Por Douglas Mac Donald

Fotos Jazmín Arellano

 

-Señor, el alazán está echado, en el box y con las manos muy hinchadas. No se qué hacer, la exposición acaba de cerrar- dice Ramón, boina de lado, alpargatas de suela baja, bombacha de campo.

-Dejalo quieto que voy a llamar a la Guardia Veterinaria de la Exposición, ellos van a saber qué hacer- conwwwa el cabañero.

Desde hace 20 años los doctores Juan Insaugarat, Oscar Grassi, y Hugo Obesio, son los responsables de la guardia veterinaria de la Exposición Rural de Palermo, donde se encargan de preservar la salud de los más de 4.500 animales que asisten todos los años a la muestra de ganadería, agricultura, e industria nacional más importante del país. 

Los veterinarios tienen un gran respeto por los animales y una fuerte valoración por preservar la naturaleza. No sólo les preocupa el bienestar de los animales, sino lograr una mejor calidad de vida para el hombre.

Después de pisar el predio ferial, los animales que participan de la muestra pasan por un primer control sanitario de rutina en la pista central, que es ejercido por el personal del Servicio Nacional de Sanidad Agroalimentaria (Senasa), el cual verifica que éstos se encuentren en condiciones fitosanitarias para poder participar de la exposición. Pero luego de la revisión del Senasa, la Guardia Veterinaria es quien está al servicio del expositor para acompañarlo y cuidar la salud de los animales hasta el último día, cuando los camiones los llevan a sus lugares de origen. Insaugarat, Grassi, y Obesio, celebran 20 años al servicio de la guardia veterinaria contando anécdotas y resaltando el trabajo en Palermo. También los acompañan Juan Ignacio Charaf y Facundo Romero, quienes se están preparando para recibir la posta por parte de los más experimentados.

Hay equipo

Hugo Obesio, oriundo de Olavarría, es médico veterinario especializado en equinos, y conforma el equipo de la guardia veterinaria de La Rural. “Nuestro trabajo responde ante el requerimiento del cabañero, hacemos la urgencia de la patología, yo particularmente estoy para atender a los caballos, y el resto para todo lo demás, pero cuando hay una situación más urgente, nos ayudamos entre todos. Estamos las 24 horas, siempre hay alguien en la guardia. Hay cabañeros que traen su equipo de veterinaria, y no hay ningún problema con ello. Algunos colegas se acercan a pedir asesoramiento o a que sigamos el control sanitario de los animal que padecieron algún accidente”, dice Obesio.
 
Oscar Grassi, de Nueve de Julio, lleva 36 años en la profesión, y es docente en la Escuela Agrotécnica Salesiana de Del Valle, partido de 25 de Mayo, en donde Grassi incorporó un conocimiento panorámico de la mayoría de las razas animales que se presentan en la Exposición Rural de Palermo. “Allí en la escuela hay de todo, tambo, rodeo vacuno, de cerdos, de aves, fui tomando de todo un poco. Mis compañeros suelen consultarme, y además en mi clínica veterinaria tengo lugar para los pequeños animales”, comenta Grassi, y resalta que las clínicas de los grandes animales con respecto a los más pequeños, son totalmente diferentes.
 
Juan Insaugarat es veterinario rural en Saladillo, provincia de Buenos Aires, y estudió en la Facultad de Ciencias Veterinarias de La Plata. Actualmente se dedica a la producción, reproducción y sanidad en grandes animales (bovinos) para carne, y desde hace 26 años integra la Guardia Veterinaria de la Sociedad Rural de Palermo. “Todos los problemas, hasta los más simples son importantes en una exposición, ya que los animales están preparados para una competencia y cualquier problema clínico que padezcan le hacen bajar peso y actitud, y los desmejora para tal objetivo; desde ya se presentan casos clínicos sindromes digestivos, respiratorios y problemas en los partos”, comenta Insaugarat. 

Cuento con olor animal

Los veterinarios de La Rural coinciden en que, si bien el trabajo en la muestra no es para nada sencillo, disfrutan estando en contacto con animales de distintas razas y se divierten con las anécdotas cosechadas en estos 20 años de trabajo en el predio de Palermo. El primero que se larga a contar una anécdota es Obesio: “Los sábados suele haber mucha gente. Me llega un llamado de urgencia que un caballo se estaba muriendo. Voy corriendo para el predio y no chequeé quién me pasó la información. Cuando llego encuentro al animal descansando en el box. Esto es un claro síntoma de cansancio o estrés porque pasa tanta gente y, quienes no conocen les da la sensación de que el animal se está muriendo porque casi no mueve el cuerpo”.

Grassi se anima un poco más y comenta una divertida anécdota en la que participó Obesio: “Hugo estaba atendiendo a una yegua recién parida: estaba intentando bajar la leche para que tome el potrillo ordeñándola. De pronto se acercó una señora y le pidió que se corriera porque ella también había pagado la entrada y quería ver lo que estaba sucediendo. Pobre Hugo, tuvo que explicarle que estaba cumpliendo una función, pero la señora nunca entendió y quería saber por qué estaba ordeñando a la yegua”.

El remate lo hace Insaugarat: “Una noche, mientras estábamos de guardia, se nos apareció un cabañero montando un toro de unos 1.000 kilos para que se lo revisemos, porque decía que estaba enfermo, por supuesto que el problema era del señor, que presentaba una cuantas copas de más”. Anécdotas que van y vienen antes de un nuevo llamado de urgencia para la Guardia veterinaria, que siempre está lista, con el botiquín en mano.