Viajar por Catamarca, Salta y Jujuy no deja a nadie indiferente. Los paisajes cambian en cuestión de minutos: se atraviesan desiertos, cuestas empinadas, montañas de todos colores. También se atraviesan pueblitos en los que un río de deshielo, por lo general, trae verde y trae vida formando una vega u oasis. Uno de los puntos mágicos de cada viaje por el NOA es ir ascendiendo metros sobre el nivel del mar y de golpe toparse con un grupo de vicuñas. Las vicuñas son delicadas y armónicas. Y ni hablar de los tekes, las crías. Resulta imposible no detener el vehículo, escuchar el sonido del viento, empezar a caminar sin molestarlas. En esos lugares, las vicuñas pueden demostrar lo misteriosa y perfecta que es la naturaleza. Por suerte, hoy la población mundial de vicuñas está en un 50 por ciento de la que se cita como originaria o estable de hace 600 años atrás y que en la década del 60 estuvo reducida a menos del 1 por ciento. ¡La vicuña estuvo cerca de extinguirse! Por su calidad inigualable, las fibras de vicuña son demandadas por artesanos textiles y por multinacionales de indumentaria.

El ingeniero agrónomo Francisco “Paco” Rigalt, del INTA Catamarca, tiene sonrisa y ojos generosos. Rigalt tiene la suerte de trabajar con vicuñas: es el coordinador del Proyecto Nacional de Fibras Especiales. El encuentro se da en Antofagasta de la Sierra, Catamarca, durante la edición 20 de la Feria de la Puna. Puede decirse que este es uno de los lugares más alucinantes del planeta. Poco antes de viajar como conferencista a un Congreso Internacional en Perú, Rigalt comparte con El Federal sus conocimientos y trabajos sobre el manejo de la vicuña en la Argentina. “La recuperación de la población, sin duda se debió a las medidas de protección y conservación, tomadas felizmente a tiempo en la década del 70. La legislación y las medidas posteriormente permitieron que en la Argentina fuera posible el uso sustentable de la especie durante los últimos 14 años. En este período, se dio el mayor incremento poblacional y productivo”, explica Rigalt.

Pequeños tesoros. La vicuña (Vicugna vicugna), es el más pequeño de los cuatro camélidos sudamericanos. Es una especie silvestre, de la que desciende la alpaca, que es doméstica. La vicuña vive entre los 3.000 y 4.800 msnm en la región andina de Perú, Bolivia, Argentina, Chile y Ecuador. Se estima que la población actual es de 403.000 ejemplares contra 1 millón de animales o más que había en el siglo XVI. La especie estuvo en peligro de extinción en la década del 60, llegando a disminuir a sólo unos 10 mil ejemplares. La principal causa de disminución fue la caza indiscriminada para la obtención de fibra, dado el alto valor de la misma en comparación con otras fibras especiales de origen animal.
En la Argentina la vicuña se encuentra por encima de los 3.000 msnm, en las provincias de Jujuy, Salta, Catamarca, La Rioja y San Juan, en una superficie de 12,2 millones de hectáreas, conviviendo en algunas zonas con el guanaco. De las 132.539 vicuñas censadas en 2006, el 73 por ciento de la población del país se encuentra susceptible de ser manejada para su aprovechamiento sustentable en silvestría.

Produccion en la Argentina. “El sistema de aprovechamiento consiste en la esquila manual o mecánica, total o parcial, de animales vivos. Con un manejo adecuado, se han alcanzado sistemas sustentables. En 2010, de 1.667 animales capturados en silvestría, la mortandad fue de 0,54 por ciento, registrándose casi la totalidad durante el arreo y encierre. La mortandad en los criaderos, durante las operaciones de manejo, ha logrado reducirse al 0,3 por ciento a través de la incorporación de nuevas prácticas”, explica el ingeniero.
El INTA Abra Pampa inició en 1965 un criadero experimental en confinamiento con un número reducido de 16 animales. A partir de esta experiencia se desarrolló un sistema, que fue definido por resolución del Convenio de los países vicuñeros, como “semicautiverio”, que consiste en la crianza de la especie, en su propio hábitat, confinadas en forma extensiva, sobre especies forrajeras naturales y con un manejo mínimo. Desde 1994, comenzó la difusión de este sistema en las Provincias de Jujuy, Salta y Catamarca, y se llegaron a constituir 23 criaderos en manos de productores familiares y micro-empresarios. Existen unas 2.300 vicuñas dentro de este sistema. Legalmente se pueden introducir al sistema de semicautiverio unos 2.000 ejemplares anuales. “Este sistema se adapta mejor a condiciones de puna donde el ganado doméstico y su infraestructura de manejo (alambrados) conviven con la vicuña, con mayor disponibilidad forrajera y grandes extensiones de abras y vegas con pastizales”, detalla Rigalt.
En el caso de la puna desértica de Catamarca, las vicuñas se concentran en las vegas (oasis), humedales o bofedales, lo que facilita el manejo en silvestría. El manejo en silvestría consiste en el arreo, encierre, esquila y liberación de ejemplares capturados en el medio silvestre. La primera captura experimental en silvestría se realizó en la Reserva de Laguna Blanca, Catamarca, en 1998, con el método de trampa en la aguada (ver EF 295). Los mayores rendimientos promedios se logran en las poblaciones manejadas en silvestría. En 2010, el promedio de producción individual de 1.565 animales esquilados fue de 416 g de vellón, duplicando a lo producido individualmente en semicautiverio en 2010, que tuvo un promedio de 221 g de vellón por animal. Esta diferencia no se debe a ningún tipo de manejo, sino a la altura. Por ejemplo, en Laguna Blanca a 3.200 msnm, la producción promedio es de 230 gr. Y en Laguna Colorada, a sólo 30 km, pero a mayor altura (3.800 msnm), la producción media de esquila en 597 animales fue del 460 gr (el doble).
En 2010 se produjeron en la Argentina 800 kg de fibra, de los cuales el 81% proviene del sistema en silvestría de la provincia de Catamarca, con tendencia a incrementarse al 86% en 2011. Sólo el 7% fue producido en capturas comunitarias en beneficio de los productores familiares altoandinos. El 95% de la fibra en el país se destina a exportación en bruto o descerdada, con Italia como el principal destino. El valor medio de la fibra vellón en bruto es de 500 dólares, y pueden alcanzar los 2.000 o más si la fibra es descerdada (sacarle los hilos gruesos). Este proceso mecanizado sólo lo realizan las empresas exportadoras, mientras que algunas artesanas lo realizan en forma manual. Una escasa cantidad de fibra entrega el Estado en forma subsidiada a las artesanas, a 150 U$S/kg, con el objeto de disminuir la demanda proveniente de la caza furtiva, la principal amenaza de la vicuña. Se estima que para satisfacer la demanda interna de la provincia de Catamarca, se cazan furtivamente unas 1.500 vicuñas por año, sin considerar otras vías de comercialización ilegal, donde el producto de la caza se dirige a países limítrofes.
“A los fines de acompañar y asegurar esa evolución en la producción y población de vicuñas el Estado Provincial y Nacional debe propiciar un mayor número de capturas comunitarias en beneficio de los pobladores altoandinos y garantizar la provisión de fibra legal a las artesanas combatiendo de esa manera la caza furtiva”, concluye Francisco Rigalt.

 

Otras Voces.

Otras de las personas afortunadas en trabajar con vicuñas son Bibiana Vilá y la Dra. Gabriela Lichstenstein, del Instituto de Geografía de la UBA y del Conicet. En su trabajo “Manejo de vicuñas en la Argentina” exponen una posición crítica hacia los manejos actuales de semicautiverio. Algunas de sus conclusiones:
• El manejo de fauna es un tema netamente ambiental y no exclusivamente biológico como se lo suele tratar, entendiendo al ambiente como una compleja trama de interacciones biofísicas y socioculturales.
-La toma de decisiones debe ser realizada, no sólo por expertos, sino por una comunidad de pares extendida que incluya a los pobladores locales, ya que muchas veces distintas formas de conocimiento (por ejemplo, la indígena o religiosa) son relevantes para un diálogo exploratorio tendiente a resolver un problema.
• La misma fibra de vicuña que puso en riesgo de extinción a la especie tiene el potencial de recuperarla y fomentar el desarrollo local a través del uso sostenible con esquila de vicuñas silvestres, donde las propias vicuñas “pagan” su conservación e inician una especie de retroalimentación positiva. Si los pobladores locales conservan vicuñas en sus campos de pastoreo se benefician de su uso y las vicuñas se beneficiarán con mayor disponibilidad de espacio (pasturas y campos) y menor intolerancia. Esta situación depende en forma esencial del tipo de manejo y cuidados que se tengan con la especie.
• Creemos erróneo, y hasta peligroso, que se trate de convencer a las comunidades andinas de que las vicuñas son una especie de animal “salvador”, debido al altísimo valor de su fibra. Pensar en la utilización de las vicuñas como única alternativa sería un error.
• La utilización silvestre de esta especie debe encararse como una actividad complementaria a las otras desplegadas por las comunidades.
• De acuerdo con el INTA, los principales beneficiarios del uso de vicuñas en criaderos serían “pequeños productores de origen coya” de escasos ingresos. Sin embargo, la mayoría de los productores son en realidad personas con cierta influencia y jerarquía dentro de sus comunidades (como profesionales o empleados municipales).