Luego de más de una década desde aquella Buenos Aires del 2002 que convirtió a 40 mil personas en cartoneros, actualmente las iniciativas para formalizar su actividad coexisten con propuestas para valorizar residuos desarrolladas por los propios cartoneros.

Sebastián Carenzo, investigador adjunto del CONICET en el Instituto de Estudios Sociales de la Ciencia y Tecnología (IESCT) del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), comenzó a trabajar a fines de 2004 con la Cooperativa Reciclando Sueños. En aquel entonces, el trabajo de investigación y transferencia se volcaba hacia el fortalecimiento del asociativismo y el reconocimiento social de su labor como trabajo. Actualmente, en conjunto con los integrantes de la cooperativa, se orienta al desarrollo de procesos de innovación tecnológica para el tratamiento de residuos que carecen de un mercado donde ser comercializados. 

Además de la recolección y la clasificación de materiales, para lo cual desarrollaron una tecnología específica, los miembros de Reciclando Sueños procesan algunos tipos de plástico. Para ello obtuvieron un amplio expertise en la fabricación de máquinas y herramientas, primero con elementos que encontraban en las recorridas diarias como una soldadora con transformadores descartados. Luego se animaron a producir artefactos más complejos como prensas o molinos para procesar plásticos y hasta sistemas de lavado-secado. Actualmente, la línea de investigación aborda el diseño de sistemas para el procesamiento de materiales que potencialmente podrían reciclarse. Por ejemplo plásticos que pese a ser recuperados por los cartoneros, terminan enterrados en el relleno sanitario por que aún no tienen un mercado consolidado donde ser comercializados.

Uno de los materiales que se reciclan es el telgopor, un material que por más que llegue por sistemas de separación domiciliaria a las cooperativas, como prácticamente no tiene valor comercial, se pierde. Dentro de un proyecto del Programa Consejo de la Demanda de Actores Sociales (PROCODAS) del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, y en sociedad con el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), trabajamos desde una perspectiva socio-técnica en el desarrollo de un artefacto para transformar el poliestireno expandido en poliestireno. Es como ‘volverlo para atrás’ e incorporarlo en el procesamiento que elabora la cooperativa con otro tipo de plásticos a través de su molido, lavado y secado.  

El plástico recuperado y acondicionado por el procesamiento se comercializa a microempresas y PyMEs de la zona en la que está ubicada la cooperativa, La Matanza, que es un distrito fuertemente industrial. Esta dimensión de desarrollo local es clave desde la perspectiva del diseño de Sistemas Tecnológicos Sociales que trabajamos desde el IESCT. Por ejemplo, uno de los compradores es un pequeño taller que fabrica trofeos deportivos, con ese material se hacen y después se pintan de plateado o dorado. A diferencia de las cooperativas que recolectan materiales en barrios con alta densidad demográfica y que producen residuos de mayor calidad, Reciclando Sueños lo hace en zonas donde hay una menor concentración de población y donde el tipo de residuos que se producen no es equivalente por el tipo y calidad de los materiales. Pueden ser iguales en peso pero, por ejemplo, en el barrio donde se ubica la cooperativa hay más consumo de botellas PET de gaseosas de segunda marca y la cantidad de plástico de ese envase es menor a la de primera marca.

Tras más de 10 años de trabajo con la cooperativa, actualmente se trabaja a través de metodologías colaborativas en el diseño de los procesos para transformar materiales recuperados porque la cantidad de gente es menor –pasaron de 30 a 10- y ya se establecieron acuerdos y reglamentos de trabajo. El foco está puesto en el desarrollo de tecnologías desde la base, a partir de una práctica experimental que desarrollan como cartoneros. Como sucede con el diseño artefactos y procesos para tratar el poliestireno expandido, se inició en la cooperativa y luego se integraron los ingenieros del INTI como parte de la Coordinación para la Asistencia Territorial en Residuos Sólidos Urbanos. Son experiencias que tienen que ver con la capacidad creativa y de experimentación y la idea del CONICET es potenciar eso, ya que esa creatividad no está reconocida monetariamente ni socialmente, y por lo tanto para un cartonero es muy difícil implementar acciones de innovación tecnológica porque carecen de los capitales sociales que permiten acreditar esos saberes.