Desde el derrumbe del país en 2001, La Salada se consolidó como la piedra angular de la economía informal argentina. Ahora, como una marca registrada, hay Saladas o Saladitas, en cualquier punto de la Capital Federal y de la provincia de Buenos Aires. Antes de eso, La Salada -un predio de diez héctareas en el límite de los partidos de La Matanza y Lomas de Zamora- tuvo su esplendor como un balneario popular. Nacho Girón se encarga de relatar esta historia que dio comienzo en la década de los cuarenta, intercalando historias personales y datos duros con un ojo agudo puesto en la edición. Así, como si se tratara de una ficción con personajes tan densos como los de los films de Tarantino, Girón soprende mezclando asuntos políticos, historias de amor y hasta muertes en el enorme mercado que, como un infarto a punto de declararse, despierta una escalada de tensión abrumadora.