El Tren a las Nubes de la provincia de Salta tendrá un circuito alternativo, en el que los pasajeros podrán abordar en San Antonio de los Cobres, luego de salir en colectivos desde Salta capital. Desde junio el nuevo trayecto de 44 kilómetros permitirá acceder al Viaducto La Polvorilla, desde donde se pueden fotografiar los paisajes más espectaculares del viaje.

“Es un ícono para la provincia”, declaró el presidente del directorio de la empresa, Diego Valdecantos, y explicó las razones del regreso del servicio, a pesar de que parte del ramal por el que circula todavía no está en condiciones para que realice todo el recorrido completo. La decisión del nuevo formato del servicio se produjo tras un relevamiento de la empresa Belgrano Cargas, que realiza el mantenimiento de las vías del ramal C-14, y en el que todavía es necesario hacer nuevas obras para que estén en condiciones óptimas.

Este emprendimiento ferroturístico Tren a las Nubes, hoy de renombre mundial, nació por iniciativa de las autoridades del Ferrocarril General Belgrano. El 16 de julio de 1972 se realizó el primer viaje oficial turístico, lo que se mantuvo hasta 1990, cuando los ferrocarriles del Estado fueron privatizados. Desde 1991 hasta 2014 el emprendimiento permanece en manos de capitales privados salteños. En Julio del 2014 el gobernador Dr. Juan Manuel Urtubey decidió crear la sociedad del estado Tren a las Nubes SFTSE para brindar un servicio bajo estándares de calidad y seguridad internacionales.

Se trata de uno de los ferrocarriles más altos del mundo que en su recorrido tradicional ascendía a 4.200 metros de altura, 217 km hasta el Viaducto La Polvorilla. Parte de la ciudad de Salta a 1.187 msnm, atraviesa el valle de Lerma para introducirse en la Quebrada del Toro y llegar hasta la mágica Puna.  Atraviesa vertiginosas montañas de la Cordillera de los Andes entre paisajes increibles. La cantidad de rulos, viaductos, túneles y otras sinuosidades que recorre el tren se debe a que el autor del proyecto, el ingeniero estadounidense Richard Maury, tomó partido teniendo en cuenta el principio de adherencia de las ruedas del tren a las vías y por las leyes de la física, desechando el sistema mecánico de cremallera comúnmente usado para que las formaciones ferroviarias puedan trepar con solvencia las alturas. No utiliza ruedas dentadas, ni siquiera para las partes más empinadas de la subida, porque las vías están dispuestas de una manera peculiar circulando por un sistema de zig-zags y espirales.