Texto y fotos: Leandro Vesco

Ingresar a Yamay obliga a separarse de gran parte de los avances tecnológicos, dejar de lado la electricidad, la luz, la televisión y hasta la radio, sin embargo, se ofrece algo que hemos olvidado por habernos entregado a todo aquello: a sentir nuestros latidos, a dejarnos llevar por el silencio y a reconocer el lenguaje de la naturaleza. “Proponemos tranquilidad y esperar el amanecer lunar”, nos cuenta Juan Manuel Damperat, quien nos recibe en este refugio de permacultura y turismo responsable en Pardo.

En la afueras de Pardo (Partido de Las Flores), dentro de la campiña florense se halla “Yamay, Turismo Responsable”, una propuesta que integra el descanso en un terreno donde se levantan dos construcciones hechas de barro. Siguiendo con los preceptos de la permacultura, es posible acampar, tomar cursos de construcción natural y contemplar por las noches el cielo más diáfano de la provincia de Buenos Aires. Dentro de un marco de absoluto respeto por el medio ambiente, la presencia del hombre en Yamay ha generado el menor impacto en la naturaleza. “Ofrecemos venir a estar de camping, pasar el día, la noche, ver el cielo, el amanecer lunar. Ofrecemos una merienda con pan integral y miel orgánica. No tenemos luz, radio, ni televisión. No hay un solo sonido que te invada, a la noche rallamos una zanahoria y parece un estruendo

La idea de Yamay surgió de Marcelo Giuggioloni, quien apostó por echar por la borda la vida en la ciudad y crear este espacio alternativo de reconocimiento de nuestra esencia humana en relación con la tierra. “Al no haber aparatos eléctricos, no llegan ninguno de los ruidos de la ciudad. La desconexión es real, y muy positiva”, detalla Juan Manuel. Las casas hechas de barro ayudan a transmitir ese sentir natural que no es posible en la construcción de cemento, el fresco de la tarde, la tibieza del sol de la mañana, se sienten: al rato de estar en Yamay el cuerpo comienza a entrar a un ritmo lento. Se busca la contemplación y es involuntario el movimiento de los ojos observando el vuelo de las aves que, con su canto animan los días aquí.

La permacultura es la cultura de la permanencia. Nació en Australia en los años 70. Propone estar en un lugar y abastecerte de lo que te rodea, plantea una forma natural de relacionar al hombre con su entorno, plantea que no podés abastecerte de algo que te insuma más de un día caminando, básicamente la idea es no usar petróleo para tu vida”, en cuanto a la construcción en permacultura Yamay es un ejemplo de los preceptos de este estilo de vida. “Tu casa la podés hacer con lo que tenés cerca. Elegimos generar el menor impacto en la naturaleza. Cuando vienen niños de las escuelas siempre les decimos que no les hagan creer que la única opción de tener una casa es meterte en el Procrear. Acá ofrecemos la posibilidad de mostrar que no necesitas trabajar toda la vida para comprar materiales para hacer tu casa, la idea es trabajar para construir tu casa con los materiales que te da la naturaleza

Yamay es el modelo en vivo del cambio de paradigma que cada vez genera más aceptación entre ciudadanos del mundo que eligen cuidar el planeta, forma parte del grupo de Turismo Rural Las Flores, que asesora Graciela Gallo y que depende de Cambio Rural del INTA, que genera una red entre los distintos emprededores que están desarrollando emprendimientos de turismo rural sustentable. Yamay es uno de los pocos casos en el país en donde un complejo de permacultura ofrece hospedaje y formación, también hay convocatoria a realizar voluntariado. “Hay que tener paciencia, la construcción tradicional es todo un negocio hecho con recursos finitos, en cambio la construcción natural se hace con recursos renovables, en algún momento se terminará lo tradicional, a una montaña la vas dinamitando hasta que ya no hay más montaña. ¿Cómo es vivir sin luz?, te organizas de otra manera”, explica con simpleza Juan Manuel. Su voz, pausada, y su mirada calma, también son señales de cómo volverse a lo natural genera un cambio de vida interior.

Alrededor de Yamay el campo vibra con los reflejos del sol. Los estudiantes que hacen el curso en el Planetario vienen a hacer su práctica aquí, donde se registra el cielo más diáfano de la provincia. Las noches tienen hechizo en este rincón de nuestro mapa. A un costado de las casas, está la huerta que es el alimento de quienes visitan este escudo que se erige frente al ruido, las señales y la velocidad de la vida moderna. Los planes en Yamay son justos y lógicos: seguir construyendo conciencia ecológica, mostrando que otro estilo de vida es posible y real, y hacer glamping. El glamping es una  forma de acampar dentro de una carpa estructural que ofrece todas las comodidades de una casa, pero sin renunciar al contacto con la naturaleza. No tan lejos de Yamay, las últimas caricias tibias del sol bañan los pastizales, el fresco de la noche invita a refugiarse alrededor de una fogata. Las estrellas de a poco nacen en el manto estelar bonaerense. El silencio, es total. En lugares así la vida se centra y podemos oír nuestros mejores pensamientos.

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