Se trata de una huerta ubicada en la cuadra donde vive el referente de la organización El Recicador, Carlos Briganti, en el barrio de Chacarita, razón por la cual los vecinos se declararon en alerta y llaman a las autoridades porteñas a “reflexionar”.

La huerta consiste en unos 80 maceteros hechos con cubiertas de neumáticos pintadas y rellenadas que se alinean junto al cordón de la vereda en Rosetti al 1000 (entre las calles Forrest y Zabala): allí crecen girasoles, aromáticas, tomates, lechuga, habas, repollos, acelga y otras plantas alimenticias con “anuencia de todos los vecinos”.

En diálogo con Télam, Briganti contó que la cuadra ya recibió dos visitas amenazadoras de personas que se identificaron como dependientes de la Comuna 15 pero vestidas con los chalecos identificatorios del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

“A principios de la semana pasado vino a verme una persona de la Comuna diciendo que habían recibido una denuncia por mosquitos y se puso a sacar fotos de la huerta, pero no había nada: el mosquito está donde hay agua estancada o cacharros, pero nosotros regamos y la tierra absorbe, no hay humedad residual”, dijo.

“Después eso vino otra persona en una camioneta que estuvo tocando timbre en mi casa y al no tener respuesta, le refiere a una vecina, de muy mal modo, que teníamos que sacar las macetas del espacio público porque de lo contrario iban a venir hoy lunes e iban retirar todo”, contó.

Esta advertencia “disparó una alarma” entre los vecinos que “le hicieron llegar a la comuna sus opiniones” y estuvieron “en alerta” esta mañana esperando un intento de desalojo que finalmente no se produjo.

Nuestra huerta no atenta contra nada, al contrario: reconstituye el tejido social, une a los vecinos y hace más segura la cuadra“, dijo. “Esta huerta significa mucho. Nació en pandemia, fue emplazada con mucho esmero, trabajo comunitario y amor despertó muchas sonrisas, pero también nos llevó mucho sacrificio por eso no estamos dispuesto a abandonarla“.

Puertas adentro de su casa, Briganti también montó una huerta aprovechando al máximo los 60 metros cuadrados de su terraza. Además de promover el “sembrado de techos”, incentiva a los vecinos a intervenir las veredas para generar “corredores alimentarios” de punta a punta de las veredas.

Es una huerta demostrativa que produce alimentos y que en tiempo de pandemia a muchos los salvó, porque no tenían comodidades, espacio, terraza o balcón donde pasar mejor la cuarentena o no podían irse de vacaciones, y este proyecto funcionó como una herramienta pedagógica y terapéutica, que ayudó a las personas a socializar en la vereda de sus casas y conseguir así una mejor calidad de vida, dijo.