Crece la preocupación en la localidad cordobesa de Colonia Caroya tras nuevas denuncias por daños ocasionados por herbicidas hormonales en los viñedos de la zona urbana y rural.Se trata de una situación que no es actual, sino que lleva varios años planteándose a las autoridades provinciales y cada temporada hay señales negativas. Según lo hicieron saber los propios productores, hay brotes “quemados” y hojas achicharradas, son los síntomas del efecto de productos fitosanitarios hormonales en las plantas.

Esto es de enorme gravedad ya que los vinos de Colonia Caroya representan una de las principales fuentes de ingresos para la región. La vitivinicultura es una economía regional que da trabajo a muchas familias. 

La incidencia se manifiesta incluso en las nuevas variedades menos susceptibles como Tannat y Ancelota, que se empezó a notar desde la tercera semana de octubre. Incluso, en plena zona urbana hay signos de daño en los parrales, a pesar de estar a mil metros de lotes de producción. Además, en el Centro Educativo Pío León, donde hay plantas de ensayo, hay síntomas observables.

En este marco, investigadores del Centro de Excelencia en Productos y Procesos (Ceprocor) empezaron a tomar muestras en todo el ejido de la ciudad para determinar cuál es la sustancia que contaminante que evidencia las consecuencias en las plantas más sensibles. Presionados por los productores, la Municipalidad insistirá en obtener datos científicos para fijar alguna política en relación al control de los agrotóxicos.

Desde hace varios años, los enólogos, productores y autoridades basan sus acusaciones en el 2-4D, un agroquímico prohibido en la zona. Sin embargo, en la última temporada se apuntó al Dicamba, el cual se utiliza para controlar algunas especies anuales y perennes de hoja ancha no controladas por otros herbicidas, así como especies de arbustos leñosos, enredaderas en pastos y sabanas.

Muchos cultivos de hoja ancha, como soja, algodón, viñas y árboles frutales son altamente susceptibles a la deriva de gotas y vapores de Dicamba, que tiende a ser más fitotóxico que el 2-4D. De hecho, los durazneros de la zona rural caroyense también presentan daños.

Según datos oficiales dados a conocer por El Despertador, en estos meses fueron tratadas con Dicamba un total de 37 Has. La dosis promedio de 135 centímetros cúbicos por hectárea, por lo que se avaló el uso de cinco litros del producto. Para las autoridades, es un volumen bajo como para generar tanta deriva en toda la jurisdicción y afectar a viñedos desde Puesto Viejo hasta la escuela Pío León y Los Chañares.

La realidad es que los agrotóxicos son contaminantes y por ser pulverizados en altura, su radio de acción no se puede controlar pues la química se traslada con el viento.

En la foto se pueden ver los retoños secos y las hojas arrugadas y quemadas, consecuencia de los agroquímicos: