Por Damián Damore. Fotos: Alfredo Ponce 

 

Mujeres WineStyle s un espacio para que el género femenino pueda probar y hablar del caldo que tanto las cautiva sin la presencia cercana de hombres. “Hay varios mitos para derribar, pero principalmente comportamientos. Siempre que vas a un restaurante, el vino se lo dan a probar al hombre, como si no existiéramos”, comienza la charla Mariana Palmarocchi, sommeliere desde hace tres años y trabajando en la industria vitivinícola desde hace ocho. Mánager de turismo y relaciones públicas de la bodega Renacer, abocada al mercado externo. “Derribemos mitos, pero no vinos”, previene con humor Josefina Rosner, su socia. “Decir que hay un vino para cada mujer es muy determinante, creo que hay un vino para cada ocasión, para cada momento, pero no para cada mujer. Nos enoja mucho cuando dicen que a las mujeres sólo nos gustan los vinos dulces. Esa afirmación es absolutamente falaz, la predisposición a tomar vinos dulces no tiene que ver con el género sino con un camino de evolución como consumidores que todos atravesamos: hombres y mujeres. Esto no sólo sucede con el vino, sino con cualquier producto o bebida. Nadie arranca bebiendo la cerveza más alcohólica o compleja, sino una simple, tipo lager. En definitiva, es nuestro paladar el que nos va exigiendo más a medida que va entendiendo y aprendiendo”.

 Cada consumidor tiene su tiempo y eso es bueno para la industria. Que hombres y mujeres beban vinos, espumantes, blancos, rosados, tintos y dulces, de botella, damajuana o tetra, pero que lo beban con responsabilidad y disfrute”, añade Rosner. Madre feliz de ocho hijos es una emprendedora neta. ”Cuando llegué a vivir a Mendoza hice mi experiencia como turista y deambulaba sin encontrar los sitios que buscaba. Preguntaba indicaciones y resultaba que estaba a cuatro cuadras de mi destino y había consultado a tres personas. Me di cuenta de que los mendocinos utilizan los puntos cardinales para hablar de su provincia: para un visitante es un lenguaje imposible. Comencé a diseñar los mapas de la ciudad con locales de primeras marcas y luego pasé a hacer los de las bodegas: los llamamos Winemap Premium®: a través de una cartografía detallada comunica las diferentes bodegas de cada región del país. Con este producto, ganamos el Golden Award como producto de servicio a las bodegas en el concurso Great Wine Capitals y gracias a esto viajé a Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Rosner es también autora de “Argentina, tiempo de cosecha” (JR Ediciones).

 La lista de bodegas que se anotaron para las degustaciobes es  amplia: Ruca Malen, Doña Elvira, Caelum, Rutini y Clos de los Siete, entre una docena). El primer encuentro de Mujeres WineStyle fue en diciembre de 2012, aunque el trabajo comenzó a principios de ese mismo año. En ese lapso la dupla se puso a investigar qué sucedía en ese campo. . “Definimos qué haríamos, si queríamos hacer un club o una cofradía. Los antecedentes más cercanos eran dos, una cofradía del vino en Ecuador que reunía a hombres y mujeres y otro grupo de mujeres profesionales del vino de Argentina, que en la década de los noventa se reunían para hurgar en aspectos técnicos del vino. Trabajaban esa temática. Finalmente concluimos que queríamos formar un club, es decir, abierto para todas las mujeres interesadas en aprender, disfrutar de la bebida y participar de actividades integradoras”, repasa Palmarocchi.

 El club no cuenta con ningún aporte extra, motivo que a las chicas no les generó ninguna preocupación. “No pensamos en la parte negativa y nos encargamos de todo. Para el primer encuentro, las expectativas eran normales. Pero cuando vimos lo que sucedió en el segundo nos dimos cuenta de que la repercusión había crecido, ahora la industria ya sabe de qué hablamos cuando mencionamos el club. Incluso los bodegueros hombres aportan vinos, lejos del prejuicio de que no podemos tomar sin la compañía de ellos”, sube el tono Rosner.

 Ellas se conocieron en 2001. Mariana trabajaba en un restaurante con la hija de Josefina y de tanto ir a cenar a su casa también se hizo amiga de ella. Palmarocchi junta en un puño su larga cabellera negro azabache y con un tono de misticismo levanta la copa de vino para revelar una epifanía. “Hace un tiempo descubrí que di en la tecla y que amo lo que hago día a día. Trabajar con y por el vino es elegir un estilo de vida. Cuando estudié filosofía en la Universidad de Cuyo me entusiasmó  la filosofía antigua. Eso decantó y se transformó en interés por lo hedonista: los banquetes griegos, el disfrute. Ahí apareció el vino. El primer llamado a mi atención fue ese. Trabajaba en restaurantes, hoteles y bares. En uno de esos restaurantes un colega me dice: `Hay un curso de vinos en la UTN, ¿qué te parece si lo hacemos?´ ¿Cuándo empieza?, le pregunté, y me conwwwó ¡hoy! Sin dudarlo, me enganché y así creció mi interés por el vino. Fue una etapa muy valiosa para mí, ya que aprendí muchísimo sobre labores de viñedo, cosecha, poda, degustación, cata y maridajes.

 Para concluir detallan el apostolado que las ilumina. “Es irritante escuchar a las mujeres cuando se van de una reunión porque el marido las reta porque se divierten mientras él cuida a los chicos. Parece que hay cosas permitidas sólo para los hombres. Si hay algo que queremos hacer para el resto de lavida es trabajar con el vino y beberlo”.