La cubana le hace honor a su sanguíneo “son” con un registro en vivo de canciones de autores varios, comandadas a partir de la máxima de saber ajustar cada sonido. De voz grave, la bajista, acompaña cadenciosa cada melodía y logra vestir a las canciones de una atmósfera intimista, algo que obtiene incluso con aquellas que no escribió (“Niña Luna”, de y con Raly Barrionuevo, por ejemplo). Su cualidad vocal hace el resto: le queden como nacidas en su misma garganta.