Hace un mes, más de 30 familias de Tandil presentaron una carta al Municipio para solicitar que se cumpla con la distancia establecida en la ordenanza vigente que establece 150 metros de distancia con respecto a escuelas y 300 respecto a zona urbana.

Silvia Gómez, una de las vecinas, explicó que si bien hay varios campos en la zona donde fumigan, y que sienten el olor a veneno (glifosato), tienen especial preocupación por el campo lindante a la Escuela 33. “Están los niños expuestos a los venenos. Si bien se fumiga en general los fines de semana, el veneno queda, así que estamos pidiendo que aunque sea se respeten los 150 metros de distancia respecto a las escuelas, que establece la ordenanza actual”, indicó a un medio local.

“Hicimos una nota, la firmamos los vecinos, la llevamos al Municipio, luego de unos días el director de Medioambiente se comunicó con nosotros para informarnos que había sido sancionado el dueño del lote lindero a la escuela, y que esa sanción la iba a dictaminar un juez”, explicaron.

La ordenanza 219/11 exige que en caso de tener que llevar adelante fumigaciones a menos de 150 metros de las viviendas, el productor debe informar con 24 horas de anticipación ante las autoridades, presentar el plano de la zona e información sobre qué químico se usará.

Por su parte, el director de Asuntos Agropecuarios de la Secretaría de Desarrollo Económico del Municipio, Ignacio Diribarne, explicó a El Eco de Tandil que tras la denuncia que se efectuó el 27 de octubre se dirigieron al campo de La Porteña, junto a funcionarios de Agroindustria de Provincia, y que “todo parece indicar que, de acuerdo a lo que dice el ingeniero que fue a la Municipalidad, y presentó la receta agronómica que ya la habíamos constatado por sistema también, allí dice que aplicó elementos permitidos y que ha respetado no sólo los 150 metros que establece la ordenanza sino alrededor de 203”. 

Asimismo, ya es sabido que el veneno queda en el aire, y su deriva afecta con problemas respiratorios o afecciones en la piel la salud de quienes habitan los pueblos fumigados, así como también puede contaminar fuentes de agua. Esto sin mencionar que en otras ocasiones ya se constató que trazas de este herbicida permanecen en nuestros alimentos o en productos de higiene como toallitas, gasas y tampones.

Recordemos que además de la categorización como “probablemente cancerígeno” que otorgó al glifosato la Organización Mundial de la Salud (OMS), científicos, médicos, periodistas e innumerables voces nacionales e internacionales ya advirtieron sobre el peligro que representa el glifosato:

> Afecta la biodiversidad de los bosques nativos.
> Está generando sus propias malezas.
> Se acumula en los campos argentinos 
> Vuelve impermeables los suelos. 
> Se concentra en los sedimentos de la cuenca del río Paraná.
> Puede ocasionar efectos irreversibles en el sistema nervioso.
> Puede causar cáncer.
> Puede impedir el desarrollo embrionario y fetal.
> Enferma a los habitantes de los ´pueblos fumigados‘, a las escuelas rurales.
> Fue hallado en algodón, gasas, tampones y pañales comercializados en nuestro país.
> Fue hallado en helados, en vinos, en cervezas y en alimentos del desayuno en Estados Unidos.