro, conserva en el Valle del Manso, un rincón del Edén.