Apure Prosperina, que si viene el cura, nos tiene como unas devotas cumplidoras. No va a suspender la misa para esperarnos a nosotros.
– Doña, encierro a Cacique y a Cautiva, porque tengo miedo de que cuando me voy, salgan a buscarme y lleguen a la ruta con lo peligro que es.
– M’hija, esos ratoneros son más vagos que, seguro que cuando estamos en la mitad del camino por el bulevar, ya están durmiendo la siesta larga.
La tarde hermosa, un poco fresca. El trigo que pide agua, si supiera que van a misa les haría un guiño para que lo recordaran en las oraciones. Francisco, el hijo de Doña Potola, le cerró el ojo cómplice al espejo retrovisor, donde se había encontrado con la mirada de la Sra. República.
– Faltan pocos días para la elección y hay mucho silencio de radio en el vecindario, disparó con una sonrisa.
 Sin querer abandonar el clima contemplativo que disfrutaba, nuestra amiga entró en el juego.
– Mire m’hijo, se han dicho tantas cosas, y las que habrán callado, que en lo personal estoy  un poco cansada. Primero, la campaña de las internas y ahora, de nuevo de la mañana a la noche, un mensaje tras otro, mostrándose cada uno como el mejor alumno del colegio.
– En eso consiste la campaña Doña Potola, se acopló la Sra. República. Cada uno fija su posición en los temas que considera más sensibles para el ciudadano.
– Señora, a mí me produce una cierta tristeza. Fíjese los avisos: uno le promete una casa, el otro que va a terminar con la inseguridad, y el otro candidato que la educación es fundamental para consolidar una nación entre las más desarrolladas del mundo. El hombre simple del pueblo al igual que yo se pregunta: ¿No son los candidatos miembros de los partidos que nos han gobernado en las últimas décadas? Entonces… ¿Cómo es que recién ahora se han dado cuenta de lo bajo que hemos caído? En la desocupación, la pobreza y la deserción escolar. En el Congreso nuestros representantes debieran haberse planteado estas irregularidades y debatir seriamente cómo solucionarlas.
– Doña, usted se olvida de los intereses personales y partidarios. Los proyectos y las leyes tienen que dejar rédito político. Y si hay algo bueno o “grosso”, como dicen ahora los chicos, se lo disputan, lo cajonean y luego lo sacan como propio.
– Mi amiga, me produce una viva molestia  que nos dirijan un mensaje como si fuera un logro personal o algo que han hecho como si fuera un favor hacia el ciudadano, y no la obligación de quien se presenta para servir a la comunidad. Tenemos una bandera y detrás de esos colores deben aflorar las mejores intenciones en beneficio de la niñez, de la familia que sufre sin un techo y que está marginada del sistema, pues no tuvo el abrazo protector de la educación.
– Llegamos -dijo Francisco- ¿le aviso al padre Germán que puede usar el púlpito, o se lo pido para después de misa?
– Después de misa m’hijo, no se olvide. Nos tiene que invitar con una cervecita y esos ingredientes tan ricos que sirven en el bar del pueblo.